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Junta de Estudios Históricos del Chaco

A 50 años del golpe de Estado de 1976

El próximo martes 24 de marzo se conmemora el 50° aniversario de la última vez que las Fuerzas Armadas derrocaron a un gobierno constitucional y tomaron el poder en la Argentina.

El golpe de Estado y el posterior gobierno dictatorial que se extendió durante más de siete años, no solo sigue siendo uno de los procesos más estudiados de nuestro pasado reciente, sino que continúa generando intensos debates en la sociedad. Estas discusiones no se limitan solo a quienes pertenecen al ámbito académico, sino que también aparecen reflejadas en el mundo de la política, el ámbito periodístico y en las organizaciones de derechos humanos, ya sea para cuestionar su denominación, sus antecedentes, su impacto y hasta sus "números".  

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Lo cierto es que esta fecha ha sido frecuentemente considerada, en palabras de la historiadora rosarina Gabriela Águila, como un verdadero "parteaguas" en la historia argentina reciente. Su evocación como un hecho histórico singular se justificó por el proyecto refundacional que impulsó la dictadura, por la brutal represión desplegada, por la aparición del movimiento que denunció los crímenes cometidos y por las profundas implicancias que este proceso continúa teniendo en la memoria colectiva. Pero la dictadura -como tantos otros procesos de la historia argentina- no puede desligarse de las múltiples continuidades que nos plantea el devenir histórico.

Una, dos o más interpretaciones

Sobre la última dictadura militar inaugurada en 1976 conviven múltiples interpretaciones contrapuestas. Siguiendo nuevamente a Águila, es posible agrupar las distintas respuestas elaboradas en los últimos años, que confluyen o difieren según donde se ponga el foco de análisis y según cual sea la escala de observación adoptada. Si el énfasis se coloca en las dimensiones políticas o institucionales, las explicaciones suelen girar en torno a los objetivos y proyectos de refundación impulsados por las Fuerzas Armadas. En cambio, cuando prevalece una mirada económica y social, las claves interpretativas se ubican en los resultados y alcances de las medidas implementadas, especialmente aquellas orientadas a transformar la estructura productiva y disciplinar a la sociedad movilizada mediante la represión y la censura.

Algo similar ocurre con las interpretaciones sobre el peso de los factores externos e internos en el origen del golpe. En algunos análisis se enfatiza la influencia de Estados Unidos, a través de la doctrina de la Seguridad Nacional o en la influencia que tuvo en el ciclo de dictaduras del Cono sur latinoamericano. Otros enfoques, en cambio, destacan la particular dinámica de la política interna de la Argentina. Desde esta perspectiva, comprender las raíces del golpe implica revisar críticamente lo ocurrido entre 1973 y 1976 (la degradación institucional, la crisis económica y la agudización de la violencia). Pero el análisis también puede retroceder aún más en el tiempo, si se ubica el arranque en la creciente conflictividad social y la crisis de representación política que caracterizaron a la Argentina desde la década de 1960. El eje cronológico se amplía todavía más si se considera la larga historia de represión estatal y masacres cometidas por el Estado, las experiencias políticas autoritarias y la legitimidad que tuvo la intervención de los sectores castrenses en la vida pública. De todos modos, una advertencia fundamental al analizar este proceso es evitar considerar a la violencia como la única explicación del golpe y, sobre todo, equiparar las responsabilidades de los actores. 

Al recorrer estas interpretaciones es posible advertir entonces que no existe una única variable que lo que explique todo sobre el último golpe de Estado que inició en 1976. Si bien muchas de sus características no eran novedosas, si es posible advertir que esta última dictadura fue feroz como ninguna otra por su matriz represiva, por su plan sistemático y deliberado que utilizó el monopolio de la fuerza del Estado para perseguir, secuestrar, torturar y hacer desaparecer a miles de personas; por el cercenamiento cultural y la imposición de un modelo económico regresivo. De modo que evaluar sus consecuencias implica reconocer que -más allá de sus fases erráticas, conflictos internos y fracasos más visibles-, algunos de los más exaltados objetivos de la dictadura fueron concretados y su legado profundo es identificable en la actualidad argentina.

A propósito de un nuevo libro que reconstruye el pasado reciente en el Nordeste

¿Qué sabemos hoy sobre el período de la última dictadura militar en nuestra región? Todavía bastante menos de lo que nos gustaría. Pese a que en este espacio la dictadura desplegó la cara más brutal de la represión, el relato histórico académico sobre la etapa en nuestras provincias quedó muchas veces relegado a una crónica institucional con escasa profundidad analítica. En los últimos años esta situación comenzó a revertirse lentamente. La consolidación de nuevas líneas de investigación, la formación de redes y grupos de trabajo, sumado a los aportes de las organizaciones de derechos humanos, las políticas de memoria y los juicios de lesa humanidad, han permitido avanzar en la reconstrucción de este período.

Entre las últimas iniciativas académicas mencionamos un libro que se publicó a fines de 2025 titulado Dictadura y transición. De la represión a la reconfiguración democrática en Chaco, Corrientes y Formosa (1975-1989), editado por Marina Campusano y Mayra Maggio y publicado por la editorial SB. Este volumen colectivo reúne una serie de investigaciones destinadas a ampliar el conocimiento disponible sobre la historia reciente del Nordeste argentino, abordando un período clave: los años de la última dictadura militar y el proceso de transición democrática que siguió a su finalización. Pensado en clave de divulgación, el libro contiene siete capítulos sobre Chaco, Corrientes y Formosa, seleccionados entre los trabajos presentados y discutidos en las segundas Jornadas de Violencia, Política y Sociedad en el NEA, realizadas en el Instituto de Investigaciones Geohistóricas en 2023.

Entre los temas analizados se encuentran la reconstrucción de las estructuras represivas del régimen militar, la construcción de consensos sociales en torno a la dictadura, las estrategias políticas y culturales desplegadas por las Fuerzas Armadas, así como el papel asumido por la prensa, diversas instituciones y actores sociales. Poner el foco en las realidades provinciales, nos permite comprobar que los procesos de dictadura y transición democrática no se vivieron de la misma manera ni con la misma intensidad en todo el país. En ese sentido, el libro supone un esfuerzo por comprender como estos procesos se articularon con las tradiciones e identidades propias del Nordeste argentino, así como señala la necesidad de investigar la dictadura más allá de la cuestión represiva, explorando también las formas en que distintos sectores de la sociedad civil contribuyeron a legitimarla. En definitiva, se trata de un aporte que busca cubrir un vacío en la historiografía regional, vincular la investigación académica con las demandas de conocimiento de la sociedad y contribuir a contrarrestar las miradas simplistas y los discursos negacionistas que aún circulan sobre este pasado.

Para seguir leyendo

Aguila, Gabriela (2023) Historia de la última dictadura militar. Argentina, 1976- 1983. Buenos Aires, Siglo XXI.

Marina Campusano y Mayra Maggio (Comps.) (2025) Dictadura y transición. De la represión a la reconfiguración democrática en Chaco, Corrientes y Formosa (1975-1989). Buenos Aires, Editorial SB.  

Daniel Chao y María del Mar Solís Carnicer (Comps.)  Violencias del pasado reciente en el Nordeste Argentino. Represiones, resistencias y política en Chaco, Corrientes, Formosa y Misiones (1955-1983) Buenos Aires, Teseo Press.

Estos últimos libros disponibles en https://iighi.conicet.gov.ar/libros

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