Quiero vale cuatro
Cualquier proceso de definición de candidaturas se parece bastante a una partida de truco. En mayor o menor medida, todos los que juegan mienten sobre el valor de sus cartas, habitualmente en relación inversa al real peso de éstas. El cierre de listas de ayer, para las elecciones parlamentarias provinciales del 11 de mayo (en la que solo se elegirán 16 diputados), no escapó a la regla.
Como era lógico de suponer, ese duelo de amagues, señas, tretas y simulaciones se dio con mayor intensidad en el peronismo, como consecuencia directa del desconcierto interno que impuso la derrota de 2023 y de que desde entonces nada nuevo creció dentro del PJ en materia de liderazgos. Jorge Capitanich continúa siendo la figura dominante para la principal fuerza opositora, y la boleta definida ayer confirma ambas circunstancias.

En el oficialismo, el asunto fue más calmo porque la realidad del radicalismo es totalmente diferente. Leandro Zdero todavía disfruta del espaldarazo popular de dos años atrás y hacia adentro nadie le discute su condición de jefe. El gobernador tiene, todavía, su tarjeta de crédito con el cupo casi sin utilizar, al menos en lo estrictamente partidario.
TEJIDOS
El desenlace justicialista, en las horas finales para la presentación de listas ante el Tribunal Electoral, fue con suspenso, como se veía venir. El sector de Capitanich negociaba una lista de unidad con dos pedazos alternativos del peronismo, el sector liderado por Gustavo Martínez y un movimiento de conformación más reciente, encabezado por los intendentes Magda Ayala (Barranqueras) y Juan "Juanchi" García (Machagai). Una sucesión de flirteos y distanciamientos que tuvo como desenlace un pacto de dos y no de tres. El coquismo cerró con Martínez, a precio rebajado, pero no con Ayala.
Como adelantara NORTE en primicia el 23 de febrero, el dato saliente es la candidatura de Capitanich como primero en la lista del reciclado Frente Chaco Merece Más. Una nominación sorprendente, porque volverá a ser candidato en octubre, para una senaduría nacional. Por suerte para él y sus ocupaciones, es un año en el que no se eligen gobernador ni intendentes...
La doble candidatura tiene su dosis de misterio. ¿Es un desliz del ego sobredimensionado de cualquier caudillo o un sacrificio personal por el clamor de su entorno? Es difícil saber cuál de las dos opciones responde a la pregunta, o si la contestación es que hay un poco de ambas. Lo real es que el pedido de buena parte del coquismo existió, basado en encuestas que afirman que sin Jorge Milton la intención de voto para el peronismo baja a casi el 20% y que con él asciende al 37. También, porque debajo de él, en su propio espacio, hay una pelea cada vez más áspera por heredarlo en 2027. Su postulación, en ese punto, serviría para patear hacia adelante la inevitable lucha en el barro en la que desembocan semejantes procesos de recambio.
A DOS BANDAS
Por todo lo mencionado hasta aquí, Capitanich tuvo que frotar sus naipes analizando dos frentes. Uno, las tratativas con las otras agrupaciones del PJ. El otro, la carrera hacia abajo, en su propio territorio, donde nadie se queda quieto. En ambas faenas sintió la presión de un tiempo que le resulta amargo, fuera del poder y permanentemente limado por las campañas del oficialismo que recuerdan los aspectos más cuestionables de sus años en el poder. Responde aferrándose a la posibilidad de que lo apoyen los maltratados del derrumbe social.
Desde el vamos, la intención de una lista peronista única se empantanó en aspiraciones inconciliables. El coquismo afirma que tanto Gustavo como el sector de Magda Ayala se plantaron en pedir dos espacios para cada uno entre los primeros ocho lugares de la boleta legislativa. Algo que Capitanich consideró un precio demasiado alto. El exgobernador y su gente creen que esos dos movimientos tienen un caudal electoral diminuto, y que deberían considerarse muy bien pagados con un solo casillero.
En una jugada inusual, el jefe del peronismo publicó en sus redes sociales, cuando todo aún estaba abierto, una apelación al pacto. "No le tengan miedo gobierno", arengaba. "¿Van a escuchar a la gente o quieren terminar como un peronismo Z?", chicaneó.
El primer trato en frustrarse fue con la línea de Ayala, que pasadas las siete de la tarde dio por cerrado el diálogo y anotó boleta propia, con Atlanto Honcheruk en primer lugar y Magda en segundo. Quedaba entonces solamente la posibilidad de sumar a Martínez, tantas veces aliado y tantas otras enemigo. Hasta la siesta, Gustavo estaba plantado en exigir dos candidaturas "expectantes", es decir con posibillidades de coronarse en las elecciones. Una de ellas, reservada para su esposa, Elida Cuesta. Capitanich contestó que solo podía dar el puesto 8. Un ocho que en realidad es un siete, si, como todo indica, Capitanich renuncia antes de asumir su banca para dedicarse a la segunda candidatura del año, que es la que más le interesa. Gustavo tensó la cuerda, buscó llevar todo al límite, pero su paso por la intendencia (y su imposibilidad de siquiera meter un diputado en 2023 aun manejando la municipalidad de Resistencia y la Legislatura) lo convirtieron en un jugador devaluado.
Hacia la noche, GM bajó las persianas de la vidriera y aceptó el octavo lugar para Cuesta. "Van a tener que laburar para que ella entre", disfrutaba un hombre del coquismo. Se refería a que ahora el gustavismo deberá poner toda la energía en sumar. Esa octava diputación será posible solo si el PJ hace una buena elección.
CARAS NUEVAS
En Chaco Puede, el sorprendente nombre (fue eslógan publicitario del general Antonio F. Serrano, interventor militar del Chaco en el primer tramo de la última dictadura) elegido por la UCR para bautizar a su alianza con La Libertad Avanza, no había que esperar más que los nombres. El acuerdo con los libertarios ya había sido noticia cuando expiró la inscripción de coaliciones, este mismo mes.
Contra lo que se venía especulando, Zdero decidió poner muchas caras nuevas en la cancha, empezando por el primero de su nómina, Julio Ferro, funcionario de la segunda línea de la Secretaría General de la Gobernación. En toda la lista hay pocos nombres conocidos. Acaso el que más sea Jorge Gómez, el exfiscal que hoy es ministro de Gobierno. No se cumplieron los pronósticos de que Hugo Matkovich estaría al frente de la lista.
Fue una jugada ideada bajo un hermetismo total. La idea fermentó tan pronto se supo que el justicialismo iba a volver a poner a Capitanich al frente. Lo que se pretende es instalar la imagen de un oficialismo que ofrece caras nuevas y confrontarlo con un peronismo que repite todo. Será uno de los ejes de aquí en más en la receta comunicacional de Chaco Puede.
PARTIDA ABIERTA
Las estrategias están expuestas. En la afichería callejera y las piezas digitales, Zdero pone como denominador común una palabra: orden. Es la carta principal del gobierno. Consolidar apoyo mediante el contraste con el desmadre que instaló el kirchnerismo en la provincia y en el país. Capitanich, a su vez, quiere activar un voto de malestar por los efectos del durísimo ajuste económico, que le devolvió cierta estabilidad a las variables macro pero mantiene los ingresos de la mayoría de los hogares lejos de los niveles de bienestar que tuvo la Argentina antes de que décadas de gobiernos supuestamente populares rompieran el país.
Cada uno tiene algún naipe que esconder. Unos tratan de disimular la magnitud del empobrecimiento con una sensación de prosperidad que está lejos de estar justificada. Los otros hablan del incendio como si nunca hubieran tenido un lanzallamas en las manos.










