Cuando no había "felicidad" en llamarse Chaco
El autor repasa, en este relato en primera persona, aquel cambio de nombre de esta provincia en diciembre de 1951, tras el diálogo con actores centrales de aquella época del peronismo.
El 28 de marzo de 1999 y, luego, el 11 de marzo de 2001, dialogué con dos pesos pesados de la primera hora del peronismo provincial: Manuel Millán Ford y Arístides Omar Ginesta.
El primero fue fiscal de Estado durante la gobernación de Felipe Gallardo. El segundo, ministro del Superior Tribunal de Justicia durante la misma gestión gubernamental.
Al uno y al otro les pregunté si consideraban justo y justificado que en diciembre de 1951 a nuestra provincia le cambiaran su nombre, Chaco, por "Provincia Presidente Perón".
Si consideraban apropiado que de un día para otro los chaqueños pasaran a ser "peronenses"
El doctor Millán Ford respondió:
"No tengo por qué negarlo: fui absolutamente solidario con esa idea y estuve de acuerdo con dicho cambio de nombre". No se trató de un acto de obsecuencia hacia Perón. Esos convencionales no se sentían felices de que su provincia se llamara Chaco.
Es una palabra quechua que significa "tierra de cacería", y el convencional Felipe Gallardo dijo en su discurso: "Si esto es tierra de cacería, los cazados como bestias somos nosotros. Los obreros no somos los cazadores, sino los cazados".
Pero, aunque era un peronista tan confeso como él, el doctor Ginesta no opinó igual.
Por el contrario, enfatizó:
"Ese fue uno de los macanazos grandotes en que incurrió el peronismo. Fue un desacierto histórico, una innecesaria actitud de golfones de parte de quienes auspiciaron y obtuvieron eso. Los nombres no se dan por el hombre que está, sino por la trayectoria que hay. Cambiarle el nombre al Chaco como se le cambió a La Pampa por Eva Perón fue un capricho estúpido. No creo que hayan sido los convencionales de acá los que lo pensaron. Y si lo pensaron y aprobaron, después habrán tenido tiempo suficiente para caer en la cuenta de que cometieron un desacierto tremendo".
Un circo de cinco días
Coincidí, y coincido, con el doctor Arístides Omar Ginesta en que aquel cambio de nombre de esta provincia fue una farsa política avivada por obsecuentes y adulones.
La propia Convención Constituyente de 1951 fue una farsa política muy propia de esa época.
¡Apenas cinco días! tardaron los convencionales constitucionales locales en aprobar esa Constitución que constaba de 118 artículos.
En realidad, fueron solo cuatro días, porque la primera jornada fue dedicada casi íntegramente a homenajes y a la lectura, por Secretaría, de cartas enviadas a Perón, a Eva Perón, al vicepresidente Hortensio Quijano, al presidente de la Cámara de Diputados, Héctor J. Cámpora, y al secretario general de la CGT, José Espejo.
La verdad es que no hacía falta más tiempo que esos pocos días. El texto que aprobar ya estaba.
Importada de Buenos Aires
Días antes, algunos convencionales peronistas habían viajado a Buenos Aires con dos objetivos: "saludar al excelentísimo señor presidente de la Nación" y retirar del Ministerio de Asuntos Políticos de la Nación la Constitución para el Chaco".
Con el texto ya en Resistencia, se elaboró un "anteproyecto" y se cambiaron algunas palabras del preámbulo. Lo demás quedó como lo trajeron de Buenos Aires.
No hacía falta más. La Constitución de la provincia del Chaco (ahora "Provincia Presidente Perón") ya era una cuestión resuelta. Solo había que levantar la mano y aprobarla.
Las sesiones comenzaron oficialmente a las 18.30 del 18 de diciembre de 1951 en una de las aulas de la Escuela de Niñas 2 de Resistencia, con el izamiento de la bandera nacional, que estuvo a cargo del comisionado federal Nicolás J. Russo.
Los convencionales eran quince y todos eran peronistas. No había uno que fuera de otro partido.
El primer día se consumió en discursos de alabanza a Perón, a Eva Perón, al Ejército, a los convencionales nacionales constituyentes de 1949, a los primeros pobladores de Resistencia, a San Martín, incluso a los misioneros cristianos "que llegaron a esta tierra inhóspita, acompañando a la espada del soldado español".
Ese mismo día 18, el convencional Custodio Heredia, como si les aguardara la más magna de las epopeyas, pidió a sus colegas "todo el esfuerzo necesario a los fines de estructurar una Constitución justicialista que haga honor al pueblo chaqueño, como es el expreso deseo de nuestro presidente, el ilustrísimo general Perón".
La segunda sesión comenzó a las 9 de la mañana del día 19 de diciembre, con "el análisis del proyecto de Constitución firmado por los señores convencionales".
Ese mismo día, se escuchó al convencional Policarpo Acosta proponiendo llamar "Presidente Perón" a esta provincia. La moción fue unánimemente aprobada.
El convencional Antonio Álvarez Lottero fundamentó su apoyo de la siguiente manera:
"En el marco de la gesta de mayo, surgió la figura egregia del Santo de la Espada, el general San Martín, que irradió su acción libertadora a los pueblos de América. Ahora, en la independencia económica de nuestra Patria, surge la figura egregia del general Perón. Es justo que se le dé a ésta provincia el nombre del líder de la argentinidad, que irradia su acción libertadora sobre todos los pueblos del mundo".
Álvarez Lottero, que era médico, terminó elogiando "la firmeza del general Perón, un gaucho a quien no lo hacen caer los empujones de los imperialismos internacionales".
Otro convencido de que el Chaco debía llamarse Presidente Perón fue el convencional Felipe Gallardo, gremialista de El Zapallar, quien tres años después también le cambió el nombre a esta localidad por General José de San Martín.
"¿Cómo no rendir el más justiciero homenaje espiritual y cívico al más grande estadista y creador del justicialismo, denominando con su nombre a esta nueva provincia argentina?", se preguntó.
En la tercera jornada (20 de diciembre), se mocionó y se aprobó que antes del comienzo de cada sesión, luego de izarse la bandera, se cantara la Marcha Peronista.
Otra rareza que rodeaba a cada sesión era esta: las veces que se pronunciaban los nombres de Perón o Eva Perón, los convencionales se ponían de pie y aplaudían.
Al quinto día, uno por uno, fueron leyéndose y aprobándose los 118 artículos de esa Constitución redactada en el Ministerio de Asuntos Políticos de la Nación.
Un año después, en julio de 1952, se lanzó un proyecto para que el nombre de Resistencia sea cambiado por Eva Perón, amenaza de la que nuestra querida ciudad felizmente logró zafar.










