Mujeres que siembran futuro
En la extensa geografía del Chaco, marcada por la diversidad de paisajes, climas y tradiciones, miles de mujeres rurales han sido y siguen siendo protagonistas esenciales del desarrollo provincial. Su trabajo, muchas veces silencioso e invisibilizado, sostiene la economía local, contribuye a la protección del ambiente y a la transmisión de saberes ancestrales. A pesar de los vaivenes de la economía nacional, que suelen golpear con especial crudeza a las zonas rurales, el avance de la provincia fue posible, en gran medida, gracias al esfuerzo cotidiano de estas mujeres chaqueñas que viven, trabajan y sueñan en el campo.
Un informe de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) reconoce que muchas de ellas labran la tierra, plantan semillas, cuidan los cultivos, crían animales, recolectan leña, bombean agua y procesan alimentos de manera manual. El organismo internacional observa también que, además de garantizar la seguridad alimentaria de sus comunidades, son fundamentales para preparar a sus familias frente al cambio climático, aplicando prácticas sostenibles que han aprendido de generación en generación. Estas tareas, recuerda la ONU, representan un trabajo constante que ocupa buena parte del día, y que se extiende incluso más allá de las labores agrícolas, pues incluye también el cuidado del hogar, de los hijos y de los mayores, lo que convierte su jornada en una sucesión ininterrumpida de responsabilidades.
En el Chaco, como en otras regiones rurales del mundo, estas mujeres son pilares fundamentales de las economías locales. Su aporte es cuantificable en términos de producción y en la manera en que sostienen la vida en los territorios. La Organización de Naciones Unidas observa que, aunque casi cuatro de cada diez personas que trabajan en la agricultura a nivel mundial son mujeres, solo 15% de las tierras está en manos femeninas. En ese sentido, el organismo considera que esta brecha limita su capacidad de decisión, de inversión y de crecimiento, y perpetúa la dependencia económica de los varones.
Estudios de la propia ONU advierten que, si las mujeres tuvieran el mismo acceso que los hombres a los recursos productivos, el rendimiento agrícola podría aumentar entre 20% y 30%, lo que permitiría alimentar a entre 100 y 150 millones de personas más. Este dato revela el enorme potencial que se desaprovecha al mantener estructuras desiguales.
Se debe reconocer que, a pesar de todo, las mujeres rurales del Chaco continúan siendo motores de transformación. Desde las zonas más alejadas de El Impenetrable hasta los bordes de las rutas provinciales, ellas organizan ferias, forman cooperativas, participan en programas de agroecología y defienden sus derechos. También son guardianas del medio ambiente, transmitiendo prácticas sostenibles que protegen la biodiversidad y fortalecen la resiliencia de las comunidades frente a las crisis climáticas.
Todo esto, lo hacen mientras luchan por el reconocimiento, por la igualdad de oportunidades y por un futuro más justo para ellas y sus hijas.
La celebración del Día Internacional de las Mujeres Rurales, cada 15 de octubre, es una oportunidad para visibilizar su labor y para reflexionar sobre las deudas históricas que aún persisten. Instituido por la Asamblea General de la ONU en 2007, este día reconoce el rol clave que tienen las mujeres en el desarrollo rural, en la erradicación de la pobreza y en la seguridad alimentaria. En 2025, la conmemoración vuelve a poner en el centro de la agenda pública la necesidad de garantizar el acceso equitativo a los recursos, el fortalecimiento de sus derechos y el impulso del empoderamiento femenino como herramienta indispensable para construir comunidades más justas, inclusivas y sostenibles.
El Chaco que avanza, a pesar de las crisis, avanza con ellas. Con sus manos curtidas por el sol y el trabajo, con su sabiduría popular, con su capacidad de organización y con su profunda conexión con la tierra. Ellas siembran alimentos y también siembran futuro. Por eso, reconocer, apoyar y acompañar a las mujeres rurales chaqueñas es un acto de justicia y una inversión indispensable para el desarrollo sostenible de toda la provincia.
Como se dijo, a lo largo de los años, muchas de estas mujeres chaqueñas han protagonizado verdaderas transformaciones dentro de sus comunidades, liderando proyectos productivos, impulsando la economía familiar y comunitaria, y asumiendo roles clave en espacios, donde antes estaban excluidas. Desde la producción de alimentos agroecológicos hasta el rescate de saberes tradicionales, su aporte ha sido importante para diversificar la economía rural y fortalecer la identidad cultural de la provincia.










