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Cuando el básquet no te deja dormir: Tungui, Don Bosco y un regreso que mueve la historia

Juan Marcos Ferraris encabeza el proceso que devuelve al salesiano al escenario nacional del básquet. Un desafío que mezcla nervios, pasión, profesionalización y memoria, más de tres décadas después de la última vez.

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Decir Juan Marcos Ferraris suena casi protocolar. En el universo del básquet chaqueño, y especialmente en Resistencia, Tungui alcanza y sobra. Es el nombre que identifica, el que remite automáticamente a cancha, pelota naranja, vestuarios y horas interminables de básquet. Y es justamente Tungui quien hoy conduce uno de los procesos más significativos en la historia reciente del Club Don Bosco: su regreso a una competencia nacional.

El momento se vive con entusiasmo, pero también con una carga emocional que se cuela en lo cotidiano. "Empiezan los nervios, se duerme poco, pensás todo el tiempo en el armado del equipo", admite en diálogo con NORTE Play. El básquet se vuelve omnipresente: invade los horarios, altera rutinas, exige una energía que no se apaga al salir del club. Para alguien que además vive de otras actividades, el desafío es doble. La dinámica diaria se ve revolucionada.

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No es exageración. Don Bosco vuelve al plano nacional después de más de 30 años. La última vez fue en 1989, cuando el club disputó la Liga C —entonces tercera categoría del básquet argentino— y logró el ascenso a la Liga B, la actual Liga Argentina (ex TNA). Aquella historia quedó inconclusa por cuestiones económicas: el equipo no pudo jugar la categoría superior pese al logro deportivo. Los nombres de aquel plantel todavía resuenan en la memoria salesiana: el Pombero Acosta, el Negro Rodrighiero, Kilo Valussi, el Gringo Adamczuk,hoy secretario del club. Una generación que marcó una época y dejó una huella que todavía se recuerda en pasillos y tribunas.

Hoy el contexto es completamente distinto. La comunicación es inmediata, las redes sociales amplifican todo, el acceso a la información es permanente. Tungui lo reconoce con una reflexión generacional: "Vos me nombrás jugadores de esa época y yo no sabía que habían conformado ese equipo". El básquet cambió, las categorías se reordenaron, los formatos mutaron. Pero el valor simbólico del regreso permanece intacto.

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Un gran momento

El presente encuentra a Don Bosco atravesando un gran momento institucional y deportivo. Animarse a jugar el Torneo Federal —la tercera categoría actual— era impensado hasta hace poco tiempo. Incluso para el propio Tungui. "Si hace seis meses me preguntabas si íbamos a estar en el Federal, te decía que no. Estaba en otra", reconoce.

La posibilidad se abrió a partir de una serie de circunstancias: cambios en el cuerpo técnico, acompañamiento estatal, gestiones dirigenciales y una decisión clave del club de asumir el desafío. Porque jugar una competencia profesional tiene costos, y no son menores. "Los dirigentes pasan, pero la infraestructura y el nombre del club quedan", resume.

El Federal no solo implica competir. Exige. La Confederación Argentina de Básquet establece requisitos de infraestructura, recursos humanos, organización y logística. Ya no alcanza con la voluntad. Hay controles, contratos, representantes, intendentes de cancha, inspecciones previas y sanciones deportivas y económicas ante cualquier error. "Te obliga a profesionalizarte", explica Tungui.

En ese camino, Don Bosco empezó a cambiar su fisonomía. Hoy el club muestra vestuarios en condiciones, baños presentables, una cancha pintada, luces que iluminan el microestadio, espacios recuperados y una infraestructura que acompaña el crecimiento. Todo eso con una identidad intacta.

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Hay una figura que simboliza ese ADN: Garrincha, el histórico empleado del club. "Si no conocés a Garrincha, no conocés Don Bosco", dice Tungui. Guardián de la memoria, testigo de generaciones, capaz de contar la historia completa del club sin mirar una foto. Un personaje que explica por qué Don Bosco es, ante todo, un club familiar.

En lo deportivo, el proyecto apuesta a sostener una base de jugadores identificados con la camiseta. Iván Lugo y Facundo Gómez Brocal son emblemas de ese proceso. No surgieron de la cantera, pero están profundamente ligados a la institución. Ninguno vive del básquet. Juegan por pasión, pertenencia y compromiso. Y el club, en devolución, les reconoce ese recorrido.

El plantel del Federal está armado en un 90 por ciento. La mayor dificultad pasa por cerrar una ficha grande, el pívot, una posición escasa y muy demandada. También el armado de los U21 exigió creatividad: el club no cuenta con siete juveniles preparados para esta competencia, por lo que se incorporaron jóvenes de Corrientes, provenientes de la Liga de Desarrollo, con un doble objetivo: sumar minutos en el equipo profesional y jerarquizar las formativas.

Tungui es claro en su mirada: "Los resultados atraen a los chicos". El crecimiento de la primera división impacta directamente en las categorías menores. Por eso Don Bosco trabaja fuerte en el mini básquet, con entrenadores reconocidos y un proyecto que incluye competencia femenina y masculina en la ABR.

La ambición no se disimula, pero tampoco se exagera. "El que se anota para decir que no quiere salir campeón, que no juegue", lanza, aunque rápidamente baja a tierra la expectativa. El Federal es un torneo largo, intenso, desgastante y costoso. Hay equipos que invierten para ganarlo. Don Bosco quiere competir, estar a la altura y aprender del proceso. El resultado final será consecuencia.

El desafío también interpela al público. La respuesta, hasta ahora, es alentadora. Finales con mil personas, clásicos que desbordan, familias completas en la tribuna. El básquet chaqueño volvió a convocar. Y Don Bosco, con su mística barrial y familiar, es parte central de ese fenómeno.

La fecha de inicio todavía no está confirmada, pero se estima entre fines de febrero y principios de marzo. La zona NEA promete ser una de las más atractivas, con equipos históricos y proyectos ambiciosos. Don Bosco tomó la posta. Volvió a animarse. Y lo hace con un nombre al frente que no necesita presentación. Porque cuando decís Tungui, el básquet ya sabe de qué estás hablando.

 
Profesionalizar sin perder identidad: el modelo Don Bosco
 

Con el 90% del plantel definido, Don Bosco apuesta a una base identificada con el club y refuerzos estratégicos para competir en el Federal. El armado del plantel para el Torneo Federal avanza a paso firme. Según confirmó el cuerpo técnico, el equipo está prácticamente cerrado, a falta de una ficha mayor en la posición de pívot, la "figurita difícil" del mercado. La competencia con otros clubes de la región y las limitaciones logísticas hacen que cada decisión sea quirúrgica.

La base se sostiene en jugadores del club y otros muy identificados con la institución, mientras que los juveniles U21 se refuerzan con incorporaciones de Corrientes, provenientes de la Liga de Desarrollo, con un doble objetivo: sumar al plantel profesional y elevar el nivel de las formativas.

El proyecto no se limita a la primera división. La exigencia del Federal empuja a profesionalizar toda la estructura: entrenadores en mini básquet, competencia en ABR femenino y masculino, más recursos humanos y mayor organización interna. Don Bosco busca crecer desde arriba hacia abajo, sin perder su esencia familiar, esa que hace que la gente vaya a la cancha, acompañe y se sienta parte.

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