Caminos soñados: la vida sobre ruedas de Leticia y Jonatan
Estos dos viajeros actualmente se encuentran en Resistencia en casa de uno de los tantos amigos que esta travesia por el país les dio.
En plena pandemia, cuando muchos temían al encierro, Leticia y Jonatan sintieron que ya vivían encerrados mucho antes. Originarios de La Plata, decidieron dar un vuelco radical. Buscaron una camioneta y la convirtieron en su nuevo hogar con sus propias manos para recorrer la Argentina.
Actualmente estos dos viajeros están en Resistencia parando en casa de un amigo que esta travesía por el país les brindó. A través de las redes sociales (Caminos Soñados) van mostrando sus aventuras por toda la Argentina.

"Vivíamos en un departamento, rodeados de cemento, medio como un botón muy encerrado", recuerda Leticia, con una mezcla de nostalgia y alivio. "Teníamos la casa, el trabajo, las vacaciones... y había algo que no nos sacaba".
"Fue investigar todo el tiempo, cómo hacer la camioneta, qué era más económico, qué se adaptaba a lo que podíamos pagar", detalla Leticia. "Siempre tratando de poner lo mejor. Acá no vamos a vivir de esto, pero sí en esto".
El proyecto no era una escapatoria, sino una búsqueda. Una manera de vivir más despiertos, más en tiempo real. "Hay algo de las vacaciones... ese bichito que te pica cuando estás viajando", dice Jonatan. "Empezó a pasar cada vez más seguido. Siempre buscábamos vacaciones más largas, queríamos estar más tiempo en el lugar, conocerlo".
Así nació su nueva vida: una casa sobre ruedas y una ruta sin destino fijo. Recorren la Argentina de norte a sur hace dos años, y después siguieron hacia Brasil y Uruguay. Allá, con otro idioma, otra cultura, y la misma camioneta, también enfrentaron sus primeros desafíos grandes.
De hecho, la camioneta los llevó a una red de afectos que jamás imaginaron. "En el camino te haces amigos que son completamente distintos a las amistades de toda la vida", cuenta Jonatan. "Por ahí los viste dos días, compartiste una semana en Chubut, hiciste un asado, y un año después los volvés a ver y es como si fueran amigos de toda la vida. La conexión no se pierde. Seguís por Instagram o WhatsApp, y sabés que están".
Porque si algo aprendieron en estos dos años y medio es que no están solos. "La gente que se acerca a lo que hacemos, comparte con nosotros. En Chaco, una familia nos vio, volvió a su casa, hizo empanadas y volvió a traérnoslas al Parque donde trabajamos. Nos invitaron al otro día a su casa. Nos bañamos, charlamos, compartimos. Esas cosas te llenan el alma".

Así, la pareja fue armando una familia extendida por todo el país. Fiestas compartidas, cenas improvisadas, abrazos en rutas y encuentros que no necesitan de mucha explicación. "Se vuelve otra forma de tener familia", dice Leticia. "Como una gran familia desparramada por todo el país".
En el camino también descubrieron otra Argentina. Una con muchas caras, colores y acentos. "La diversidad es impresionante", dice Jonatan. "Cada provincia tiene su cultura, su idiosincrasia. Vas al norte y la gente es más parca, después te cruzas con las culturas fronterizas y ves cómo se mezclan con Brasil o Paraguay... hay comidas, costumbres, palabras que se cruzan y se mezclan".
La vida en movimiento, sin embargo, está lejos del ideal de vacaciones permanentes que muchos imaginan. "Me causa gracia porque la gente piensa que estás todo el día tirado en una reposera", ríe Leticia. "Y no. Siempre estás haciendo algo: buscar agua, arreglar algo en la camioneta, cocinar, compartir. Es como una casa común, solo que con ruedas".
Dos años y medio después, Leticia y Jonatan siguen en camino. El calendario no los apura y el mapa sigue abierto. Si algo aprendieron, es que la vida se mide en intensidad y no en kilómetros. "Parece que hubieran pasado diez años", dicen. Y quizá, en cierto modo, así fue.

¿Nunca se arrepintieron?
La pregunta flota unos segundos, hasta que Jonatan la baja con calma:
"Yo en un momento, en momentos de tensión, me lo replanteé. Me dije: ¿qué hago acá? Pero después me acordé de todo lo que renegaba antes, de lo mal que estaba, de cómo no conectaba. Todo el trajín de la ciudad de La Plata, la rutina... Y me pregunté: ¿te arrepentís? Para nada. Esto me trajo experiencia, conexión con la gente, y, sobre todo, conmigo mismo. Porque el viaje es eso: es conectarte con uno".
Por su parte Leticia agrega: "Tenés que elegirla. Si vas por tu sueño, va a llegar el momento en que vas a decir: ‘dale, lo hacemos’. Y vas a tener miedo, sí. Lo tenés que hacer con miedo. Hay que dejar las excusas de lado si realmente es tu sueño. Agarrar el miedo, abrazarlo y decir: vamos".
Y concluye con una reflexión: "Viajar es conocer, es tener esta experiencia de vida. Sabemos que lo nuestro fue extremo, que no todos se van a vivir sobre ruedas. Pero que no se queden con las ganas. Que lo intenten. Porque, si no, solo les va a quedar el ‘qué hubiera pasado’. Y eso pesa más que cualquier mochila".










