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En pocas palabras

Vuelta de Obligado: el combate perdido que se volvió victoria moral

Este episodio bélico tiene más fama que las épicas victorias logradas en Tucumán y Salta por Manuel Belgrano, y en Chacabuco y Maipú por el general José de San Martín.

El combate de la Vuelta de Obligado ocurrió en tiempos cuando en Buenos Aires la leche que se mamaba, el ambiente que envolvía a todos, el aire que saturaba a todo el mundo, era la idealización de la figura de Rosas.

Tiempos en que éste ostentaba calificativos como "Restaurador de las Leyes", "Amado General en jefe", "El primero de los hijos de la Patria", y "Genio de la Paz y de la Guerra".Tiempos en que las cartas oficiales y privadas invariablemente comenzaban así: "¡Viva la Confederación Argentina! ¡Mueran los salvajes unitarios!". Tiempos en que hasta los serenos cantaban: "¡Cuatro y media han dado, y tronando! ¡Viva la Confederación! "¡Mueran los salvajes unitarios!" ¡Vivid, Representación!".En ese contexto, y en el marco de la "Guerra Grande" que Rosas sostenía contra el Uruguay haciendo arder literalmente el Río de la Plata, el 20 de noviembre de 1845 tuvo lugar esa renombrada batalla.

Fue una derrota para las armas argentinas. Pero por razones ideológicas, este episodio bélico tiene más fama que las épicas victorias logradas en Tucumán y Salta por Manuel Belgrano, y en Chacabuco y Maipú por el general José de San Martín.

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Representación de la escena de combate, donde se habían dispuesto tres filas de cadenas apoyadas en barcazas para impedir el paso.

"¡Allí los tenéis!"

Antes de la batalla, para la que se venían preparando desde hacía más de dos meses, el jefe de los defensores, general Lucio Mansilla, lanzó esta arenga a su tropa:

 "¡Vedlos, camaradas, allí los tenéis! Considerad el tamaño del insulto que vienen haciendo a la soberanía de nuestra Patria al navegar las aguas de un río que corre por el territorio de nuestra República sin más título que la fuerza con que se creen poderosos. Pero se engañan esos miserables. Aquí no lo serán. Sea esta vuestra resolución: comportarnos a ejemplo del heroico y gran porteño, nuestro querido gobernador, Don Juan Manuel de Rosas. ¡Viva la Patria! ¡Viva la independencia! ¡Viva su heroico defensor Don Juan Manuel de Rosas! ¡Mueran los salvajes unitarios y sus viles aliados, los anglo-franceses!".

Manuel Oribe, fundador del Partido Blanco y presidente del Uruguay entre los años 1835 a 1838, ahora al mando de una porción del ejército de Rosas, había recibido de parte de éste un plano de las defensas en el recodo de la Vuelta de Obligado.

La respuesta del oriental fue: "¡Qué chasco se van a llevar los extranjeros! Es imposible que puedan forzar el paso del Paraná en ese punto. No saben lo que les espera". Sin embargo, los tres vapores, dos corbetas y seis bergantines que componían la flota extranjera rompieron la cadena que habían extendido de orilla a orilla, destruyeron las baterías instaladas en la costa, y provocaron 250 muertos y 400 heridos.

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Hace unos años, en una bajante del río, se hallaron restos de las cadenas que habían sido utilizadas para impedir el paso de las flotas enemigas.

Nadie puede pasar

El general Lucio Mansilla, en realidad estaba más enamorado de su mujer que del régimen de su cuñado, porque era cuñado de Rosas. Éste pretendía anexar al Uruguay, Paraguay, y las provincias bolivianas de Tarija, Chichas y Cinti para conformar una suerte de Virreinato de la Confederación Argentina, con él a la cabeza). Quería impedir, y de hecho impedía, el paso de todo barco al Paraguay, al que consideraba parte de la Argentina. A los paraguayos los calificaba de "argentinos renegados".

El hecho es que ningún barco podía pasar, prohibición que incluía a los de los ingleses y franceses. Por lo tanto, a misión del general Mansilla era "privar su navegación bajo otra bandera que no sea la nacional". En septiembre de 1845, Francia e Inglaterra pidieron permiso para remontar el Paraná, rumbo a Corrientes y Asunción. Rosas no solamente que rechazó sus pedidos, sino que también ordenó la fortificación e instalación de baterías en la Vuelta de Obligado.

Gloria al vencido

Pese a la derrota, el general Lucio Mansilla, quien también era un rico empresario, dueño de un saladero, recibió después gran cantidad de cartas de felicitaciones y de votos por una pronta recuperación de las heridas recibidas en combate.

Una de ellas era de Justo José de Urquiza, quien, obviamente, todavía no era "ese loco, cobarde y traidor Urquiza". 

Su mensaje expresaba: "Le dirijo ésta, saludándolo y dirigiéndole mis más íntimas y afectuosas felicitaciones por el combate glorioso que con valor heroico supo sostener contra las fuerzas anglo-francesas en la vuelta de Obligado, enseñando a esa canalla europea de cuánto son capaces los americanos".

Incluso recibió esta carta, firmada por Carlos Torres, el ultrarosista cura párroco de Salto:

"¡Viva la Confederación Argentina! ¡Mueran los salvajes unitarios!

Al Señor General Lucio Mansilla, comandante en Jefe del Departamento del Norte:

El denuedo con que V.S. ha recibido a los pérfidos extranjeros, dignos aliados de los inicuos salvajes unitarios, me ha llenado de satisfacción y de grandes esperanzas a los pueblos.

Saben ya que con jóvenes apenas iniciados en el arte de los combates se ha hecho probar hasta dónde llega el valor argentino, y que lo que faltó a la experiencia lo suplió la dirección.

Reciba V.S los respetos con que lo saluda S.S. y confederado capellán Carlos Torres".

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Lucio Mansilla fue el comandante en el combate de la Vuelta de Obligado.

"Un gobierno estéril"

Sin embargo, el escritor Lucio V. Mansilla, autor de libros como "Una excursión a los indios ranqueles" e hijo del celebrado Lucio Mansilla, criticó todo lo hecho por Rosas (él decía que era con z), su tío, hermano de su madre Agustina Ortiz de Rozas.

Lo dijo en estos términos:

"El de Rozas (sic) era un poder personal, irresponsable, que todo lo avasallaba. No tengo por qué callarlo, y no lo callaré. Su gobierno fue estéril, y no puedo ser partidario suyo.

El gobierno no sirve más que para tres cosas. No se ha descubierto hasta ahora que sirva para más. Sirve para hacer la felicidad de una familia, la de un partido, o la de la patria. Rozas no hizo nada de esto. Y no sólo que no lo hizo, sino que se dejó derrocar por uno de sus tenientes, que le arrebató una gloria fácil, que él habría podido alcanzar constituyendo el país sin el auxilio del extranjero, haciendo posible quizá que se olvidaran sus torpezas y la realización de la única idea trascendental que a mi juicio vagaba en su cabeza: reconstruir el virreinato ensanchando los límites materiales de la República actual".

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