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Aventuras en la multinacional FIFA

El ocaso del imperio Panini y el ascenso de Topps en el negocio de las figuritas

Por más de medio siglo, coleccionar el álbum del Mundial era comprar sobres de Panini.

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   La empresa italiana construyó un imperio basado en la emoción de abrir un paquete sin saber qué figu escondía, una fórmula que fascinó a generaciones enteras en más de 150 países. Sin embargo, ese reinado está llegando a su fin. Una ofensiva silenciosa y brutal orquestada por el gigante estadounidense Fanatics, aliado con la histórica Topps, está por cambiar para siempre el mapa de los coleccionables deportivos. El golpe definitivo se confirmó recientemente: a partir de 2034, el álbum oficial de la Copa del Mundo ya no será fabricado por Panini, sino por Topps, y con ello se cierra un capítulo legendario.

   La historia de esta lucha comenzó mucho antes. Topps nació en 1938 como una empresa de chicles, y su salto al coleccionismo fue casi accidental. En 1952, para competir con Bowman, incluyó tarjetas de béisbol en sus envoltorios. El éxito fue tal que acabó comprando a su rival y definiendo el formato moderno de las figuritas: foto a color, estadísticas y biografía. Panini, por su parte, arrancó en un quiosco de Módena en los años cincuenta, pero su genialidad consistió en entender el poder del azar. Al ensobrar estampitas de dos en dos, convirtió la compra en una experiencia de sorpresa adictiva. En México 1970, pagó solo mil dólares por la licencia de la FIFA y despegó hacia la gloria.

   Durante décadas, la rivalidad entre Topps y Panini tuvo idas y vueltas. En los años noventa, Topps compró la Premier League y atacó la Serie A italiana. Entre 2009 y 2015, le arrebató a Panini la Bundesliga y la Champions League. Pero Panini siempre tuvo un as bajo la manga: el Mundial. En años mundialistas, la italiana superaba los mil millones de dólares de facturación, el doble que su competidor. Esa ventaja parecía insalvable.

   Hasta que apareció Fanatics. Originalmente minorista de merchandising, la empresa estadounidense cambió las reglas del juego con una estrategia agresiva: negociar en secreto con las ligas para arrebatar licencias a sus rivales. En 2021, Fanatics dejó a Topps sin la Major League Baseball, hundiendo su valor de 1.300 a 500 millones de dólares. Acto seguido, compró Topps por 500 millones y, de un plumazo, se hizo con toda su infraestructura y sus contratos futbolísticos. Luego, utilizando la misma táctica, le quitó a Panini los derechos de la NBA y la NFL.

   El momento más simbólico llegó con la Eurocopa 2024. Topps poseía la licencia oficial de la UEFA, pero Panini aún tenía acuerdos individuales con grandes selecciones. El resultado fue un caos: el álbum de Topps no podía mostrar a Mbappé ni a Kroos, y usaba camisetas genéricas; Panini sacó un álbum paralelo con las caras reales, pero sin el logotipo del torneo. La guerra legal estalló en 2023, cuando Panini demandó a Fanatics por prácticas monopólicas.

   A pesar de todo, Panini aún resiste. En Qatar 2022 superó los 2.000 millones de dólares en ingresos y mantiene la licencia de la FIFA hasta 2030. Pero el futuro es implacable. El mercado del coleccionismo alcanzará los 4.660 millones de dólares en 2029, y Fanatics controla ya las principales ligas de clubes y el Mundial a partir de 2034. Lo que empezó como un negocio de chicles y figuritas románticas se convirtió en una extensión del merchandising global. Panini, el viejo rey, mira al horizonte sabiendo que su trono tiene los días contados.

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