Lo que vendrá
El término apocalipsis define a varios sucesos, uno de ellos, le da nombre al último libro del Nuevo Testamento, que a la vez, es el último libro de la Biblia. Los primeros párrafos del mencionado libro se encargan por sí mismo de definir su significado.

Textualmente dicen: "La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan, que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto. Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas, porque el tiempo está cerca".
Información y explicación
Concluimos entonces que el Apocalipsis se trata de la revelación de Jesucristo, es decir, la información y la explicación de lo que sucedería en un tiempo cercano en el mundo.
En dicho contexto recordemos que -después de resucitar- Jesús subió al cielo y permanece allí, sentado a la diestra de Dios Padre.
Eso significa que no está en la tierra, de manera tal que tuvo que utilizar a su ángel para que –desde el cielo- trajera el mensaje del apocalipsis al apóstol Juan, que estaba preso en la isla de Patmos, castigado por predicar el evangelio.
La intención primaria de este mensaje fue la de informar y explicar a sus siervos terrenales lo que habría de suceder pronto, y para ello encomendó la tarea a Juan. La información fue netamente espiritual e imposible de deducir para cualquier terrenal. El sistema utilizado fue verbal y por medio de visiones extraterrenales.
Cuando lo relata, Juan dice que escuchó una gran voz, como de trompeta, que le dijo: "Yo soy el Alfa y Omega, el primero y el último. Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias que están en Asia: a 1. Éfeso, 2. Esmirna, 3. Pérgamo, 4. Tiatira, 5. Sardis, 6. Filadelfia y 7. Laodicea".
Distintas opiniones
La narración describe acontecimientos que iban a suceder pronto, lo que lo ubica en el futuro de Juan y de las siete iglesias que recibirían el mensaje. Ahora bien, desde el punto de vista teológico se abren por lo menos cuatro opiniones respecto a cuándo habrían de suceder estas cosas y son los siguientes:
1. Interpretación preterista: señala que el mensaje se refiere a cosas que ocurrieron en la época de su redacción.
2. Interpretación histórica-profética: cree que es la historia humana y de la iglesia, de principio a fin.
3. Interpretación futurista: considera que después del capítulo 3 (mensaje a las siete iglesias) todo lo señalado queda por cumplir.
4. Interpretación puramente simbólica: cree que las visiones que tuvo Juan son más bien representativas en imágenes de todo lo que ha de cumplirse en la historia de la iglesia.
Nuestra visión
Desde nuestro punto de vista, creemos que la opción 3, es la más cercana al espíritu del texto bíblico, porque en los primeros tres capítulos se condensa el mensaje de orden práctico a las siete iglesias de la época, que con errores y virtudes trataban de seguir a Cristo. Y de allí en adelante les muestra como vendrá en el futuro el juicio sobre la humanidad.
Jesús les marca a ellos lo que estaban haciendo bien, pero también lo que debían corregir urgente porque lo estaban haciendo mal. Deberíamos saber interpretar que cualquiera de los defectos a corregir que tenían las comunidades de las siete iglesias, se pueden tranquilamente extrapolar a la actualidad. Solemos cometer los mismos errores.
La segunda faceta de Jesús
Es importante destacar que Jesús allí muestra su segunda faceta, la de Juez. Si bien es cierto que el mismo dijo que no venía a juzgar a nadie, debemos saber entender que fue así en su primera parte del plan de salvación para la humanidad, pero en su segunda etapa se viste de juez (como les dice a las siete iglesias) y les advierte que cambien pronto o si no vendrá sobre ellos.
El texto bíblico indica que Jesús juzgará a vivos y muertos en su regreso glorioso al final de los tiempos. En dicha circunstancia evaluará tanto a quienes estén vivos como a todos los que hayan muerto. Este juicio final revelará los secretos de los corazones, retribuyendo a cada uno según sus obras, determinando la vida eterna o la condenación eterna.
Solemos pasar mucho tiempo en las iglesias valorando el amor de Cristo para con sus seguidores y es correcto hacerlo; pero lo deberíamos hacer sin dejar de recordar que en un determinado momento aparecerá en su rol de Juez Supremo; y allí ya no habrá tiempo para cambiar. El tiempo es ahora, sentados frente al mensaje a las siete iglesias.
Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas porque el tiempo está cerca.
Como decimos siempre, no es que nosotros ya lo hayamos alcanzado, pero en busca de ello avanzamos.










