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Robin Wood

El "paragua muerto de hambre" que estudiaba a los sumerios

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-¿Qué carajo hacés, leyendo un libro sobre la antigua Sumeria?

La voz seca y estruendosa sobresaltó a Robin. Se encontraba sentado a una mesa, en la cafetería de la Escuela Panamericana de Arte, muy concentrado leyendo un libro titulado "La historia empieza en Sumer", mientras esperaba el horario de la clase siguiente, cuando alguien lo interrumpió.

   Se fijó en la persona que le había hablado. Ya lo conocía. Uno de sus compañeros le había contado que se llamaba Luis Lucho Olivera, un muy buen dibujante correntino que ya publicaba sus trabajos en la revista Vea y Lea y en las publicaciones de historietas de la Editorial Columba.

   A Robin le extrañaba que, siendo ya todo un profesional, asistiera como alumno a la misma escuela de dibujo a la que él se había matriculado para intentar tener un oficio, a pesar de que uno de sus profesores le había dicho que dibujaba horriblemente mal y que mejor debía hacerle un favor al arte, dejando de acudir a clases.

-Me apasiona mucho todo lo que tiene que ver con la primera civilización humana, donde se escribió el primer poema sobre el rey inmortal Gilgamesh -le respondió Robin.

-¡Qué curioso! -le respondió Lucho-. Probablemente sos el único otro boludo en toda Buenos Aires a quien le atrae la civilización sumeria.

-¿Por qué? ¿Hay otro boludo a quien también le atrae este tema? ¿Quién es?

-Soy yo. También soy un fanático de la antigua Sumeria.

-Me llamo Robin Wood.

-Yo soy Lucho Olivera.

-Encantado. Sos el correntino que dibuja historietas en las revistas de Columba. ¿Qué hacés en esta escuela?

-Y vos sos el paragua que dibuja horrible... pero dicen que escribís muy bien.

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   Desde entonces, todas las tardes se juntaron a charlar sobre la sumeriología, los antiguos guerreros, las primeras formas de gobierno, las primeras escrituras en arcilla, Gilgamesh, Upnapistim, las blancas ciudades de piedra llamadas Uruk, Lagash, Nippur.

   Robin vivía en un cuartucho alquilado en Retiro, con su amigo Juan el Negro y otros tres obreros, en donde preparaban lo que podían comer en una cocinita a alcohol. El paragua había conseguido empleo en una fábrica de cintas adhesivas, en donde trabajaba entre ocho a diez horas por día, ganaba una miseria y el queroseno que usaban en las impresiones le quemaba el rostro. Con lo poco que pudo ahorrar se pagaba las cuotas de la escuela de dibujo, pero a veces no le alcanzaba y pasaba semanas sin poder asistir.

-¿Sabés, Robin? Estoy cansado de los guiones mediocres que me dan en Columba -le dijo Lucho una tarde-. ¿Por qué no me escribís algo bueno? Hacé una historia de un guerrero en Sumeria.

-No sé cómo se hace un guion de historieta -le respondió Robin.

-Ah, yo te muestro.

   Lucho le explicó cómo hacer los textos, los diálogos, las indicaciones para los dibujantes.

   A la noche, en la mísera pensión, mientras sus amigos dormían, a la luz de una lamparita, el paraguayo escribió tres relatos en un cuaderno. Primero, la historia de un pelotón alemán en la II Guerra Mundial, al que tituló "Aquí la retirada". Luego, una historia de espionaje en la guerra fría, "El espía maestro y yo". La otra historia, mucho más extensa, era la que le había pedido especialmente Lucho, la de un guerrero en la antigua Sumeria, general al servicio de un Rey que sufre una traición y es desterrado de su ciudad.

El éxito que le cambió la vida

   Aquel fue el inicio de un radical cambio. El "paragua muerto de hambre" descubrió que los relatos que escribía eran apreciados y bien pagados. Dejó la mísera pensión, alquiló un departamento, consiguió una máquina de escribir y empezó a crear historias y personajes, a entregar guiones, uno tras otro.

   Dio continuidad a la historia del guerrero sumerio Nippur de Lagash, con dibujos de su amigo Lucho Olivera. Creó su propia versión del agente James Bond, el romántico espía irlandés Dennis Martin, con dibujos de Lito Fernández; el duro detective Big Norman con dibujos de Horacio Altuna; Jackaroe, el cowboy taciturno criado por los apaches, con dibujos de Dalfiume, y la serie humorística que fue un verdadero suceso, Mi novia y yo, con dibujos de Carlos Vogt, en donde Robin se caricaturizaba a sí mismo en el personaje de Tino Espinoza y su entonces novia Poppy Andersen, además de incluir también como personajes a su recordado perro Tom, al dibujante Vogt y a todos los integrantes de la Editorial Columba.

* Andrés Colmán Gutiérrez es periodista, escritor, guionista. Fue presidente de la Sociedad de Escritores del Paraguay (SEP) y es autor del libro"Robin Wood: el escritor paraguayo más leído en el mundo"(Centro Cultural de la República El Cabildo y Servilibro). El texto es uno de sus capítulos - Publicado en El Nacional, de Paraguay

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