Roller en Resistencia: un deporte que crece y se consolida como comunidad urbana
Durante años, el patinaje fue visto como una actividad recreativa ocasional, asociada a la infancia o a modas pasajeras. Sin embargo, en Resistencia, esa percepción cambió de manera sostenida. Hoy, el roller se consolida como un deporte en pleno crecimiento, con una comunidad cada vez más amplia, diversa y organizada, que combina recreación, actividad física, movilidad urbana y alto rendimiento.
Ese crecimiento tiene nombres propios. Uno de ellos es Sinergia Rollers, escuela que desde hace cuatro años impulsa el desarrollo del patinaje en la ciudad y que, según estimaciones de sus referentes, ayudó a conformar una comunidad cercana a los mil patinadores activos en la capital chaqueña, convirtiéndola en una de las más importantes del nordeste argentino.

Un deporte para disfrutar… y también competir
"El roller es todo junto: deporte, actividad física y disfrute", explica Ricardo Kuc, uno de los fundadores de Sinergia. A diferencia de otras disciplinas donde la competencia es el eje central desde el inicio, el patinaje permite múltiples formas de participación. Puede practicarse de manera recreativa, como una forma de moverse, mantenerse activo y compartir tiempo con otros, o bien desarrollarse de manera competitiva, con entrenamiento específico y objetivos de alto rendimiento.
Desde la escuela destacan que muchas personas se acercan sin intención de competir. "Hay gente que solo quiere moverse, hacer actividad física, relajarse. Y eso está perfecto", señalan. Esa flexibilidad es, en parte, una de las claves del crecimiento sostenido del roller en la ciudad.

La edad no es un límite
Uno de los mitos más frecuentes es que el patinaje es solo para chicos. La experiencia local demuestra lo contrario. En Sinergia Rollers conviven alumnos desde los 3 años y medio hasta personas mayores de 60, con una matrícula actual que supera los 230 alumnos, entre niños y adultos.
"Cualquiera puede aprender a patinar", repiten como una consigna dentro de la comunidad. No hay límite de edad ni condición física excluyente. El patinaje, además, es una actividad de bajo impacto, recomendada incluso para el cuidado de las articulaciones, siempre que se practique con el equipamiento adecuado.
Un fenómeno que se repite es el ingreso de familias completas. Muchos niños comienzan a patinar y, con el tiempo, los padres se suman. Hoy, la escuela cuenta con al menos una decena de familias que entrenan juntas, reforzando el carácter social e intergeneracional del deporte.

Seguridad, técnica y equipamiento
Lejos de la improvisación, el crecimiento del roller vino acompañado de una fuerte conciencia sobre la seguridad. El uso de casco y protecciones es obligatorio en las clases y salidas urbanas. Además, desde la escuela asesoran activamente sobre el tipo de patines adecuados, especialmente para adultos.
"El patín no es un gasto, es una inversión", explican. Para quienes se inician, recomiendan patines de bota rígida, que brindan mayor estabilidad y protección del tobillo. Aunque existen opciones más económicas, muchas veces resultan inseguras a mediano plazo. Hoy, un patín de iniciación de buena calidad ronda los 120.000 pesos, con posibilidades de financiación, mientras que los modelos de alto rendimiento pueden superar ampliamente ese valor.
Para facilitar el acceso, la escuela cuenta con patines y protecciones que se prestan a quienes desean probar una clase sin cargo, evitando que las personas deban invertir dinero antes de confirmar su interés en la actividad. Parte de ese equipamiento proviene de donaciones de alumnos que renuevan sus patines, fortaleciendo el espíritu comunitario.
El roller como medio de movilidad
Uno de los ejes más interesantes del desarrollo del patinaje en Resistencia es su incorporación como medio de movilidad urbana. Desde Sinergia, el patinaje urbano no se enseña solo como técnica deportiva, sino como una herramienta para desplazarse de manera segura por la ciudad.
Sin embargo, no cualquiera sale a la calle. Antes, los alumnos deben adquirir habilidades básicas: frenar, doblar, mantener el equilibrio y responder ante situaciones imprevistas. Solo con la aprobación de los profesores participan de las salidas urbanas grupales, que funcionan como un incentivo y un objetivo dentro del aprendizaje.
Durante estas salidas, el grupo se desplaza con reglas claras, uso obligatorio de luces, casco y protecciones, siguiendo normas consensuadas a nivel nacional entre comunidades de patinadores. "Cuidamos al alumno y cuidamos al deporte", explican, conscientes de que cualquier incidente repercute en toda la comunidad.
Del recreativo al alto rendimiento
Además del patinaje urbano y recreativo, Sinergia desarrolla disciplinas específicas como slalom —figuras sobre conos— y patín carrera, una modalidad de alta exigencia física y técnica. En este último caso, la escuela cuenta con un equipo de alto rendimiento, entrenado bajo planes específicos, con seguimiento profesional y preparación física complementaria.
Este año, tres patinadores de la escuela representarán a Resistencia en el Mundial de Patín Carrera, que se disputará en octubre en Asunción, compitiendo en la exigente distancia de 42 kilómetros. Un logro que refleja el crecimiento del deporte a nivel local y regional.
Un evento que pone a Resistencia en el mapa
El desarrollo del roller en la ciudad también se expresa en eventos propios. El Marathon Fest, organizado por Sinergia, se realiza cada junio y se transformó en uno de los encuentros de patinaje más grandes del país. Para su próxima edición, se espera la participación de alrededor de 500 corredores de Argentina, Uruguay, Paraguay y, por primera vez, Colombia, una de las potencias mundiales del patinaje.
Que atletas internacionales elijan Resistencia como sede habla no solo del nivel deportivo alcanzado, sino también del trabajo organizativo y comunitario que se construyó en los últimos años.
Un deporte que llegó para quedarse
Tras el parate de la pandemia, muchas actividades individuales crecieron de manera exponencial. El roller fue una de ellas. Lejos de ser una moda pasajera, hoy se mantiene y sigue expandiéndose. Basta recorrer los parques de la ciudad para ver familias enteras patinando, grupos nuevos y personas que se suman por fuera de las escuelas.
"El roller no tiene techo", aseguran desde la comunidad. Sin distinción de género, edad ni objetivos, el patinaje se consolidó en Resistencia como un espacio de encuentro, movimiento y construcción colectiva. Un deporte que ya no es solo un recuerdo de los 90, sino una práctica urbana viva, en expansión y con identidad propia.











