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Opinión

¿Cuánto nos perjudica no tener proyecto educativo?

(Tercera entrega)

Señor director de NORTE:

El viejo mundo se cae, renace el caos. Trump detona la globalización neoliberal, los aranceles sobre las importaciones a Estados Unidos refuerzan una guerra comercial inaudita, el nacionalismo de las potencias lleva implícitas —como antaño— las corrientes de ultraderecha que recorren el mundo como avanzada de nuevas guerras expansionistas. Nuestro país se sumerge en un retorno al siglo XIX, sin perspectivas de salida.

¿Puede esta introducción tener algo que ver con el sistema educativo? Todo. Si ante la gran depresión de la década del 30 del siglo pasado, el capitalismo salió adelante con la Segunda Guerra Mundial, ochenta años después esta etapa parece abrirse a múltiples frentes de combate regionales, en los que las naciones dependientes y emergentes llevan —una vez más— todas las de perder.

En ese contexto, renunciar a concebir un sistema educativo que a través del diálogo y la participación pueda disponer de forma autónoma y solidaria su inserción en la complejidad de un ecosistema dominado por la tecnología, significa una toma de posición de lamentables consecuencias.

 Al igual que las crisis económicas en el primer mundo, que desatan sus daños colaterales al interior de nuestros países dependientes, los grandes desarrollos tecnológicos impactan aquí primero mediante sus peores secuelas. 

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Por ejemplo, mientras el gobierno nacional y su aliado provincial desfinancian la educación, se elimina el ministerio del área, y se empobrece a los docentes, la niñez y la juventud son dejadas a la deriva respecto de la mala influencia de las pantallas y las redes sociales. El grooming, el ciberacoso, la ludopatía, la dependencia del celular, y el consumo cotidiano de mensajes de odio, que conducen al aislamiento, a la desconexión con el entorno, se extienden de manera transversal en la sociedad y las escuelas no saben cómo incidir en esa deriva.

Fue en 2020, durante la pandemia, cuando desde el colectivo "Educadores Populares" propusimos consolidar algunos ejes de la escuela pública en torno de la comunidad y de las capacidades y saberes previos. 

Decíamos entonces que de esa necesaria proximidad entre la institución más valorada por las familias, y sus integrantes —reconocidos y jerarquizados— podía pensarse una sólida combinación para enfrentar con suerte a la despersonalización y alienación impuestas por la cultura tecno conservadora.

Reclamamos entonces —sin abandonar la carrera de la innovación y dándole la orientación de nuestro desarrollo—, fortalecernos en aquello que al modelo cultural imperante más le cuesta desterrar, hablamos de una cosmovisión holística, una perspectiva integral que rescate el valor de cada aporte, orientada hacia aquello que la tecnología y el algoritmo ignoran. 

Los lazos humanos que en nuestro país y en Latinoamérica subsisten, y que encontramos en las familias, en las cooperadoras, en los clubes y bibliotecas populares, y por supuesto en torno a instituciones estatales y descentralizadas —Inta, Incaa, entre otras—, para dar contenido a la educación para el futuro.

La educación chaqueña, cuando el ajuste no alcanza para mostrar obras y cemento, queda acotada al anuncio parroquial, al discurso de efemérides, y a la igualmente fugaz "cultura del evento". Un ejemplo de esa "cultura" son los shows montados cada tanto (la última "cumbre" tuvo lugar esta semana en el Centro de Convenciones Gala), que pretenden subsanar la brecha tecnológica y de calidad educativa, con alguna charla de ocasión y la exhibición de ciertas experiencias áulicas (más producto del interés y esfuerzo de docentes aislados, que resultado de un plan sistemático).

Si el ministerio de educación chaqueño se manifiesta incapaz o desinteresado sobre estas cuestiones, como un reflejo maquinal de sus mentores en el gobierno nacional, nada impide a la comunidad organizada, consciente de las necesidades y de los reclamos en cada institución, construir las redes de encuentro y reflexión en torno a las dinámicas educativas contemporáneas.

Las dilaciones incurridas adrede, por una gestión que teme al diálogo y al debate, no debieran ser imitadas por otros actores —como los sindicatos, que descansan en el reclamo esporádico de un "congreso educativo"—, ya que las mismas universidades e institutos terciarios, podrían convocar estos espacios de propuesta y articulación. 

Nada más revolucionario que la "articulación", una deuda del Estado y de sus agentes directivos sobre todo. Decir que fueron vanos los esfuerzos de articulación desde el propio campo popular, habla a las claras de los déficits de formación y de voluntad política para disputar en serio la orientación educativa.

Por algo Brasil y algunos países europeos empezaron a adoptar diferentes criterios de observación y control sobre las plataformas que monopolizan las nuevas tecnologías (X, Meta, Google) en distintos ámbitos, sobre todo educativos. 

No es extraño que vayamos a la zaga de esas iniciativas, ya que como país estamos más cerca de la neocolonia que de la independencia, y el experimento social libertario da la espalda a nuestro desarrollo soberano. 

CARLOS DAVEL QUIRÓS

INSTITUTO DE ESTUDIOS NÉSTOR DUCA

RESISTENCIA 

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