Los juristas alertan de un "vacío normativo" que expone la responsabilidad médica
El XXXIV Congreso de Derecho y Salud, celebrado en Santander, puso sobre la mesa las luces y sombras de la IA en la asistencia sanitaria. Expertos advierten de que la tecnología avanza más rápido que las leyes.

El epicentro del debate fue un punto que ya no admite espera: ¿quién responde si una IA diagnostica mal un cáncer? ¿Puede un algoritmo acceder libremente a la historia clínica de un paciente? ¿Está preparado el ordenamiento jurídico para gobernar unas herramientas que, en muchos casos, funcionan como una "caja negra"?
Estas preguntas ocuparon las jornadas del XXXIV Congreso de Derecho y Salud, organizado por la Asociación Juristas de la Salud (AJS) bajo el lema "Salud y tecnologías emergentes". Y la conclusión inicial fue unánime: "La regulación actual no corre al mismo ritmo que los avances tecnológicos".
Integrar la IA sin perder humanidad
Los juristas especializados en salud no cuestionan el potencial transformador de la IA. Reconocen que puede agilizar diagnósticos, personalizar tratamientos y reducir errores. Pero advierten de que, sin un marco normativo sólido, la innovación puede convertirse en un riesgo para los derechos fundamentales de los pacientes.
"Necesitamos descifrar la IA y responder a la pregunta del millón: cómo integrar estas tecnologías manteniendo la esencia humanista de la medicina", señalaron fuentes del congreso.
El consejero de Salud de Cantabria, que participó en el debate, pidió expresamente introducir el "matiz moral" en la discusión. Sin ese matiz, advirtió, será difícil garantizar la confianza ciudadana y la sostenibilidad del sistema sanitario.
Cinco focos de preocupación jurídica
A lo largo de las mesas de trabajo, los expertos identificaron varios puntos críticos:
- Vacío regulatorio. La normativa actual –desde la ley de protección de datos hasta las directrices europeas sobre productos sanitarios– no fue concebida para la especificidad de los sistemas de IA que aprenden y evolucionan con el tiempo.
- Responsabilidad difusa. Si un algoritmo recomienda un tratamiento erróneo, ¿la culpa es del médico que lo siguió, del hospital que lo implantó, del fabricante o del propio sistema? Los juristas coinciden en que la atribución de responsabilidades sigue sin resolverse.
- Protección de datos y Espacio Europeo de Datos Sanitarios (EEDS). El uso secundario de los datos clínicos para entrenar algoritmos plantea dilemas sobre la intimidad del paciente. ¿Se puede emplear una historia clínica para alimentar un sistema de IA sin un consentimiento expreso y renovado?
- El consentimiento informado ante la "caja negra". ¿Cómo explicar a un paciente que un modelo de aprendizaje automático participó en su diagnóstico cuando ni siquiera sus propios desarrolladores entienden del todo por qué ha tomado una decisión?
- Seguridad del paciente. En la mesa dedicada a este ámbito, los profesionales sanitarios compartieron sus percepciones sobre la fiabilidad real de las herramientas de IA en la práctica clínica diaria.

Derecho a la salud como conquista pendiente
La sesión plenaria inaugural corrió a cargo del doctor Luís Martín Rebollo, quien reflexionó sobre "Memorias y olvidos: el derecho a la protección de la salud como conquista jurídica". Su colega José Luis López del Moral Echeverría abordó un asunto tan cotidiano como conflictivo: "El controvertido tema del acceso legítimo a la historia clínica".
Ambos coincidieron en que el derecho a la salud fue una conquista jurídica de décadas, y que ahora hay que blindarlo frente a los nuevos riesgos que plantea la automatización.
Un congreso que llega en el momento justo
La celebración de este congreso no es casual. En los últimos dos años, la irrupción de la IA generativa y los sistemas de diagnóstico asistido ha acelerado su implantación en hospitales de toda Europa. La Comisión Europea impulsa el Espacio Europeo de Datos Sanitarios, pero los detalles sobre gobernanza, seguridad y derechos de los pacientes aún están por definir.
Los juristas de la salud se postulan así como actores clave en ese proceso normativo. No se trata, subrayan, de frenar la innovación, sino de ponerle vallas al riesgo sin ahogar el progreso.
Mientras tanto, en los pasillos del Palacio de Festivales de Cantabria, una idea se repite entre los asistentes: la tecnología ya está en las consultas. Lo que falta es que las leyes la acompañen.
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