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Cómo cuidar la ganadería ante la voracidad del clima

La recuperación productiva y sanitaria del rodeo tras las inundaciones requiere planificación, asistencia técnica y decisiones estratégicas para evitar consecuencias a largo plazo.

SÁENZ PEÑA (Agencia). Las inundaciones que afectaron recientemente a varias zonas ganaderas del país, especialmente en zonas de la provincia de Formosa, dejaron un panorama complejo en los establecimientos agropecuarios.

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El agua no solo arrasó con potreros y caminos, sino que también puso en riesgo la vida del ganado, afectó a la calidad de los forrajes, degradó los suelos y encendió alertas sanitarias por posibles brotes de enfermedades. En este contexto, expertos del INTA señalan que la clave para evitar una crisis mayor es actuar con planificación y conocimiento técnico.

"El productor que ha pasado una inundación enfrenta no solo la pérdida inmediata, sino un largo proceso de recuperación que puede extenderse meses o incluso años", advierte Federico Miranda, técnico del INTA El Colorado (Formosa). "Y lo primero que debe entenderse es que el impacto no se limita a lo visible. Hay procesos en el suelo, las plantas y los animales que requieren una respuesta estratégica."

Alimentación de emergencia, clave para la supervivencia

Uno de los desafíos más urgentes es la alimentación del rodeo, sobre todo cuando ha debido ser evacuado o se encuentra varado en zonas con escasos recursos forrajeros. Los animales -particularmente vacas preñadas y con cría- sufren un importante desgaste energético al atravesar zonas anegadas o caminar largas distancias hacia terrenos altos.

En situaciones críticas, se recomienda suministrar heno de buena calidad, que contenga al menos un 8 % de proteína y un 50 % de TND (Total de Nutrientes Digestibles). El ganado consume entre el 2,5 y el 3 % de su peso vivo en materia seca. Si el forraje disponible no cumple con los requerimientos, es indispensable incorporar concentrados proteicos que activen el consumo del heno disponible.

El suelo también sufre: deterioro y malezas

En paralelo al bienestar animal, la recuperación del suelo y las pasturas es otro frente crítico. Según estimaciones técnicas, la producción de forraje puede reducirse entre un 25 % y un 30 % tras una inundación.

La cobertura vegetal mínima aceptable debería ser del 60 %. Si está por debajo, se recomienda la resiembra o, al menos, la clausura temporal del potrero. El agua también puede modificar la salinidad del perfil, dañar raíces, alterar puntos de crecimiento y generar condiciones para que ingresen especies no habituales, arrastradas desde cuencas más altas.

Riesgo sanitario: enfermedades y prevención

El hacinamiento, el barro y la proliferación de insectos tras una inundación generan condiciones ideales para la aparición de enfermedades infecciosas como la neumonía, la leptospirosis, infecciones podales (pietín) y enfermedades clostridiales.

En el caso de que granos y henos hayan sido afectados por la inundación, pueden estar contaminados con moho, resultando tóxico para el animal y usualmente perdiendo su valor nutritivo. El suministrar alimentos contaminados con moho puede hacer que los animales dejen de comer, se depriman, aborten y mueran en casos extremos. La inhalación de partículas provenientes de alimentos contaminados con moho puede causar el desarrollo de enfermedades respiratorias, siendo los animales jóvenes más susceptibles que los adultos. Es importante que el productor se asesore con un médico veterinario y lleve un monitoreo constante del estado de sus animales.

El costo de no planificar

La recuperación no se agota con el retiro del agua. De hecho, los efectos más dañinos muchas veces se manifiestan en el mediano y largo plazo. No planificar puede derivar en pérdida de fertilidad del suelo, degradación del forraje, mayor carga de malezas y problemas crónicos en el rodeo.

"La recuperación efectiva del rodeo y los suelos tras una inundación requiere intervenciones técnicas inmediatas, como la suplementación nutricional adecuada, el monitoreo sanitario estricto y la rehabilitación estratégica de pasturas, para mitigar pérdidas productivas y evitar secuelas a largo plazo en el ecosistema agropecuario", concluye Miranda.

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