Resistencia31°Min. 21° • Max. 31°
Desfinanciamiento de la ciencia

Preocupan a científicos y técnicos por las nuevas reglamentaciones de la Agencia I+D+i

La publicación de las Bases y Condiciones para el financiamiento científico y tecnológico desató una ola de críticas y preocupación entre científicos, técnicos y becarios del sistema nacional de ciencia.

cientificos.jpg

   La reconfiguración presentada por el Comité Directivo de la Agencia —que aprobó el esquema en una sesión ordinaria y estableció su entrada en vigencia a partir del 2 de enero de 2026— implica un giro profundo en la forma en que se financian los proyectos de investigación en el país.

   Al presentar las bases, disponibles desde esta semana en el sitio de la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación (Agencia I+D+i), el organismo destaca que los instrumentos estarán disponibles con modalidad de "ventanilla abierta", con evaluaciones periódicas y ampliaciones de recursos "considerando la dinámica de las convocatorias y los proyectos seleccionados". También confirmó que, antes de presentar iniciativas, los interesados deberán completar el Registro de Potenciales Beneficiarios y que todas las postulaciones deberán realizarse a través de la plataforma TAD.

   Sin embargo, el punto más controvertido es el fin de los tradicionales PICT (Proyectos de Investigación Científica y Tecnológica). El comunicado es explícito: "El Comité resolvió dar de baja las convocatorias PICT 2022 y 2023", al tiempo que afirma que este instrumento "diluía los recursos en una multiplicidad de proyectos" con montos "insuficientes" y, por lo tanto, "inconducente para el desarrollo económico y social del país".

   En reemplazo, la Agencia lanza la línea Apoyo a la Investigación Científica (AIC), destinada a investigación básica y orientada al fortalecimiento de cadenas de valor y capacidades tecnológicas. Esta línea prevé un financiamiento máximo de u$s 200.000 y busca promover proyectos conjuntos con el sector privado.

   Paralelamente, se anunciaron las convocatorias STARTUP 2025, divididas en tres categorías según niveles de madurez tecnológica (TRL 3–4, TRL 5–6 y TRL 7–9), con apoyos que van de u$s 150.000 a u$s 500.000 para pruebas de concepto, validaciones, prototipos y estrategias de comercialización.

   Para numerosos investigadores, estas medidas significan un recorte sin precedentes. "El plan implica que no hay más financiamiento público de proyectos científicos (solían financiarse unos 1.500 por año), salvo 50 proyectos de ciencia aplicada", resume un investigador del Conicet. La advertencia se repite en múltiples laboratorios: "Va a desaparecer no sólo la ciencia básica y un know-how valiosísimo, sino también la formación de nuevos científicos".

   La reacción no se limita al plano institucional. En redes sociales y asambleas, los becarios expresan creciente angustia. "Los becarios de Agencia tenemos el mismo estipendio hace 18 meses", comenta una investigadora, que asegura que explicar al público la diferencia entre becarios Conicet y becarios de la Agencia se vuelve cada vez más difícil. Otros comparan la situación con conflictos recientes: "Lo del Garrahan tuvo más llegada; y sirvió para desactivar el reclamo de todo el sistema de hospitales nacionales arreglando con ‘los más ruidosos’, parecido a lo que hicieron con la UBA el año pasado. Divide y reinarás".

   La inquietud se extiende a especialistas de distintas áreas. Un grupo de investigadores en biología molecular y biotecnología —dos de los sectores más competitivos y productivos del país— advierte: "Esto es una sentencia de muerte para el 90% de la ciencia argentina. Los primeros que van a desaparecer son quienes trabajan en biología molecular, agro, biotecnología. Somos líderes mundiales. Ningún país del mundo hace esto".

   Otros ven un patrón geopolítico: "Los países centrales aprietan cada tanto la ciencia de los países de morondanga para crear migración de excelentes profesionales. Hoy están obnubilados por seis aviones de guerra recauchutados", ironiza un tecnólogo del Conicet. Quienes trabajan en empresas emergentes tampoco ocultan su preocupación: "La única ciencia que van a dejar en pie es la que beneficie al privado. Volveremos al Renacimiento y el mecenazgo será lo único que mantenga viva la investigación". Otro investigador comenta: "Esto es aterrador. Se siente como un disparo al pie. El objetivo de la ciencia no debería ser el mercado".

   El contraste con el panorama del sector deep tech argentino, que en informes recientes aparece como líder regional en startups de base científica, funciona casi como una paradoja. Argentina tiene el mayor número de fondos especializados en tecnología profunda en Latinoamérica y alberga el 30% de las startups biotech de la región. Empresas como Bioceres, Moolec y Satellogic ilustran ese potencial, así como la reciente historia de éxito de Auth0.

   Pero ese ecosistema —que depende de formación científica sólida, investigación básica y laboratorios activos— podría sufrir daños estructurales. Un investigador lo resume con crudeza: "Sin ciencia básica no hay deep tech; sin laboratorios activos no hay startups; sin becarios no hay futuro".

   Mientras las nuevas Bases y Condiciones comienzan a regir, el sistema científico argentino atraviesa una incertidumbre inédita. La tensión entre una apuesta a la innovación con orientación productiva y la reducción drástica del financiamiento público a la ciencia básica abre un interrogante central: ¿es posible sostener un ecosistema tecnológico de avanzada sin el sustrato científico que lo hace posible?

Más de Ciencia y técnica+ Ver todas
Te puede interesar