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La importancia de repensar el crecimiento urbano

La creciente preocupación por el cambio climático y la intensificación de fenómenos meteorológicos extremos como las lluvias torrenciales ponen en evidencia la urgencia de encontrar soluciones sostenibles en las ciudades. En este contexto, la infraestructura verde surge como una alternativa prometedora para enfrentar los desafíos de la variabilidad climática, especialmente en áreas urbanas donde la expansión descontrolada y el predominio del concreto dificultan el manejo eficiente del agua de lluvia.

El ingeniero en Recursos Hídricos Hugo Rohrmann, en una entrevista concedida a Radio UNNE, resaltó la importancia de repensar el crecimiento urbano en ciudades como Resistencia, donde el modelo de expansión desordenada contribuye a agravar los efectos de fenómenos climáticos extremos. "El fuerte crecimiento urbano de la capital hará que el mismo evento que ocurre hoy sea más grave en 10 años", advirtió Rohrmann, quien resaltó que las obras tradicionales no son suficientes para mitigar el impacto de las lluvias en la ciudad. 

Este análisis cobra especial relevancia si se observa lo sucedido recientemente en Presidencia Roque Sáenz Peña, donde una lluvia de 95 milímetros en menos de dos horas dejó la ciudad bajo agua. La intensidad de las precipitaciones puso en evidencia las falencias del sistema de drenaje ante fenómenos meteorológicos de gran magnitud. Aunque los canales funcionaron dentro de los parámetros previstos, la cantidad de agua fue tal que los desbordó, afectando especialmente las zonas bajas. 

El caso de Sáenz Peña refleja una problemática que muchas ciudades argentinas enfrentan ante el cambio climático y el acelerado proceso de urbanización. Si bien las obras hidráulicas han permitido avanzar en el manejo de los recursos hídricos, como señala Rohrmann, no basta con confiar en infraestructuras convencionales. La infraestructura verde puede ser parte de la solución. Reservorios naturales como lagunas y humedales pueden servir como espacios de almacenamiento de agua durante eventos climáticos extremos. Estos elementos no solo ayudan a prevenir las inundaciones, sino que también contribuyen a la mejora de la calidad de vida urbana. En Resistencia, por ejemplo, el entorno geográfico y la presencia del río Paraná plantean un desafío particular en cuanto al manejo del agua. El crecimiento urbano desmedido hacia áreas de riesgo hídrico podría convertir eventos climáticos como el ocurrido en Sáenz Peña en un problema aún mayor en el futuro.

 Tal como lo explica Rohrmann, la ciudad se encuentra sobre un terreno vulnerable, que en caso de crecidas del río Negro podría poner en riesgo a zonas urbanas no contempladas en los estudios previos de inundación. Sin embargo, las políticas urbanísticas actuales parecen ignorar estas advertencias, favoreciendo la expansión sin tener en cuenta los riesgos hídricos.

Además de las soluciones estructurales, como la construcción de canales y bombas de desagüe, se hace necesario un cambio en la mentalidad colectiva. La conservación de los reservorios de agua y la limpieza constante de las áreas cercanas a los sistemas de bombeo son fundamentales para evitar el colapso del sistema de drenaje. En este sentido, es esencial que la ciudadanía tome conciencia sobre el impacto de sus acciones cotidianas, como arrojar basura en la vía pública, que muchas veces termina bloqueando los canales y obstaculizando el trabajo de las bombas de desagüe.

La gestión de residuos sólidos, especialmente en áreas metropolitanas como el Gran Resistencia, es otro aspecto crucial. La acumulación de basura no solo representa un problema estético, sino que pone en peligro el funcionamiento del sistema de desagües y, por ende, aumenta el riesgo de inundaciones. En este contexto, la infraestructura verde puede ofrecer una solución efectiva, no solo para mejorar la gestión del agua, sino también para fomentar una cultura de cuidado y responsabilidad ambiental.

En conclusión, la infraestructura verde se presenta como una herramienta indispensable para enfrentar los desafíos que plantea la variabilidad climática y el crecimiento urbano desordenado. La integración de estos elementos naturales en las ciudades no solo contribuiría a mitigar los efectos de las lluvias intensas, sino que también promovería un modelo de urbanización más equilibrado y respetuoso con el medio ambiente. El camino hacia un futuro más resiliente pasa por la revalorización de la naturaleza como aliada en la gestión del agua y en la construcción de entornos urbanos más sostenibles y saludables.

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