Lesiones graves que pueden evitarse en siniestros viales
Las lesiones provocadas en los siniestros viales son una de las principales causas de muerte y discapacidad en todo el país y representan un problema de salud pública que se repite a diario en calles y rutas. Detrás de cada estadística hay personas, familias y comunidades atravesadas por consecuencias que, en la mayoría de los casos, podrían haberse evitado con medidas simples de prevención. El Gran Resistencia y numerosas localidades del Chaco reflejan, lamentablemente, esta realidad, marcada por un alto número de accidentes y por la participación predominante de motociclistas, uno de los grupos más vulnerables frente a los impactos sufridos en los accidentes
Los datos disponibles confirman que los conductores de motos concentran una parte importante de las lesiones graves y muertes registradas en el tránsito. La falta de protección adecuada, especialmente la ausencia del casco reglamentario, aparece como un factor determinante en la gravedad de las consecuencias. Investigaciones recientes demostraron que no utilizar casco multiplica por siete el riesgo de morir en un incidente de tránsito, una cifra contundente que pone en evidencia la relación directa entre el uso de este elemento de seguridad y la preservación de la vida.
Un relevamiento realizado en hospitales argentinos durante un período de ocho años, que incluyó más de 25.000 atenciones por trauma, aporta información clave para comprender la magnitud del problema. Dentro de ese universo, se analizaron 4078 casos de motociclistas asistidos por lesiones sufridas en choques ocurridos en la vía pública. Los resultados fueron que la mortalidad entre quienes viajaban sin casco fue siete veces mayor que entre aquellos que sí lo utilizaban. Este estudio, desarrollado bajo los parámetros establecidos por la Organización Mundial de la Salud, permitió además identificar los tipos de lesiones más frecuentes y su vínculo con el uso o no de protección.
Según el relevamiento, 16 por ciento de los motociclistas registrados presentó traumatismos en la cabeza, las extremidades, el pecho o el abdomen. Sin embargo, el dato más preocupante fue que 78 por ciento de los conductores no llevaba casco al momento del siniestro. Esta falta de protección se reflejó directamente en la gravedad de las lesiones, ya que casi un tercio de quienes circulaban sin casco sufrió lesiones encefálicas graves, frente a poco más de 10 por ciento entre los que sí lo usaban. En términos de mortalidad, la diferencia fue aún más marcada, con 8,6 por ciento de fallecimientos en el grupo sin protección, contra apenas 1,3 por ciento en quienes conducían con casco.
Estas cifras confirman que el casco es un elemento vital para la seguridad de los motociclistas. Su función principal es proteger la cabeza del impacto, dispersar la energía generada por la colisión y absorber parte de la fuerza del golpe, reduciendo así el daño al cerebro. Además, el casco protege el rostro y los ojos de objetos extraños y del viento, lo que mejora la visión y contribuye a una conducción más segura. Pero para que cumpla correctamente su función, es fundamental que esté homologado, bien ajustado a la cabeza y correctamente sujetado con el sistema de retención.
El aumento del uso de motocicletas como medio de transporte en ciudades grandes y pequeñas explica en parte la alta incidencia de este tipo de siniestros. Factores como el bajo costo, la practicidad y la rapidez hacen que cada vez más personas opten por este vehículo, muchas veces sin adoptar todas las medidas de seguridad necesarias. Por otro lado, la falta de conciencia y el incumplimiento de las normas de tránsito potencian los riesgos y agravan las consecuencias de los accidentes.
La evidencia disponible demuestra que una gran proporción de las muertes y discapacidades derivadas de siniestros viales podría evitarse con acciones preventivas básicas. El uso adecuado del casco es una de las más importantes y efectivas. Tomar conciencia de su relevancia implica entender que, ante un accidente, la diferencia entre sufrir una lesión leve, una discapacidad permanente o perder la vida puede depender de un gesto tan simple como colocarse correctamente este elemento de protección. Frente a un problema que se cobra vidas todos los años, los datos no dejan lugar a dudas. Por eso, no está de más recordar una vez más que la prevención salva vidas.










