"La Industrial canalizó mi vocación y me preparó para la vida"
En el centenario de la histórica institución educativa, la ingeniera civil -quien trabaja y reside en República Dominicana- brindó a NORTE sus impresiones sobre el valor de su paso por la escuela técnica Manuel Belgrano.
NORTE: -¿Qué destacás de los años cursados en la Industrial?
Anice Prieto: -Siempre me fascinó la escuela. Recuerdo que en sexto grado de la primaria nos llevaron a realizar un recorrido por los talleres, y ya entonces me dije: "Esto es para mí". Ver los galpones con las máquinas, los chicos concentrados trabajando, los uniformes. Cuando ingresé en 1995 me sentía muy feliz. Ahora lo veo en retrospectiva y sin dudas la Industrial canalizó mi vocación. Todavía conservo el taburete de madera, que hice en primer año, en la casa de mis padres en Resistencia.

La Promoción 2000, a la que pertenezco, tuvo menos mujeres que varones. Al ingresar en primer año éramos 7 chicas y 30 chicos. Con ellos compartí experiencias que te marcan para toda la vida. Mis compañeros hombres siempre fueron muy protectores y caballeros con nosotras, y con muchos somos amigos hasta hoy. La estructura de horarios del colegio genera mucha confraternidad, ya que casi todo debe hacerse en equipo, lo que implica responsabilidad compartida y un alto compromiso con los demás, algo que en mi carrera de ingeniera civil es fundamental para desarrollarse profesionalmente.
Los vínculos con la gente en el colegio son muy sanos. No hay tiempo para nada más. Entrábamos a las 7, salíamos a las 11.50, y de 14 a 18 íbamos al taller. Si encima había que estudiar y preparar algo para el día siguiente, te tenías que organizar. Se aprende que no se puede dejar todo para lo último.
-Específicamente, ¿cuál fue la disciplina que te inculcó el colegio?
-El Industrial, y en general las escuelas técnicas, son muy estructurados y demandantes de tiempo. No hay períodos de respiro como en otras secundarias. No es convencional, y requiere un esfuerzo mayor. Lo valioso es que con 18 años uno ya se recibe y puede ejercer un oficio, sea como técnico electromecánico o, como en mi caso, como maestro mayor de obras (MMO).
Cuando comencé ingeniería, los tres primeros años se me hicieron fáciles, porque venía con todo lo aprendido en el colegio. Compañeros que optaron por arquitectura me comentaron lo mismo. Es una excelente base para continuar estudios superiores en esa línea, y también para entrar en el mundo laboral ya que un MMO está capacitado para construir edificios de hasta tres pisos.
-¿Qué balance hacés desde el exterior de la educación pública argentina?
-Empezaré por el principio. En un momento cuando cursaba la secundaria se me pasó por la cabeza hacer un intercambio con AFS. Averigüé programas de estudio en diversos países, la mayoría de Europa, y en ninguno había nada parecido al programa de la Industrial. Así que me quedé y me recibí en tiempo y forma.
Luego recorrí países de América Latina, y puedo asegurar que pese a todo Argentina sigue siendo referencia. En ninguno hay ni por asomo un sistema educativo público como el nuestro, que tendrá cosas por mejorar pero garantiza el acceso a toda la población. Todo eso se dimensiona cuando se viaja al extranjero.
Creo que hay que sostener y recuperar la enseñanza técnica en esta coyuntura mundial, volver a los oficios, que tienen un gran valor. La Industrial y todas las escuelas públicas argentinas son una sana mezcla de gente de todos los estratos sociales, lo que brinda experiencias que nos enriquecen como personas y nos hacen ponernos en el lugar del otro y entenderlo.
-¿Cómo se desarrolló tu trayectoria profesional para llegar hasta República Dominicana?
-Me recibí en la UNNE. Desarrollé mi profesión en Vialidad Nacional. A fines de 2019 tomamos la decisión con mi marido de cambiar de aires, y aplicamos para unos desarrollos de inmobiliarias extranjeras grandes acá en República Dominicana, donde el sector está viviendo un verdadero boom. Logramos venir tras muchas vueltas en plena pandemia en octubre de 2020 con nuestro hijo de seis meses, que hoy ya tiene cinco años, y luego nació nuestra nena que tiene dos añitos. Viajé a Argentina para que nazca allá. Estamos muy contentos y en permanente contacto con nuestra tierra, por eso quise participar en el centenario del querido Colegio Industrial.










