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Raúl Monsegur y su impronta en Resistencia: murales de la plaza 25 de Mayo

Nació el 30 de julio de 1913, en Buenos Aires. Asistió en París a cursos en el taller de Andreé Lhote (1927-1928) y luego a la Academia de la Grande Chaumiére.

De regreso al país, vivió durante varios años en una casa flotante diseñada por él mismo, la "Teresa Marina", que a la vez era su atelier en el delta del Paraná, que sirvió como referente pictórico de un período de su producción.

Allí vivió con su familia durante seis años navegando constantemente por el Paraná, identificándose de manera entrañable con el río, el ambiente y el hombre del Delta. El junquero fue el principal personaje de su obra. De vuelta en tierra firme, decidió instalarse en Tigre, abrió su taller y vivió allí los últimos años de su vida. A partir de 1954, realizó una intensa labor como muralista en galerías, residencias particulares y edificios públicos.

Dictó conferencias sobre historia de la pintura, técnicas de mural, etc. Realizó exposiciones individuales y participó en muestras colectivas, entre ellas la de «150 años de Pintura Argentina», organizada por el Museo Nacional de Bellas Artes. Raúl A. Monsegur, fue un artista plástico de vasta trayectoria.

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Raúl Monsegur y su impronta en Resistencia: murales de la plaza 25 de Mayo

Los murales de la plaza de Raúl Monsegur

Como decía la arquitecta Marcela Bernardi. En 1961 el Fogón lanza una nueva campaña de "embellecimiento de la ciudad". La idea consistía en arreglar los jardines particulares, las plazas y las banquinas, llenarlos de verde, de flores, de esculturas, murales, y estatuas.

La relación de la gente común con la obra de arte en la vía pública fue controvertida: algunos la aceptaban, otros la rechazaban, pero poco a poco esto se fue incorporando al imaginario urbano. De esta manera, nació Resistencia, ciudad de las esculturas gracias a la visión de futuro de un pionero: Aldo Boglietti (fundador del Fogón).

Cuando en 1961 Boglietti lanzó la campaña de "embellecimiento de la ciudad", los fogoneros invitaron a Monsegur a realizar los primeros murales a cielo abierto en la ciudad. Por vez primera, en Resistencia el mural era pensado desde otra perspectiva, no como una parte que componía la arquitectura sino como una entidad: "el muro como soporte de arte".

De esta manera, se concretaba la idea de que el arte fuera masivo, que pudiera estar al alcance de todos y no solo a partir del producto terminado, sino desde la gestación del mismo como proceso artístico.

Quizás fue el primer antecedente en la plaza, donde un artista comparte con el público la creación de la obra, explica el proceso, la temática y las técnicas, tal y como se vive hoy en las Bienales de Escultura. El tópico de los murales básicamente está relacionado con la región, la forma de vida de la gente, sus mitos y sus costumbres.

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