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Las claves del crecimiento, según el Nobel de Economía

Este año uno de los galardonados con el Premio Nobel de Economía fue Joel Mokyr, un historiador de los procesos económicos que ha dedicado gran parte de su vida a estudiar cómo las sociedades logran crecer y desarrollarse a lo largo del tiempo. Aunque sus ideas se basan en investigaciones complejas, pueden entenderse fácilmente si se piensa en cómo las personas usan el conocimiento para mejorar su vida, y cómo las sociedades deben estar preparadas para aceptar el cambio.

Para Mokyr, una de las claves más importantes del crecimiento económico en una sociedad es lo que él llama conocimiento útil. Este tipo de conocimiento, explica, es una mezcla entre dos cosas. Por un lado, el conocimiento que brinda las explicaciones científicas sobre cómo funciona el mundo; y por otro, las instrucciones prácticas para hacer algo, como una receta, un manual o un diseño. Cuando estos dos tipos de conocimiento se combinan, se genera un entorno ideal para la innovación. No alcanza con saber que algo funciona. También es fundamental entender por qué funciona. Esto permite mejorar las ideas, adaptarlas y multiplicarlas con el tiempo.

Mokyr remarca que para que el conocimiento útil pueda crecer y expandirse, es necesario que exista un entorno social abierto. ¿Qué significa esto? Significa que las personas deben estar dispuestas a escuchar nuevas ideas, debatirlas, aceptarlas e incluso cambiar formas tradicionales de pensar. En sociedades cerradas o muy conservadoras, donde se rechaza lo nuevo por miedo o por intereses de ciertos grupos, la innovación se bloquea y el progreso se detiene. Por eso, Mokyr destaca que las instituciones abiertas —como universidades, academias, centros de investigación y gobiernos que apoyan la ciencia— son fundamentales para el crecimiento económico.

Otro punto esencial en su pensamiento es la relación entre ciencia y tecnología. Según Mokyr, durante mucho tiempo los seres humanos inventaron cosas sin saber muy bien por qué funcionaban. Esto cambió en la época de la Ilustración y, especialmente, durante la Revolución Industrial. En ese momento, observa el historiador, la ciencia empezó a explicar el funcionamiento de muchas tecnologías, y la tecnología, a su vez, impulsó nuevos descubrimientos científicos. Así se creó una especie de círculo virtuoso, es decir, la ciencia ayuda a la tecnología, la tecnología mejora la vida y permite más investigación científica, y así sucesivamente. Este ciclo de retroalimentación fue, según Mokyr, el motor del crecimiento económico moderno.

Pero la innovación no solo es una cuestión de descubrimientos. También tiene que ver con la destrucción de lo viejo. Mokyr retoma la idea de destrucción creativa, que consiste en reemplazar tecnologías antiguas e ineficientes por nuevas y mejores. Este proceso puede ser doloroso, porque implica dejar atrás ciertas costumbres, empleos o formas de producción. Sin embargo, es necesario para que la economía avance y se mantenga viva. Lo importante, explica Mokyr, es que este cambio continuo sea acompañado por instituciones que protejan la propiedad intelectual, faciliten la competencia y apoyen la difusión del conocimiento.

Además, Mokyr subraya que el desarrollo económico no depende solamente del mercado. Se necesita inversión en ciencia, educación y formación de recursos humanos altamente calificados. Sin científicos, ingenieros, investigadores y docentes, no hay forma de generar ese conocimiento útil que impulsa la innovación. Por eso, las políticas públicas deben considerar a la ciencia como una prioridad. En países como Israel, por ejemplo, se invierte más del 5% del Producto Bruto Interno en ciencia y tecnología. En cambio, en Argentina, la inversión es mucho menor —alrededor del 0,5%—, lo que dificulta sostener el crecimiento a largo plazo y renovar la competitividad.

El trabajo de Joel Mokyr muestra que el crecimiento económico sostenido no ocurre por casualidad ni solamente por decisiones de mercado. En otras palabras, requiere una combinación de conocimiento científico, aplicaciones tecnológicas y un entorno social e institucional que permita el cambio y valore la innovación. Su gran aporte fue reconocer que detrás del progreso económico está, en el fondo, una cultura que apuesta por la creatividad, el debate abierto y la educación. Por eso, más que mirar solo los números, Mokyr propone reflexionar cómo pensamos, cómo aprendemos, y qué tanto estamos dispuestos a cambiar como sociedad.

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