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Memorias de Resistencia

La primera Biela y sus mozos de aquel entonces 

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El Gallego Álvaro García, el primer dueño de La Biela, en ocasión de un viaje a Buenos Aires, compartió unas copas con su compueblano el asturiano Germán Fernández, el Obispín (llamado así porque decían que era hijo de un obispo), en La Biela de Buenos Aires, frente la Recoleta. El Obispín era dueño de La Biela y de casi todos los bares de la zona, en sociedad con otros asturianos. Este era representante del afamado café La Bolsa de Café y le ofreció la representación y lo entusiasmó con la idea de abrir un café en Resistencia, proveyéndolo del equipamiento completo, a pagar como sea.

El gallego llegó a Resistencia e inmediatamente se puso a buscar un local para abrir un café. Frente al Hotel Covadonga, don Jorge Palarich había desalquilado un local muy chiquito donde tenía una pinturería. Su propietario era don Jacinto Gil de Muro. Alquiló la propiedad, pero faltaba lo más importante: construir y sin plata.

Buscó al arquitecto Caio Andrade, recién recibido, le contó su deseo y este se puso manos a la obra, que le cobró con café y whisky. Necesitaba quien tirara el café y buscó a Alfredo, que era cafetero de El Oriente, y a Alberto, que hacía lo mismo en el Bar Nápoli. Los dos queriendo cambiar de ambiente, se engancharon en el proyecto y un 25 de mayo de 1968 abrió sus puertas La Biela. Un capítulo aparte merece tener Alfredo, su primer empleado y el más fiel de todos.

Los cajeros eran Manuel y Dani. Los primeros mozos de aquella Biela por la calle Güemes al 165 eran: Hugo Cocio, que en un principio trabajaba en el boliche Teorema. Un mozo con todas las letras, un señor y humanamente muy especial, con una sonrisa permanente a flor de labios y la mejor predisposición para con sus clientes. Otro de aquellos mozos inolvidables era Roberto Young, alto grandote, morocho, fana de River. El Gallego, por años mozo eterno. Marciano Ríos, a la postre dueño con sus colegas de Nino Bar. Corcini, un encanto de persona. Dino Paganuzzi, de procedencia uruguayo, fan de San Lorenzo y hoy empresario heladero, quizás el mejor hacedor de helados artesanales de la zona. Aguilera. Osvaldo Chamorro. Con todos ellos, a la postre y después de años, construimos una amistad.

Álvaro y Teresita García, los propietarios, cambiaron la gastronomía de la ciudad de Resistencia y las formas de atención de sus mozos, los habían adiestrado para atender de una manera familiar y con respeto a la vez. Para ello, primero los uniformaron con sacos de colores (antes eran los tradicionales pantalones negros, camisas y sacos blancos, con moños negros). 

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