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Perú entre la crisis política y la estabilidad económica

Perú atraviesa una nueva crisis política que llevó al país a las tapas de los principales diarios internacionales. El Congreso destituyó al presidente interino, José Jerí, tras apenas cuatro meses en el cargo, en medio de cuestionamientos por reuniones reservadas con empresarios chinos y presuntas irregularidades en contrataciones públicas. La caída de Jerí, ocurrida a pocas semanas de las elecciones generales de abril, convirtió al país en un caso extremo de rotación presidencial. Desde 2016 han pasado siete mandatarios por la Casa de Pizarro, y solo desde 2021 ya son cuatro los jefes de Estado que no lograron completar su periodo.

Jerí había asumido el 10 de octubre de 2025 luego de la destitución de Dina Boluarte, quien a su vez había reemplazado a Pedro Castillo tras su fallido intento de autogolpe. Ahora el Congreso designó como sucesor interino a José María Balcázar, cuestionado por declaraciones de tono sexista. Este encadenamiento de salidas abruptas revela una fragilidad estructural del sistema político peruano, donde la figura de la vacancia presidencial se ha convertido en un instrumento frecuente de confrontación entre el Ejecutivo y el Legislativo.

Sin embargo, lo más llamativo de esta crisis es que no tiene un correlato evidente en la economía. Perú mantiene una macroeconomía estable, con inflación relativamente contenida, un sistema financiero sólido y expectativas que no reflejan el dramatismo político. Esta aparente paradoja tiene una explicación institucional y es que mientras los presidentes se suceden a un ritmo vertiginoso, el Banco Central de Reserva del Perú ha logrado preservar continuidad, autonomía y credibilidad.
El presidente del banco central tiene un mandato fijo de cinco años, renovable si el Ejecutivo lo propone y el Congreso peruano lo ratifica. Esa estructura legal permitió que Julio Velarde permanezca al frente de la autoridad monetaria durante casi dos décadas. En un país donde los jefes de Estado duran meses, la estabilidad del Banco Central ha sido, al parecer, un ancla decisiva para los mercados.

Hay que señalar que las decisiones de política monetaria y cambiaria del Banco Central se adoptan con criterios técnicos, alejados de la presión partidaria. Esa independencia ha permitido mantener una inflación baja en perspectiva regional y una moneda relativamente estable incluso en momentos de fuerte incertidumbre política. Los inversionistas, tanto locales como extranjeros, distinguen entre la volatilidad del poder político y la previsibilidad de la política económica.

El momento más exigente para esa institucionalidad fue la pandemia de COVID 19. La economía peruana sufrió una contracción histórica, como muchas otras en el mundo, y miles de empresas quedaron al borde de la quiebra. Pero desde el Banco Central se diseñó e implementó el programa Reactiva Perú, lanzado en abril de 2020, que garantizó créditos por hasta 60 mil millones de soles para la reposición de capital de trabajo.

El programa representó alrededor de 7.2 por ciento del producto interno bruto y tuvo el objetivo de preservar la cadena de pagos y evitar un colapso masivo del tejido empresarial. El Banco Central coordinó con el Ministerio de Economía y Finanzas para estructurar los mecanismos de garantía, evaluar riesgos y asegurar que la liquidez llegara con rapidez a las empresas, en especial a las micro y pequeñas. La inyección masiva de liquidez sostuvo a sectores como el comercio y los servicios, que enfrentaban cierres y restricciones severas.

Estudios posteriores confirmaron que las firmas que accedieron a Reactiva Perú mostraron mejores resultados en ventas, producción y empleo en comparación con aquellas que no participaron. Más importante aún, el sistema financiero evitó tensiones mayores en el pico de la crisis sanitaria. No se produjo una corrida bancaria ni un colapso del crédito. La estabilidad financiera se preservó en un momento en que la incertidumbre global era extrema.

Mientras el Ejecutivo peruano enfrentaba conflictos políticos y el Congreso protagonizaba disputas permanentes, el Banco Central actuó con rapidez, dando una señal hacia los mercados que evitó males mayores.

El debilitamiento del sistema de partidos y la confrontación entre poderes en Perú erosionan la estabilidad política desde hace al menos una década. Sin embargo, se observa que el marco macroeconómico construido tras la transición democrática posterior a Alberto Fujimori resistió.

Ello no implica que la economía sea inmune a un deterioro prolongado de la gobernabilidad. Si la crisis política se profundiza o deriva en cambios abruptos de orientación económica, la estabilidad podría resentirse. Por ahora, el Banco Central de Perú actúa como un dique de contención.

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