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Servicio de colectivos en peligro de extinción

Vecinos del barrio Barrio 17 de Julio en jaque por la crisis del transporte público

En el corazón del barrio 17 de Julio, en Resistencia, la vida cotidiana de cientos de vecinos está en jaque. ¿La causa? El cada vez más deficiente servicio de colectivos de la Línea 2, el único medio de transporte público que ingresa a la zona.

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Vecinos del barrio Barrio 17 de Julio en jaque por la crisis del transporte público.

A simple vista parece increíble que casi un barrio entero quede literalmente aislado ante la escasez de colectivos, pero para quienes estudian y trabajan, es la realidad que deben sortear cada día. Además, se trata de una de las barriadas más australes de la capital chaqueña. 

La odisea diaria comienza en la espera. Según datos oficiales de la Subsecretaría de Transporte del Chaco, ningún usuario debería esperar más de 40 minutos para subirse a un colectivo, pero los testimonios de los habitantes del 17 de Julio pintan un panorama mucho más crudo: demoras de hasta una hora y media, y días completos —fines de semana, por ejemplo— en que las unidades simplemente no aparecen. 

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La falta de higiene, otra de las marcas registradas de la Línea 2. Foto: archivo.

Los relatos de los vecinos son puntuales y desgarradores. "El sábado estábamos un grupo esperando y no entró ningún colectivo". Así, entre la resignación y el enojo, explican cómo dependen de favores de conocidos o de otros servicios para simplemente llegar a destino.

Entre los más perjudicados, sin lugar a dudas, están los chicos y chicas que deben asistir a clases. El último coche pasa muy temprano, y quienes tienen turno tarde se ven obligados a caminar largas distancias para llegar a casa, muchas veces bajo la oscuridad y la inseguridad. 

"Hay veces que los chicos van a la escuela y a veces que no, porque no tenemos cómo llevarlos. Nos perjudican a las criaturas", relata una madre preocupada, que además reclama respuestas a las autoridades. Otros directamente confiesan que han tenido que retirar a sus hijos antes del horario de salida para evitar dejarlos varados sin colectivo.

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Muchos pasajeros deben acudir a un sistema de transporte por aplicaciones para la vuelta a casa, con el alto coste que implica para la economía familiar.

Colegios, jardines de infantes, trabajos en pleno centro, trámites en oficinas públicas: todas las actividades de los vecinos del 17 de Julio están condicionadas por la incertidumbre del colectivo

La rutina se vuelve una carrera de obstáculos: estudiantes que llegan tarde a las escuelas y no pueden justificar los retrasos, madres esperando en paradas cada vez más vacías, trabajadores que deben invertir gran parte de su día sólo para cumplir con horarios. Nada es sencillo ni seguro, y la brecha entre el servicio que debería existir y el que efectivamente se brinda crece más y más.

La frustración aumenta cuando los vecinos aseguran haber buscado respuestas en la empresa prestadora, ERSA, y en las dependencias oficiales. "Fuimos a ver y hay muchísimos colectivos parados en el depósito", se quejan, sin entender por qué no se refuerza la frecuencia o se suman unidades, en lugar de permitir que la barriada quede incomunicada.

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Ganchos desprendidos, hierros oxidados y sueltos en algunas de las unidades de la Línea 2.

"Para mí hay que sacarle la concesión y que pongan otra empresa", se anima a proponer uno de los nuevos habitantes del barrio, sorprendido por la falta de soluciones.

Ni siquiera las calles anegadas o el estado de las unidades —que según testimonios "están rotas y a punto de quedarse"— explican que el servicio sea tan irregular en días de buen tiempo o con alta demanda. Las mujeres y niñas sufren una inseguridad extra cuando deben esperar de noche o caminar por la ruta para llegar a casa. La lluvia, en vez de explicar demoras, se convierte en un agravante.

El barrio 17 de Julio lucha diariamente con una problemática que excede lo meramente logístico: la calidad de vida, el acceso a la escolaridad y la seguridad de sus habitantes penden de la solvencia del servicio de transporte público. En tiempos en que la igualdad de oportunidades debería ser noticia, los colectivos ausentes son una traba silenciosa pero constante, que margina sin distinciones a quienes sólo quieren llegar a tiempo a donde la vida los necesita.

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