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Charata despide a Casa Guilañá, el local que horneó más de un siglo de historia

Fundada en 1914, cierra suspuertas en la ciudad un lugar que ha sido pan, familia y memoria para varias generaciones.

Charata está de duelo. Y no por una tragedia, sino por la despedida silenciosa de una parte entrañable de su identidad. Tras más de 110 años de trabajo ininterrumpido, la histórica panadería y bazar, conocida por todos como "Casa Guilañá", bajará sus persianas y cerrará un capítulo clave en la historia de la Perla del Oeste.

Fundada en 1914 como Almacén El Cañón por don José Raimundo Guilañá, pionero que llegó con su familia a estas tierras cuando la ciudad apenas comenzaba a nacer, el local atravesó el siglo pasado, resistió crisis, transformaciones y el paso del tiempo sin perder su esencia: el trato familiar, el aroma del pan recién horneado y ese rincón donde los vecinos sabían que siempre había una sonrisa esperándolos.

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La histórica esquina de Charata, hoy venida a menos. Los propietarios decidieron dar paso a un nuevo emprendimiento en beneficio de la ciudad.

"El pueblo siempre nos dio mucho, y sentimos que cumplimos un ciclo en la historia de Charata", dijeron emocionados José (a punto de cumplir 74 años) y Luis, quienes estuvieron al frente del negocio por más de medio siglo.

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Los hermanos José y Luis Guilañá, historia viviente de la Perla del Oeste. Más de cincuenta años al frente del comercio familiar.

UN ADIÓS QUE DUELE, PERO QUE HONRA

No hay razones económicas detrás del cierre. "Cuando estuvimos al frente, siempre se vendió. Pero los años se me van, y no puedo seguir", reconoció José. A su lado, Luis completó: "Es una nostalgia. Es un duelo, pero llegó a su fin".

Durante estos días comenzarán a liquidar la mercadería del bazar que también funcionaba en el local. La idea de los propietarios es alquilar el espacio y darle paso a un nuevo emprendimiento (en principio, sería un "Supermercado chino"). "Hay que mejorar la esquina, hay que mejorar el pueblo", reflexionan, con ese compromiso intacto hacia su ciudad.

"No quiero seguir, ya cumplí con lo que tenía que cumplir. Los años se me van también, la gente tampoco cumple con el trabajo y cada vez son más los problemas. Y tengo que decir: hasta acá llegue", agrega José en una entrevista que replica @movilerocharata

Es uno de los primeros negocios que se inició en la ciudad. Mi abuelo, cuando llegó a Charata, se inició en la chacra detrás del cementerio viejo. José descarta problemas económicos para tomar esta determinación, ya que "cuando nosotros estuvimos al frente, siempre se vendió", asegura. Y cierra: "No hace falta que digamos que no vendemos porque no es cierto".

A su lado, Luis dice: "Es una nostalgia para nosotros dejar esto. Es un duelo, pero llegó a su fin". "Hay que mejorar la esquina, hay que mejorar el pueblo, hay que mejorar muchas cosas. Le daremos paso a otro negocio con más expectativas", reconoce. Y deja su agradecimiento a la comunidad: "El pueblo siempre nos respondió mucho, comprando y alentándonos". "Todos nuestros clientes se sorprenden y nos dicen ´cómo van a cerrar´. Pero no se puede seguir", concluyen.

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Foto de archivo histórico de la calle Güemes, todavía de tierra, en la cuadra donde se instaló la aún conservada panadería y la casa familiar.

MÁS QUE PAN, UN PEDAZO DE HISTORIA

Casa Guilañá fue mucho más que una panadería. Fue punto de encuentro, lugar de charlas, parada obligada de cada mañana. Fue ese rincón donde los chicos iban por bizcochos calientes y los adultos por facturas y consejos. Fue parte del paisaje urbano y sentimental de Charata, publica CharataChaco.net

"No estamos cerrando un negocio, estamos despidiendo una historia que nos pertenece a todos", dijo conmovido un funcionario municipal que se acercó a saludar a la familia Guilañá. Y no exageró: con esta despedida, Charata pierde uno de sus últimos íconos centenarios vivos, testigo del crecimiento de la ciudad desde sus cimientos. En tiempos de vértigo y olvidos, el cierre de Casa Guilañá recuerda que la memoria colectiva también se hornea, se comparte, se abraza y, a veces, se llora.

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