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Leandro Colcombet: "Volar es un oficio silencioso, pero fundamental para el interior"

Desde el Aeroclub Chaco, donde se desempeña como instructor y piloto desde 2016, Colcombet forma parte de una aviación menos visible pero profundamente arraigada al territorio: la de los vuelos cortos, la instrucción, los traslados y el trabajo aéreo que conecta campos, pueblos y ciudades del interior.

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Crédito: Nestor Fabián Torales

Chaqueño, apasionado por los aviones desde la infancia, Colcombet creció en una provincia donde ver despegar una aeronave no era cosa de todos los días. Tal vez por eso su vínculo con el vuelo se fue construyendo a fuerza de paciencia, perseverancia y una fascinación que nunca se apagó. Hoy, desde el aire, observa un Chaco distinto: ríos que serpentean, verdes intensos, pueblos diminutos en el horizonte y una geografía que cobra otra dimensión cuando se la mira desde arriba.

En un contexto donde la aviación liviana suele ser desconocida para gran parte de la sociedad, su testimonio permite asomarse a un mundo donde volar no es espectáculo, sino oficio; donde cada vuelo exige planificación, responsabilidad y una lectura constante del cielo. Desde el Aeroclub Chaco, Colcombet habla de la pasión de volar, de los desafíos de hacerlo en esta región y del futuro de una actividad que, aunque silenciosa, cumple un rol clave en la vida cotidiana del interior.

—Leandro, ¿cuándo y cómo nació tu vínculo con la aviación?

—Tenemos que remontarnos prácticamente a la infancia. Desde chico siempre me gustaron los aviones, siempre tuve afinidad con la idea de volar y con el sueño de ser piloto. Puedo dar testimonio —y también mis amigos— de que desde muy chico hablaba de aviones todo el tiempo. Incluso más que del fútbol. Siempre fue una pasión muy marcada.

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Crédito: Nestor Fabián Torales

—¿Ser piloto era un sueño de la infancia o apareció más adelante?

—Siempre fue un sueño de chico. Veía los aviones y sentía que tenía que estar ahí arriba, viendo el mundo desde la altura. La superficie terrenal era un lugar en el que estaba de manera circunstancial. El vuelo siempre me atrajo muchísimo.

—¿Qué significa para vos ser piloto y, al mismo tiempo, ser chaqueño?

—Ser piloto implica, ante todo, una gran responsabilidad. La aviación es una actividad de riesgo, aunque ese riesgo se minimiza y se reduce a márgenes tolerables para poder volar de manera segura. Pero eso depende de dos factores fundamentales: la máquina y el hombre.

La aeronave tiene que estar en condiciones y el piloto debe chequear que así sea antes y durante el vuelo. Las decisiones que se toman en cada momento son las que marcan la diferencia entre un vuelo normal y una eventualidad.

—¿Creés que crecer en el Chaco influyó en tu forma de ver la aviación?

—Sí, sin dudas. Estar en el Chaco siempre fue estar lejos de todo en términos de aviación. En Buenos Aires, por ejemplo, uno puede ir a un parque y ver aviones despegar y aterrizar cada pocos minutos. Acá, de chico, tenía que pasar toda una tarde en el aeropuerto para tener la suerte de ver uno.

No fue algo que me haya beneficiado, pero tampoco fue un impedimento.

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Crédito: Nestor Fabián Torales

—Para quienes nunca volaron en aviones pequeños o vuelos cortos, ¿cómo es la experiencia?

—Primero hay que aclarar que "avioneta" es un término coloquial. En aviación hablamos de aviones de pequeño, mediano o gran porte. En esta zona, los aviones de pequeño porte son mucho más habituales de lo que la gente cree.

Muchos campos, estancias y lugares de difícil acceso cuentan con pistas propias y el avión es la forma más práctica de llegar. Lo que pasa es que lo visible son los vuelos comerciales, pero hay muchísima actividad aérea que no se ve desde afuera.

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Crédito: Kalil Colman

—¿Qué se ve del Chaco desde el aire que desde tierra no se percibe?

—El Chaco tiene un encanto muy particular. Desde arriba se ven verdes intensos, grandes extensiones del Impenetrable como un manto interminable de árboles, los ríos, los bancos de arena, los lapachos florecidos en septiembre. También se distinguen pequeñas ciudades y poblados que resaltan en el horizonte. Es una imagen que no se parece a ninguna otra región.

—Después de tantos vuelos, ¿todavía hay algo que te sorprenda?

—Siempre. Como decimos los pilotos, nunca hay dos vuelos iguales. Cambian las condiciones meteorológicas, el viento, la visibilidad. Siempre hay algún factor que modifica la experiencia. La magia nunca se pierde, cada vuelo tiene su encanto.

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Crédito: Kalil Colman

—¿Qué particularidades tiene volar en esta región?

—Todo influye. Si bien es una zona llana y no tenemos montañas, sí tenemos ríos imponentes como el Paraná, el río Negro, riachos y esteros. Eso hace que el paisaje sea único. No hay dos lugares iguales.

—Cuando hablás de vuelos cortos, ¿qué tipo de trabajo implica?

—Los vuelos cortos son muy variados. Pueden ser traslados a campos o estancias, vuelos de instrucción, relevamientos fotográficos, trabajos para municipios o empresas forestales. Siempre se planifican rutas cercanas al objetivo para poder ir y volver con márgenes seguros de autonomía.

—¿Creés que hay desconocimiento sobre este tipo de aviación?

—Sí, muchísimo. No es un tema de conocimiento público. Pero cuando uno se interioriza, se da cuenta de la magnitud que tiene la aviación en la vida cotidiana. Por ejemplo, los vuelos sanitarios, donde el avión se convierte en una ambulancia aérea y permite trasladar pacientes críticos en tiempos mucho más cortos.

—¿Qué suele imaginar la gente cuando decís "soy piloto"?

—Generalmente se imaginan al piloto comercial, con uniforme, gorra y valija caminando por un aeropuerto. Pero esa es solo una de las tantas figuras del piloto.

El piloto real es alguien que se levanta y mira el cielo, analiza el viento, decide desde qué pista operar, evalúa si las condiciones son seguras. Es alguien que aprende a leer el clima y la tecnología todo el tiempo.

—¿Cómo es un día típico de trabajo para vos?

—En esta época del año se vuela muy temprano a la mañana o al final de la tarde, cuando las temperaturas son más bajas. Tratamos de evitar volar con más de 32 o 33 grados porque el aire caliente reduce el rendimiento del avión. El vuelo se hace en un ambiente que no es el ideal, y eso exige más precauciones.

—¿Qué preparación requiere un vuelo, incluso uno corto?

—Todos los vuelos se planifican de la misma manera. Se chequea la pista, los NOTAM, el estado del destino, las alternativas, el combustible, el peso y balanceo del avión, la ruta. El vuelo empieza mucho antes de despegar. La planificación es lo que marca la diferencia.

—¿Qué nivel de responsabilidad implica estar al mando de una aeronave?

—Para la ley, el piloto al mando es la máxima autoridad. Es responsable del avión, de los pasajeros y también de las personas en tierra. Cualquier decisión que tome recae exclusivamente sobre él.

—¿Existen vuelos simples o todos tienen su complejidad?

—Existen vuelos simples, cotidianos, pero también otros más complejos: aeródromos con obstáculos, pistas cortas, zonas más exigentes. Cada uno requiere su propio nivel de planificación.

—Muchas personas tienen miedo a volar. ¿Qué les dirías?

—Es normal, porque el cuerpo humano no está diseñado para volar. Está hecho para estar apoyado en el suelo. Pero el vuelo es algo a lo que el cuerpo se acostumbra y termina aceptando como natural.

—¿Cuáles son los mitos más comunes sobre la aviación liviana?

—Muchos vienen del cine. Se cree que los aviones pueden hacer maniobras imposibles, aterrizar en cualquier lugar o despegar de cualquier lado. La aviación liviana tiene limitaciones muy claras y se rige por normas estrictas.

—¿Qué es lo que más se controla antes de despegar?

—Todo. Cada avión tiene su lista de chequeo: estado general, hélice, alas, comandos, combustible, aceite. Es un control exhaustivo y obligatorio.

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Crédito: Nestor Fabián Torales

—En lo personal, ¿qué es lo que más te gusta de volar?

—La sensación de libertad. Poder ver de punta a punta la ciudad de Resistencia, reconocer mi escuela, mi casa, la cancha, la casa de amigos y familiares, todo al mismo tiempo. Es una sensación de verlo todo en una sola imagen.

—¿Hay algún vuelo que recuerdes especialmente?

—Todos dejan algo. Cada vuelo tiene su historia y su particularidad.

—¿Cómo ves el futuro de la aviación en el Chaco?

—La aviación está creciendo y expandiéndose. Hubo muchos años de regulaciones que limitaron la actividad, pero las nuevas normativas permiten pensar en un futuro con más movimiento y oportunidades.

—¿Te gustaría que más jóvenes chaqueños se acerquen a este mundo?

—Sí, sería muy lindo. Hoy la aviación tiene salida laboral. Para quien realmente le gusta y le apasiona, puede ser mucho más que un hobby.

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Crédito: Nestor Fabián Torales

—Si alguien del Chaco sueña con ser piloto, ¿qué le dirías?

—Que se informe, que se acerque al Aeroclub Chaco, que se haga el examen médico y empiece el curso. Una vez adentro, va a conocer este mundo y va a decidir si realmente es lo que le apasiona.

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