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Trump abandona el multilateralismo

La política exterior de Donald Trump durante su segundo mandato ha marcado un quiebre con la tradición multilateral que históricamente definió la posición de Estados Unidos en el mundo. Lejos de abrazar acuerdos internacionales y de fortalecer alianzas globales, el magnate ha impulsado una visión aislacionista centrada en el lema "América Primero". Este enfoque, basado en la imposición de aranceles y la retirada de acuerdos internacionales, configura un nuevo orden mundial donde el unilateralismo predomina y las viejas instituciones pierden fuerza. En este escenario, países como China y Rusia están aprovechando el vacío dejado por Estados Unidos para expandir su influencia, mientras que potencias tradicionales como la Unión Europea buscan redefinir su rol frente a una potencia estadounidense cada vez más reticente al multilateralismo.

La retirada de Estados Unidos de acuerdos claves como el Tratado de París o la Organización Mundial de la Salud refleja un rechazo explícito a las estructuras multilaterales que el país ayudó a construir tras la Segunda Guerra Mundial. A través de esta política, Trump abre las puertas a nuevas alianzas que comienzan a redefinir la geopolítica global. Según analistas como la economista Jayati Ghosh, este giro hacia el unilateralismo podría incluso presagiar una retirada de la ONU, lo que profundizará la crisis de las instituciones internacionales. Sin embargo, según Ghosh, el colapso del orden multilateral establecido por Estados Unidos podría ser el catalizador para una mayor cooperación internacional entre otras naciones, que buscan contrarrestar el vacío dejado por la potencia norteamericana.

En el plano económico, la decisión del republicano de imponer aranceles a productos de países de todo el mundo, incluido los de América Latina, refleja su enfoque proteccionista. En particular, la relación con Argentina se ha visto afectada por la imposición de aranceles al acero y al aluminio. La medida podría traducirse en una pérdida de competitividad, lo que afectaría las exportaciones argentinas en aproximadamente 600 millones de dólares anuales. Esta situación también pone en riesgo las inversiones argentinas y aumenta la incertidumbre, lo que podría desincentivar la participación de actores internacionales en sectores clave de la economía.

Pero la relación con Trump podría ofrecer ventajas en otros frentes. La alineación ideológica entre el gobierno de Argentina y la Casa Blanca podría facilitar el acceso a mercados financieros internacionales, algo clave para la administración de Javier Milei. Sin embargo, el costo de esta afinidad ideológica podría ser alto, ya que las políticas proteccionistas de Estados Unidos generan fricciones que afectan la competitividad argentina y limitan su capacidad para diversificar sus mercados. La creciente influencia de Trump sobre las decisiones del Fondo Monetario Internacional (FMI) podría ser otro factor clave para el futuro económico de Argentina, aunque siempre bajo la sombra de los aranceles y las políticas comerciales unilaterales del presidente estadounidense.

La política exterior de Donald Trump ha configurado un nuevo escenario internacional marcado por el retroceso del multilateralismo y el ascenso de una geopolítica de grandes potencias. Para países como Argentina, esta reconfiguración mundial implica desafíos económicos y comerciales. Sin embargo, los costos de alinear sus políticas exteriores con las de un presidente que favorece el unilateralismo y el proteccionismo podrían resultar demasiado altos, minando la competitividad y generando tensiones en la economía global.

Este giro hacia el unilateralismo ha alterado el equilibrio de poder en el sistema internacional. Con la retirada de Washington de acuerdos como el Tratado de París sobre cambio climático y el pacto nuclear con Irán, Trump confirma que, para su administración, los intereses nacionales priman sobre la cooperación global. Este enfoque ha dejado a otras naciones, en especial a los miembros de la Unión Europea y a países emergentes como China, buscando maneras de llenar el vacío dejado por un Estados Unidos que se ha distanciado de las instituciones que una vez ayudó a fundar. Las alianzas internacionales se modifican, y mientras China se posiciona como un líder en el ámbito comercial y diplomático, Rusia también ha aprovechado este nuevo escenario para reforzar su presencia en áreas clave como Europa del Este y el Medio Oriente.

Si bien la cercanía ideológica de Milei con Trump podría permitir al país encontrar un espacio en los foros internacionales controlados por Estados Unidos, los costos de este alineamiento —como los aranceles y las barreras comerciales— pueden resultar un obstáculo para el desarrollo económico que la Argentina necesita.

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