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Argentina vuelve al Fondo de los problemas y Milei rompe el récord

Con la nueva "ayuda" otorgada por el FMI, la deuda con el organismo se dispara a u$s 65 mil millones. El economista Hernán Lechter explicó por qué será un fracaso. 70 años de préstamos, 24 programas, cero éxitos y una constante: la fuga de capitales.

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   (Por Frederick Larsen*) -  La Argentina, el país más endeudado de la historia con el Fondo Monetario Internacional (FMI), recibió luz verde para un nuevo paquete de ayuda de u$s 20.000 millones. Sumado al préstamo de 2018, la deuda con el organismo internacional roza los u$s 65 mil millones, una cifra récord que el presidente Javier Milei celebró como un éxito. Para conseguirlo, sin embargo, tuvo que sancionar el inicio de las negociaciones mediante decreto, evitando su rechazo en el Senado. Pero una ley de 2019 exige que el gobierno tenga cualquier nueva deuda internacional aprobada por el Parlamento, por lo que la oposición no considera legal la nueva deuda y podría desconocerla en el futuro.

   La peculiar relación entre la Argentina y el FMI, sin embargo, va mucho más allá de la situación actual. En 1948 el país se negó a unirse al FMI, pero desde 1956 –después del golpe que derrocó a Perón y realineó a Argentina con EEUU– ha hecho uso del Fondo más que cualquier otro estado. Desde entonces, la Argentina ha vivido bajo los programas del organismo durante 45 años, y ahora hay un firme consenso en que de los 24 programas aprobados en estos 70 años, ninguno ha logrado sus objetivos previstos. "No sólo no funcionaron, sino que influyeron mal en las políticas macroeconómicas del país. De hecho, a la Argentina le ha ido mejor en períodos sin el Fondo", afirma Hernán Lechter, prestigioso economista y presidente del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), un think tank que recientemente publicó un informe sobre la historia de los acuerdos con el FMI.

   "La Argentina recurre al Fondo –explica Lechter– porque no tiene suficientes dólares para sostener su economía. Este problema surgió con la industrialización: la primera fase del desarrollo industrial requiere un aumento de las importaciones, lo que conduce a un déficit de divisas.

   Con el tiempo, la situación se agravó debido al endeudamiento descontrolado promovido por diversos gobiernos, especialmente durante y después de la dictadura militar (1976-1983). La deuda, que en 1975 era de u$s 5.000 millones, se disparó a u$s 70.000 millones en 1989 y desde entonces sólo ha crecido, convirtiéndose en una enorme limitación para la política económica. "En la historia argentina, las decisiones económicas siempre han estado subordinadas a una deuda nunca pagada".

   Según Lechter, una constante en los préstamos del FMI es que han favorecido la fuga de capitales en lugar del desarrollo. "El caso paradigmático es el del acuerdo de 2018. Cada vez que el Fondo otorgaba un tramo de ayuda, el dinero desaparecía inmediatamente al llegar a Buenos Aires. Se podría decir que el Fondo facilitó la salida del país de grandes fondos de inversión, como BlackRock, que querían retirarse de la Argentina pero no encontraron suficientes dólares para hacerlo. Ésta es la característica peculiar de ese acuerdo, pero también representa una constante en muchos otros. El interés principal era permitir la salida de grandes capitales, impidiendo el uso de esos dólares para el desarrollo".

   La fuga de capitales, en cualquier caso, es una constante histórica. Según datos oficiales, los argentinos tienen en el exterior u$s 452.000 millones, aproximadamente el 60% del PBI anual del país. "Todos los países tienen problemas de evasión fiscal –continúa el economista– y la Argentina no es una excepción. Pero los países normalmente no abordan la formación de activos en el exterior a los niveles que se ven aquí, donde gran parte de la riqueza producida termina fuera del país. La economía argentina siempre ha operado con el freno de mano puesto y debe hacer el doble esfuerzo para avanzar. El origen de este fenómeno se remonta a la dictadura de 1976-1983 y hoy existen dos interpretaciones: por un lado, están quienes sostienen que los empresarios ‘pobres’ deben asegurar su capital en el exterior debido a la inestabilidad económica".

  "Por otro lado, hay quienes, como yo, creen que la inestabilidad la generan precisamente los grandes empresarios, que operan en una estructura transnacional sin tener una producción verdaderamente internacionalizada, centrándose más en colocar sus ganancias en el exterior que en estabilizar el sistema económico. Las crisis recurrentes han consolidado un modelo de negocio basado en la lógica de la renta: maximizar beneficios en el presente sin preocuparse por el futuro. Se trata de una mentalidad generalizada, comprensible en algunos aspectos, pero que refleja el desinterés de la clase dirigente argentina por un proyecto de desarrollo que incluya a toda la población".

   La llegada al poder de gobiernos como el de Milei agudiza el interés de ciertos sectores por garantizar sus ganancias, en un esquema donde el FMI juega un papel fundamental. «Durante el debate para la aprobación del decreto, un diputado me contó textualmente que había recibido llamados telefónicos del 70% del PBI argentino para convencerlo de no votar en contra. Al final se abstuvo. Pero esta frase – concluye Lechter – es un indicador de la presión que ejercen los grandes empresarios sobre la política para mantener el rumbo económico actual".

*Publicado en Il Manifesto, de Italia

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