Zona Retro: un portal del tiempo donde los juguetes vuelven a hablar
En Resistencia, Juan Pablo Pisarello abrió una juguetería que no solo vende juguetes, sino que devuelve a grandes y chicos la emoción de la infancia. Cada estante, cada caja, cada muñeco es un viaje al pasado y un puente entre generaciones.
Hace diez años, en su trabajo como vendedor en un comercio del centro de Resistencia, Juan Pablo comenzó a preguntarse qué le apasionaba de verdad. "Cuando era chico me encantaba jugar con juguetes. Siempre fui de imaginar mundos, de pasar horas con soldaditos, autitos, muñecos de Rambo o He-Man. Y un día decidí volver a ese lugar, pero ya como adulto, para compartirlo con otros", recuerda.

Lo que empezó como un hobby —coleccionar Playmobil— se convirtió en una pasión que traspasó la nostalgia y encontró un camino laboral. Hace dos años y medio, esa pasión cristalizó en Zona Retro, un local que hoy se ha convertido en un refugio para quienes buscan revivir recuerdos de infancia o descubrirlos por primera vez.
UNA EXPERIENCIA ÚNICA
Entrar a la juguetería no es como entrar a cualquier comercio. Los visitantes son recibidos por vitrinas llenas de objetos que parecen haber viajado en el tiempo. Cada juguete conserva su caja original, su historia y el detalle que lo hace especial.
"Acá la alegría no está solo en vender. Cuando llega una caja, es como Navidad. Abrir cada juguete, examinarlo, mostrarlo, contar su historia… es volver a ser chico por un rato", confiesa Juan Pablo.

Los clientes no solo compran, sino que se sumergen en la experiencia. "Lo mejor es ver la reacción de la gente: ‘No veía esto hace treinta años’. Algunos se emocionan, otros traen a sus hijos o nietos para enseñarles lo que era jugar antes de las pantallas. Eso es impagable", asegura.
LA RED DEL COLECCIONISMO
Detrás de cada juguete hay un mundo poco conocido: una red de coleccionistas, ferias, grupos de WhatsApp y Facebook donde los fanáticos del retro comparten, venden e intercambian. "Somos muy colaborativos. Este es un mundo distinto, pero que crece cada vez más. Hay gente de Buenos Aires, Rosario, Córdoba, La Rioja, y también de Resistencia que nos trae piezas de colección", explica.
La mercadería proviene de distintos lugares: depósitos de fábrica, juguetes que nunca se vendieron, colecciones personales que cambian de dueño. Incluso hay compras y canjes locales. Todo esto permite que la juguetería ofrezca tanto piezas nostálgicas como objetos que los padres pueden compartir con sus hijos, acercando varias generaciones al mismo tiempo.

JOYITAS QUE CUENTAN HISTORIAS
Cada juguete tiene un valor que va más allá del dinero: es la memoria de una época, el recuerdo de una infancia. Juan Pablo destaca varias piezas que son verdaderas joyas:
- El castillo de He-Man, símbolo de deseo de toda una generación.
- La pista Scalextric de los años 70, conservada con su caja original y funcional.
- El avión de GI Joe, restaurado con piezas impresas en 3D para conservar su forma original.
Su propio Rambo, completo y cuidado desde la infancia. "Ese no está en venta, es mi amuleto. Lo cuidé siempre, y ahora siento que me cuida a mí", confiesa.
Hay juguetes de todos los tipos y épocas: camioncitos de chapa, juegos manuales de habilidad, pelotas "pulpo" de los 80, yoyós, tiki-taca, soldaditos. Incluso juguetes actuales conviven con los retro para acercar la experiencia a todos los públicos.
LA NOSTALGIA COMO PUENTE
Zona Retro no solo es un comercio: es un puente entre generaciones. Padres, hijos y abuelos recorren juntos los estantes, redescubriendo juegos que alguna vez formaron parte de sus vidas. "Vienen chicos que todavía se interesan, aunque muchos crezcan con pantallas. Para mí es una caricia al alma ver cómo preguntan: ‘Papá, ¿qué es esto?’", cuenta Juan Pablo.
La nostalgia no es solo un sentimiento individual: se comparte. Algunos visitantes festejan cumpleaños en clave retro, traen juguetes a amigos o simplemente regresan para revivir sensaciones olvidadas. Ese intercambio convierte la juguetería en un espacio vivo, donde los recuerdos se hacen tangibles y se multiplican.
EL VALOR DE CADA PIEZA
Juan Pablo no se limita a vender juguetes; investiga, restaura y conserva cada objeto. Incluso los juguetes eléctricos o de colección que requieren reparación reciben un tratamiento especial para funcionar como en su época. "No me dedico mucho a lo eléctrico, pero cuando llega algo especial, como una pista Scalextric, hacemos todo lo posible para que funcione y conserve su valor histórico", explica.

Cada juguete es una cápsula de memoria. El avión de GI Joe, restaurado con impresión 3D, permite a los visitantes imaginar aventuras que hace décadas eran parte de la infancia de muchos. La pistita Scalextric y los autitos de chapa remiten a tardes enteras de juego en patios y salones. Y los clásicos Rambo o He-Man son testigos silenciosos de una pasión que se mantiene viva.
UN ESPACIO QUE CRECE CON LA COMUNIDAD
La juguería también es un espacio de interacción: Juan Pablo compra, vende y hace canjes con clientes, coleccionistas y vecinos. Muchos traen piezas de colección para que otros las disfruten; otros buscan joyas que les recuerden su infancia. Todo se organiza en una red que combina comercio, amistad y nostalgia.
"Hay piezas que llegan de Rosario, Buenos Aires, Córdoba, La Rioja… y otras que vienen de acá mismo, de gente que quiere que los juguetes tengan una nueva vida. Eso hace que cada visita sea diferente y que siempre haya algo para descubrir", explica.

LA EMOCIÓN DEL VISITANTE
No hay gesto más sincero que el de quien se emociona al descubrir algo que creía perdido en el tiempo. "Suele pasar que alguien entra y se le llenan los ojos de lágrimas. Luego me dice: ‘Voy a volver y traer amigos’. Eso es lo que me mueve a seguir", asegura Juan Pablo.
Cada recorrido por Zona Retro es distinto: un adulto revive su infancia, un niño descubre un mundo desconocido, un coleccionista encuentra la pieza que faltaba. La juguetería se convierte en un espacio de encuentro y emoción, donde lo lúdico y lo sentimental se cruzan.
UN PORTAL DEL TIEMPO ABIERTO AL PÚBLICO
Juan Pablo invita a todos a recorrer el lugar. "Yo digo que este es el portal del tiempo. Está en Juan B. Justo 1030 y siempre está abierto para quienes quieran volver a ser chicos por un rato. También comparto novedades en Instagram, @zonaretrojugueria, para que todos vean lo que va llegando", explica.
Al salir de Zona Retro, la ciudad parece la misma, pero algo cambia: la certeza de que esos juguetes que alguna vez nos hicieron soñar todavía tienen el poder de emocionarnos. Cada muñeco, cada pista, cada caja es un puente entre generaciones, una oportunidad de recuperar momentos que creíamos olvidados y de compartirlos con otros.
EL LEGADO DE UNA PASIÓN
La historia de Juan Pablo y su juguetería es también un recordatorio de que las pasiones pueden convertirse en proyectos duraderos y significativos. Lo que comenzó como un hobby, una curiosidad de la infancia, se transformó en un negocio que conecta personas, genera comunidad y protege la memoria lúdica de varias generaciones.

Zona Retro no solo vende juguetes: vende recuerdos, emociones y experiencias. Cada cliente que entra, cada pieza que se exhibe y cada historia compartida alimenta un legado que va más allá de lo material. Es una celebración de la imaginación, la nostalgia y la identidad compartida.










