Resistencia22°Min. 18° • Max. 23°

Campo del Cielo y su riqueza científica

Hoy se celebra el Día Internacional de los Asteroides, una fecha instaurada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2015 para promover el conocimiento sobre estos cuerpos celestes, sus riesgos potenciales y la importancia de la investigación científica. La conmemoración recuerda el impacto ocurrido en Tunguska, Siberia, el 30 de junio de 1908, cuando una gigantesca explosión arrasó más de 2.150 kilómetros cuadrados de bosque y derribó alrededor de 80 millones de árboles. La jornada también invita a poner en valor el patrimonio de Campo del Cielo, la zona de dispersión de meteoritos más extensa del mundo, un territorio excepcional que convierte al norte argentino en un punto de referencia para la ciencia planetaria y el estudio de los impactos extraterrestres.

Campo del Cielo constituye uno de los sitios más importantes del planeta debido a la magnitud de los eventos ocurridos hace miles de años y a la enorme cantidad de fragmentos de hierro que permanecen distribuidos en una amplia superficie entre las provincias del Chaco y Santiago del Estero. A lo largo de décadas, investigadores nacionales e internacionales han estudiado este extraordinario patrimonio natural, que continúa ofreciendo respuestas sobre la formación del Sistema Solar y los procesos de ingreso de grandes cuerpos celestes a la atmósfera terrestre.

Sin embargo, lejos de considerarse una historia concluida, las investigaciones recientes indican que todavía queda mucho por descubrir. De acuerdo con el presidente de la Asociación Chaqueña de Astronomía, Mario Vesconi, se estima que cerca del 90 por ciento de la masa meteórica aún permanece oculta bajo la superficie. Esta proyección abre un enorme campo de trabajo para los próximos años, especialmente con la incorporación de nuevas tecnologías de exploración que permitirán localizar grandes fragmentos hasta ahora inaccesibles.

Uno de los aspectos más llamativos corresponde a los denominados cráteres explosivos del uno al cuatro, considerados desde la década de 1960 como sitios excepcionales para la ciencia. A diferencia de otros sectores de Campo del Cielo, donde los meteoritos quedaron prácticamente enteros enterrados bajo tierra, estos cráteres presentaban una incógnita que durante décadas desconcertó a los especialistas. Pese a la magnitud de los impactos, apenas se habían recuperado pequeños fragmentos, mientras que las masas principales parecían haber desaparecido.

Los avances logrados mediante modelos computacionales hidrodinámicos y atmosféricos desarrollados recientemente en Europa comenzaron a despejar ese misterio. Las simulaciones permitieron reconstruir el comportamiento de los meteoritos durante el impacto y estimar que algunas de las masas originales alcanzaban aproximadamente las 700 toneladas, mientras que otras rondaban las 100 toneladas. Además, los estudios de dispersión de partículas y balística hicieron posible proyectar las direcciones en las que fueron expulsados los fragmentos tras las explosiones, proporcionando nuevas áreas de búsqueda con mayores probabilidades de éxito.

Estas investigaciones generan expectativas muy importantes porque existe la posibilidad de localizar piezas que superen las 100 toneladas. De confirmarse esos hallazgos, podrían encontrarse meteoritos incluso mayores que El Chaco y Gancedo, dos de las masas más emblemáticas descubiertas en la región. Inclusive, algunos de esos fragmentos tendrían el potencial de superar en tamaño al meteorito Hoba, ubicado en Namibia y considerado actualmente el meteorito más grande que permanece expuesto sobre la superficie terrestre.

No obstante, este patrimonio enfrenta una amenaza constante. La enorme extensión del territorio y la dispersión de miles de pequeños fragmentos convierten a los cráteres explosivos en áreas especialmente vulnerables al saqueo. Numerosas piezas son extraídas de manera ilegal y posteriormente ingresan al mercado internacional de coleccionistas con certificaciones que dificultan rastrear su verdadero origen. Esta situación representa una pérdida irreparable tanto para la investigación científica como para el patrimonio cultural y natural de la Argentina.

Frente a este panorama, especialistas y entidades vinculadas a la astronomía impulsan el fortalecimiento de los mecanismos de protección y el cumplimiento efectivo de las leyes que prohíben la extracción ilegal de meteoritos. Al mismo tiempo, sostienen que resulta fundamental incrementar la vigilancia mediante una mayor presencia institucional y el desarrollo de proyectos que involucren a las comunidades locales en la preservación de este legado único.

En ese sentido, una de las propuestas consiste en reactivar el circuito turístico de los cráteres de Campo del Cielo. La iniciativa permitiría potenciar el desarrollo regional mediante el turismo científico y contribuiría a generar un mayor sentido de pertenencia entre los habitantes y a desalentar el tráfico ilegal gracias a una presencia permanente de visitantes, guías e investigadores.

Te puede interesar