Oscar Mario Jorge
Falleció en Santa Rosa, capital de la provincia de La Pampa, el contador Oscar Mario Jorge a los 88 años. Me avisó un amigo. Me motivó escribir estas líneas, porque para los chaqueños, casi en su totalidad, la pregunta será: "¿Y?" Porque en este país centralizado, donde, del interior, los medios "nacionales" –que son en realidad porteños–, se ocupan solo frente a tragedias climáticas, crímenes horrendos, o hechos de corrupción destacables que puedan ser ocupados políticamente por el poder de turno, esto no es noticia.
Les cuento una de las causas por las que escribo: de 1973 a 1976 fue contador general de la Provincia de La Pampa y de 1983-1989 ministro de Economía. Luego de 1990 a 1991: elegido por la comunidad universitaria rector de la Universidad Nacional de La Pampa. Con posterioridad, de 1991 a 2003, fue intendente de Santa Rosa por tres períodos; y de 2003 a 2007, presidente del Banco de La Pampa.

En las elecciones del 28 de octubre de 2007 fue elegido gobernador de La Pampa, con 47,26% de los votos; y en 2011, durante las elecciones del 23 octubre, fue reelecto como gobernador, con el 46% de los votos. Para definir bien su perfil, debe decirse que desde 1965 se desempeñó como docente en la Cátedra de Contabilidad Pública de la Universidad Nacional, de la que fue elegido profesor titular por concurso en 1979. Se desempeñó también como profesor adjunto de la cátedra de Finanzas.
Hasta aquí, una de las causas por la que escribo, rescatar la trayectoria de un ciudadano comprometido; pero otra es preguntarme ¿por qué los medios que llenan la cabeza de los argentinos de a pie no rescatan estos ejemplos? Porque se contrapone con el interés de mostrar que todos los políticos son malos, corruptos, delincuentes, induciendo a que lo malo es la política.
Eso es lo que permite –frente al descreimiento creado en la ciudadanía– que cualquiera pueda adueñarse del poder sobre la base de consignas que florezcan en el descreimiento sembrado. Es cierto que me une a la figura de Oscar Mario Jorge una relación de respeto y afecto. Compartimos como ministros de Economía de provincias el período 1983 – 1987 e integramos la comisión de los cinco, con radicales e independientes que plasmaron el actual sistema de coparticipación federal que aún no fue reformado, a pesar del mandato de la Constitución renovada en 1994.
Los raquíticos partidos políticos de nuestro tiempo deberían esforzarse por arrimar a sus filas a ciudadanos formados y comprometidos con sus idearios. No vale que se acerquen los que ven solo la posibilidad de conseguir un trabajo o mejorar su vida personal. Para ello hay que militar ideas y ser generosos con los espacios y los que lleguen tienen que tener convicciones y no estar dispuestos a abandonarlas.
En la sociedad consumista, y por sobre todas las cosas, individualista, es difícil la tarea. Hay pocos espacios para hablar de estas cosas. Por eso vale preguntarse: ¿Jorge es único? Para mí, la repuesta es no, hay muchos, a lo largo y a lo ancho del país, que con verdadera vocación de servicio abandonan el individualismo, salen de la cápsula y se brindan a ocuparse de las cosas de los demás.
Entiendo hay que ayudar a que broten para que maten con su presencia la peor enfermedad que es el descreimiento. Esta es una tarea de los militantes políticos en serio. De los que son capaces de generar estructuras sanas con compromiso. Los que son capaces de rebatir las críticas con argumentos y tener la humildad de aceptar los errores de los cuales nadie está exento.
Escribo estas líneas en paz, porque hace unos años, cargué combustible en la camioneta y me fui a La Pampa, solo para reunirme un rato con él y con otro compañero, Rubén Marín, a tenor de que por edad podía ser el último encuentro y así fue porque es la ley de la vida. Cristiana resignación para familiares, amigos y compañeros, pero fundamentalmente, orgullo de haberlo tenido.










