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Memorias de Resistencia

Aquel Club de Regatas que conocí

El del ombú majestuoso y el monolito de los inmigrantes como mojón de llegada. El Parque 2 de Febrero como vecino eterno.

Su entrada era un arco arabesco y los senderos de ladrillo picado eran venas en tu cuerpo. En el centro del parque de ingreso se erguía el insigne mástil donde ondeaba la bandera roja y blanca, lugar en que todos los años se daba comienzo a la temporada veraniega.

A su lado tras los ligustros siempre prolijamente cortados, se encontraba el parque infantil, con hamacas y toboganes. Y un pino enorme que se disfrazaba con luces de colores todas la navidades, luciendo su hermosura hasta Reyes. En ese lugar sagrado de los niños, donde cometíamos nuestras travesuras

Tu cantina circular con el escenario a tu lado, por donde pasaron infinidad de orquestas, pero las más frecuentes eran La Habana Jazz y La Bristol Jazz, y hasta nos deleitó Mr. Trombón. 

Playa del Club de Regatas 1.jpg

El playón de baile con tus colores en formas de franja, donde rítmicamente bailaban las parejas, mientras se enlazaban amores y enloquecíamos al ritmo del carnaval, con las frecuentes visitas anuales de Ara Bera y los sambas de Joao Filinhio y sus Os Cariocas, creadores del himno del club, que culminaban con el famoso jueves loco, con baile de agua incluido. Si hasta comparsa teníamos y prestigiamos los corzos de la ciudad.

Junto al playón lucían las señoriales canchas de tenis, cuando el riguroso blanco era la única vestimenta y Don Peredo nos deleitaba con su juego.

Atrás las canchas de básquet también de ladrillo picado y junto a ellas las casa de "Gudby" Romero, quien no enseño con trenzas, ochos y cortinas, el fundamento del básquet, uno de sus mejores alumnos "Neco" Pérez, fue figura en el orden nacional y le dio identidad al quinteto remero. 

A su lado las canchas de bochas, con silencios eternos y sus ceremonias para cada jugada, bajo la tutela de Don Bangher y su deporte blanco de las bochas.

El río que ya no daba más y sucumbía ante la decidía de nosotros los  Resistencianos, dio paso a las grandes piletas para esparcimiento de los bañistas y el club comenzó a transformarse, se sucedieron las grandes obras, los mejores años de su existencia, su época dorada, con más de 10.000 Socios, creció y era nuestro orgullo, de la mano de grandes dirigentes (si los nombro podría olvidarme de algunos), pero a uno lo llevo en mi corazón porque es mi padre Osvaldo Pérez, creo que sin temor a equivocarme, fue el alma del cuadro, con la única consigna que era el amor a la institución. 

Así se construyó el gran estadio de básquet (sede de eventos nacionales e internacionales) y grandes recitales, como Serrat, Julio Iglesias, Raphael, Mercedes Sosa, etc. Pero uno muy especial que me quedo grabado para siempre y todavía suena en mis oídos, La Guitarra de Oscar Aleman: También allí dejo su temple en las cuerdas del ring, nuestro querido "Cacho" D`elia.

El nuevo predio de la isla para que el rugby se luzca de la mejor manera, la nueva sede social esplendorosa lugar obligado de fiestas y reuniones.

Ese es mi club el que yo conocí cuando apenas gateaba, que en definitiva también fue mi casa, por eso te quiero tanto querido club.

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