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Un problema que se cobra vidas inocentes

Inseguridad vial provocada por fuerzas policiales

En los últimos años, una problemática viene cobrando notoriedad en ciudades y municipios de todo el país: las muertes y lesiones causadas por vehículos policiales durante operativos rutinarios o supuestas persecuciones.

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    Un informe realizado por Andrés Snitcofsky, diseñador especializado en visualización de datos, pone sobre la mesa una realidad alarmante: las fuerzas de seguridad están generando un riesgo cada vez mayor para la población civil, especialmente en entornos urbanos.

   Según su análisis, basado en información pública y registros periodísticos compartidos en redes sociales, en los últimos diez días de abril de 2025, dos patrulleros —uno de la Policía de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (bajo el mando del jefe de gobierno, Jorge Macri) y otro perteneciente al Municipio de Lanús (liderado por Julián Álvarez)— atropellaron y mataron a motociclistas inocentes en hechos que generan conmoción social. Estos casos no son aislados, sino parte de un patrón repetitivo que se repite en múltiples jurisdicciones.

Persecuciones ilegales, tragedias evitables

   Snitcofsky señala que la tecnología disponible hoy en día —cámaras de vigilancia, cámaras corporales, drones y sistemas de comunicación— permite registrar claramente estas situaciones –y permitiría hacer un seguimiento de sospechosos y/o delincuentes sin necesidad de exponer a toda la comunidad a sus peligrosas y a veces mortales consecuencias

   Sin embargo, destaca Snitcofsky, aún se permiten operativos peligrosos como persecuciones a alta velocidad en zonas urbanas, donde se violan sistemáticamente las normas de tránsito y se ponen en peligro vidas civiles.

   Un ejemplo reciente ocurrió en Tigre, cuando un vehículo policial intentó detener a un conductor que escapaba de un control. El resultado fue una maniobra arriesgada que terminó con un agente herido y un patrullero chocando al sospechoso para frenarlo. "¿Dónde está la capacitación? ¿Qué protocolo permite que un oficial maneje así un vehículo urbano?", se pregunta Snitcofsky.

   El caso de Quilmes también es representativo: un patrullero perdió el control y atropelló a una mujer que llevaba a su hijo en brazos. Aunque el hecho no fue fatal, la gravedad de la situación puso en evidencia la falta de criterio y habilidad al volante por parte de algunos agentes.

Falta de respuesta institucional

   Pese a las numerosas denuncias, videos y reportes periodísticos, muy pocas autoridades locales o nacionales han tomado cartas en el asunto. En Morón, por ejemplo, un conductor fugitivo atropelló a un motociclista, pero ningún patrullero detuvo su marcha para asistir a la víctima. La indiferencia policial generó indignación y preguntas sobre la formación real de los agentes en situaciones de emergencia.

   "La inacción manda", dice Snitcofsky, refiriéndose a un video difundido desde Rosario, donde un patrullero en contramano atropelló a una mujer y varios oficiales se limitaron a observar sin intervenir. Esta actitud refleja una cultura institucional que prioriza la imagen de acción frente a la responsabilidad real en el cumplimiento del deber.

Problema nacional con raíces profundas

   Lomas de Zamora, la localidad de San Martín en el Chaco, La Matanza y Corrientes también figuran en la lista de localidades donde vehículos policiales han sido protagonistas de siniestros viales con víctimas fatales. Muchos de estos hechos quedan impunes o sin investigaciones serias, alimentando una sensación de impunidad que solo perpetúa el problema.

   Snitcofsky advierte que esto no se trata de unas pocas "manzanas podridas", sino de una falla estructural: formación insuficiente, falta de supervisión, políticas de seguridad orientadas a la espectacularidad y una mentalidad reactiva que prioriza la persecución sobre la protecciónciudadana.

Más allá de la estadística

   El informe también destaca una comparación escalofriante: en la Ciudad de Buenos Aires, entre 2016 y la actualidad, la cantidad de muertes viales supera o iguala año a año los homicidios dolosos. Datos oficiales respaldan esta afirmación, lo cual plantea una contradicción: mientras los medios y las campañas de seguridad suelen centrarse en la delincuencia callejera, la inseguridad vial pasa inadvertida.

   "¿Por qué no hablamos de la ‘inseguridad’ vial si mata tanto o más que otros tipos de violencia?", cuestiona Snitcofsky. Su respuesta apunta a intereses políticos, visibilidad mediática y la dificultad de asignar responsabilidades claras en accidentes complejos.

Hacia una solución necesaria

   Snitcofsky propone cambios urgentes: prohibir persecuciones a alta velocidad en áreas urbanas, establecer protocolos claros de intervención, mejorar la capacitación de los agentes en conducción defensiva y aumentar la transparencia en los procesos de investigación tras cada incidente.

   Además, sugiere que los gobiernos locales deben rendir cuentas públicas sobre los índices de accidentalidad vinculados a vehículos oficiales, incluyendo estadísticas, responsables y medidas correctivas adoptadas.

   Mientras tanto, las familias de las víctimas esperan justicia, como el marido de la mujer atropellada en Lomas de Zamora, quien contó cómo tuvo que bajar a su esposa del techo del patrullero que la mató. Historias como esa no pueden seguir siendo invisibilizadas.

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