Lo mismo en otro tiempo
La carrera política hacia 2027 es en sí misma apasionante, por las alternativas que van dándose en la competencia y porque nada está dicho, ni en el orden nacional ni en la provincia. Hoy por hoy, nadie sabe si Javier Milei logrará otros cuatro años en la Casa Rosada ni si también Leandro Zdero conseguirá ser reelecto en la gobernación del Chaco. Enfrente, la oposición, en los dos niveles, continúa mostrando una pavorosa ausencia de renovación, no ya únicamente de figuras sino también de discurso y de propuestas.

El proceso sería aún más fascinante si no tuviera como telón de fondo el padecimiento de una sociedad que muestra muchos más perdedores que ganadores frente a la política económica libertaria y la decadencia general edificada en la era kirchnerista.
Norma y rarezas
En la provincia, lo que ocurre dentro de los dos principales bloques políticos habla de cuál es el clima del momento. En el oficialismo, mucho murmullo interno, dudas sobre el camino hacia el ’27 y dirigentes que ya comienzan a evaluar escenarios que hasta hace poco no aparecían en ningún pizarrón, como por ejemplo una o más candidaturas alternativas a la de Zdero.
Todavía, de todos modos, el Plan A del radicalismo es ir por la reelección del gobernador. Es hasta parte de la matemática de la política. Lo natural es que quien transcurre el primer mandato conduciendo un poder administrador (un intendente, un gobernador, un presidente) busque el segundo, a menos que el propio interesado desista. Esto último es una rareza, y los tres únicos antecedentes de gobernadores chaqueños pos-reforma constitucional de 1994 (antes en la provincia estaba vedada la reelección por un mandato consecutivo) que se bajaron de la posibilidad de continuar en el poder fueron Rolando Tauguinas, Roy Nikisch y Domingo Peppo. Lo hicieron para darle paso a los verdaderos dueños del poder interno en sus partidos: Tauguinas dejó la candidatura del ’95 para el coronel José Ruiz Palacios, Nikisch la de 2007 para Angel Rozas y Peppo la de 2019 para Jorge Capitanich.
Zdero, en ese sentido, tiene a su favor que no hay una figura en la UCR que lo sobrepase. No es el delfín ni el ahijado político de nadie. Se ganó la candidatura de 2023 a pulmón, prácticamente con el único apoyo logístico de Gustavo Valdés desde Corrientes, y batió en la interna al movimiento de Rozas, hasta allí el sector dominante, y luego a Capitanich en la general. Lo que no tiene a favor es que el ajuste nacional y la consecuente sequía de recursos lo pusieron en el rol de un boxeador con la mano derecha fracturada. Eso, más el perfil de la estrategia política y comunicacional del gobierno frente a la adversidad presupuestaria, es lo que viene calentando la olla interna de los radicales. Que, además, deben sostener un matrimonio difícil pero indispensable con La Libertad Avanza Chaco.
Runrún
Las contrariedades de la administración se plasmaron en los resultados electorales del año pasado (la alianza UCR-LLA ganó los dos comicios legislativos del ’25, pero sin mostrar crecimiento electoral y con una sumatoria de votos peronistas muy cercana a la del oficialismo) y vuelven a notarse en las pocas encuestas que se conocen sobre la situación política provincial. La más conocida es la que realiza la consultora CB para su "ránking de gobernadores", que muestra que Zdero bajó del puesto 3 en abril de 2025 (60,7% de imagen positiva) al 16° en este marzo de 2026 (50,4%).
Lo que el gobierno podría ver como la mitad llena del vaso es que la imagen positiva de Zdero sigue siendo alta, pese al impacto que tuvo en el amplísimo universo de los empleados públicos provinciales la dimensión del incremento salarial anunciado por el Ejecutivo (5% en dos cuotas, primera recomposición desde abril de 2025), al malestar docente por la suspensión de la cláusula gatillo y a todo lo que genera el complejísimo momento de la obra social estatal, la del Insssep, que atiende a más de 200.000 afiliados. Más el rebote social local del ajuste nacional.
El combo alienta un estado de inquietud en parte de la dirigencia y la militancia. En esos mundos, los tiempos tienen otro ritmo. Al ciudadano común 2027 le suena a horizonte lejano, sobre todo ahora que el día a día es una batalla cruenta. En el territorio de la política, está la vuelta de la esquina. Y ante esa proximidad, los radicales ven con preocupación la evolución de la escena. Ese runrún, en algunos casos, sube a lo alto y reclama, básicamente, una reacción, un relanzamiento del gobierno. La herramienta más común para eso es meter cambios fuertes en el gabinete, y acompañarlo de un replanteo del rumbo y de estilo. ¿Lo hará Zdero? ¿Lo considerará necesario? No se sabe.
Por lo pronto, hay gente que se mueve. Víctor Zimmermann, por ejemplo, no se recluyó en su actividad privada luego de dejar el Senado, sino que viene realizando reuniones en toda la provincia. Él no oculta su deseo de ser gobernador. Lo digo en el streaming de NORTE, pero sin ponerle fecha al momento en que buscará concretar esa aspiración. ¿Lo planea para este turno? Sería una jugada audaz. Como decíamos antes, un gobernador en primer mandato es casi el candidato cantado de su partido. Hacerle una interna sería jugar en desventaja. Pero no será la primera vez que alguien lo intente.
Además, hay una cuestión que también juega en todo esto: el malestar de una parte del radicalismo por los términos del acuerdo político celebrado por Zdero con Javier y Karina Milei. Un trato que, en realidad, no parece difícil de entender, ya que sin él los resultados de las elecciones de 2025 seguramente hubieran sido adversos. Por eso, los radicales más tradicionales argumentan que lo que cuestionan no es el trato en sí sino lo que ven como una entrega casi total a la Rosada. Consideran que Zdero da mucho (alineamiento político, votos en el Congreso) a cambio de poco (escasa generosidad en el reparto de recursos federales discrecionales). El zderismo, cuando escucha eso, rebate con argumentos que podrían resumirse en una frase popular: no había otra. Remarcan que frente a la magnitud de las dificultades heredadas y de las que surgieron con los cambios económicos, no había manera de tener una relación tirante o siquiera equilibrada con el poder libertario.
Enfrente
El peronismo, que sabe de toda esa tensión oficial y palpita el descenso del apoyo social a Milei (una encuesta de la consultora Innova, realizada entre el 16 y el 19 de marzo, midió una reprobación del 59% para el presidente), va activando sus motores. Ayer hubo reunión partidaria y se prepara un congreso provincial para abril.
En todo el país, y también en el Chaco, la esperanza del peronismo reside en el desgaste de Milei, que se traslada a sus aliados. No hay nuevas ideas ni nuevas figuras, sino la apuesta a que la malaria del presente haga idealizar la construcción progresiva del desastre en el pasado. Es tan así que la principal duda en la oposición es si el año que viene el candidato propio será o no Capitanich. Seguramente él llevará la definición de ese interrogante al límite de los tiempos, para medir sus posibilidades reales lo más cerca posible de la contienda, y eso le pondrá un techo a la agitación peronista por precandidaturas de rangos inferiores. Por debajo de la postulación a la gobernación se discutirá todo, y la pista ya va colmándose de caballos. Pero es un tipo de proceso que siempre requiere de saber qué se define arriba.
Es, en definitiva, lo que tiene de interesante la historia en desarrollo. Que todo es un poco lo mismo, pero en un tiempo distinto y frente a una sociedad que la dirigencia descifra cada vez menos. El caso Adorni, en ese sentido, es suficientemente ilustrativo de cómo el poder tiene la capacidad de alejar a sus ocupantes del decoro y del sentido común que predicaban hasta quince minutos antes. La política, en la Argentina, adquirió desde hace muchísimo la compulsión de igualarse hacia abajo.










