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Prematuros extremos

Sangre del cordón umbilical, mejor que las transfusiones de adulto

Cada año nacen en todo el mundo alrededor de 15 millones de bebés prematuros que necesitan ser transfundidos.

De ellos, un pequeño, pero especialmente vulnerable grupo corresponde a los llamados prematuros extremos, que llegan al mundo antes de las 28 semanas de gestación y con un peso inferior a los 1000 gramos. Su supervivencia y calidad de vida dependen, en gran medida, de los cuidados intensivos que reciben en las primeras semanas.

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La sangre del cordón es rica en células madre, factores de crecimiento y glóbulos rojos muy similares a los del recién nacido.

Entre esos cuidados, uno de los más frecuentes —y también más delicados— es la transfusión de sangre. Durante décadas, la práctica habitual en las unidades de cuidados intensivos neonatales ha sido recurrir a transfusiones de sangre de donantes adultos para tratar la anemia, compensar pérdidas sanguíneas o mejorar la oxigenación en estos bebés diminutos.

Sin embargo, investigaciones recientes en el ámbito de la pediatría y la neonatología están poniendo el foco en una alternativa prometedora: la sangre del cordón umbilical, un recurso que hasta hace no tanto se consideraba un simple residuo del parto.

¿POR QUÉ NECESITAN TRANSFUSIONES?

Los prematuros extremos se enfrentan a múltiples desafíos desde el primer minuto de vida. Sus órganos aún no han completado su desarrollo, especialmente los pulmones, el cerebro y el sistema inmunológico. Además, su volumen sanguíneo es muy reducido, lo que los hace particularmente sensibles a cualquier pérdida de sangre.

A lo largo de su estancia hospitalaria, estos bebés son sometidos a frecuentes análisis de sangre para monitorizar su estado clínico. Aunque cada extracción es mínima, la suma puede resultar significativa para un cuerpo tan pequeño.

A esto se añade que la médula ósea del prematuro aún no produce glóbulos rojos de manera eficiente, lo que favorece la aparición de anemia del prematuro. Las transfusiones, por tanto, no son un lujo, sino una necesidad vital. La cuestión que se plantea la medicina actual no es si hay que transfundir, sino qué tipo de sangre es la más adecuada.

SOLUCIÓN EFICAZ, PERO NO PERFECTA

La sangre de donantes adultos ha salvado incontables vidas y sigue siendo una herramienta fundamental en la medicina moderna. No obstante, cuando se utiliza en prematuros extremos, presenta ciertas limitaciones.

En primer lugar, los glóbulos rojos adultos están adaptados a un organismo completamente desarrollado. Contienen principalmente hemoglobina A, mientras que los recién nacidos —y especialmente los prematuros— utilizan mayoritariamente hemoglobina fetal, que tiene una mayor afinidad por el oxígeno.

Esto significa que la sangre adulta no siempre transporta el oxígeno de la forma más eficiente para las necesidades del bebé. Además, las transfusiones repetidas de sangre adulta pueden aumentar el riesgo de reacciones inflamatorias, sobrecarga circulatoria o alteraciones inmunológicas. Aunque los protocolos actuales son muy seguros, el riesgo nunca es cero, especialmente en pacientes tan frágiles.

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