El engaño a jóvenes paraguayos a quienes obligaban a vender droga
La organización criminal operaba en los partidos de Moreno y José C. Paz. En una serie de allanamientos, la Policía Bonaerense arrestó a cinco sospechosos.
Una banda narco que operaba en la zona Oeste del conurbano bonaerense fue desbaratada tras nueve allanamientos en los partidos de Moreno y José C. Paz. Según la investigación, los líderes captaban jóvenes paraguayos con ofertas falsas de trabajo en la construcción, los traían engañados hasta la Argentina y, una vez en el país, los sometían, les quitaban sus documentos y teléfonos y los obligaban a vender drogas.

Los operativos fueron el resultado de una investigación que arrancó en mayo pasado, cuando distintas fuerzas policiales pusieron el foco en la actividad de narcomenudeo en barrios populares de la localidad de Cuartel V y la ciudad de José C. Paz.En la causa intervienen la Unidad Funcional de Instrucción 12 de Moreno-General Rodríguez, a cargo del fiscal Ezequiel Feeydier, y el Juzgado de Garantías 1, que conduce la jueza Adriana Julián.
Tras meses de vigilancia, grabaciones y el aporte de vecinos, se comprobó que la organización criminal tenía una estructura rígida, roles diferenciados y usaba la violencia como forma de control territorial.
El líder señalado por los investigadores es un hombre conocido en su entorno como "Piky", de nacionalidad paraguaya. Y tenía como mano derecha a su propio sobrino, Sergio René Portillo Martínez, de 24 años, quien quedó entre los detenidos tras los procedimientos, que se realizaron la semana pasada y concluyeron con el arresto de otros cuatro sospechosos: tres hombres de 22, 26 y 29 años y una mujer de 23 años.De acuerdo a fuentes del caso, el grupo seleccionaba jóvenes en Paraguay, siempre varones, a quienes les ofrecían empleo en la construcción y hasta cubrían el viaje hasta Buenos Aires.

La propuesta era tentadora. Sin embargo, al llegar, la vida de estas personas cambiaba abruptamente: los recibía gente armada, que los trasladaba a casas tomadas y los despojaba de sus identificaciones, del dinero y de sus celulares. A partir de ese momento quedaban aislados y, bajo amenaza de armas y malos tratos físicos, recibían la orden de ponerse a vender drogas en distintos puntos del barrio.
Los jóvenes eran distribuidos en los llamados "búnkeres", donde pasaban días enteros sin salir, bajo turnos forzados de 24 horas, con poco o nada de alimento y bajo permanente control de miembros armados de la organización. Algunos pudieron escaparse, pero fueron recapturados nuevamente y recibieron más golpizas y amenazas.
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