Prevenir el sarampión
La Sociedad Argentina de Infectología emitió una alerta epidemiológica por nuevos casos de sarampión en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La institución recordó a la ciudadanía que es una enfermedad viral muy contagiosa, que puede generar complicaciones graves, sobre todo en niños menores de cinco años, personas inmunocomprometidas o desnutridas.
El caso que se confirmó en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires es el cuarto de esta enfermedad en lo que va del año y corresponde a una adolescente de 18 años, sin antecedentes de viaje, con domicilio muy cercano a los casos informados con anterioridad. A pesar de los avances en la medicina y la vacunación, el sarampión sigue siendo una de las principales causas de muerte en niños pequeños en países donde la cobertura de vacunación es insuficiente, sobre todo en regiones con altos niveles de desnutrición o sistemas de salud débiles. Sin embargo, en nuestro país se había logrado erradicar la circulación endémica del virus desde el año 2000. Pero esta victoria, como toda conquista en salud pública, es frágil y requiere de un esfuerzo constante para mantenerla.
El sarampión es una enfermedad de rápida transmisión, caracterizada por fiebre alta, tos, conjuntivitis y un sarpullido que comienza en la cara y se extiende por el cuerpo. En sus formas más graves, puede provocar complicaciones serias como neumonía, encefalitis o ceguera, con un riesgo particular para los niños menores de cinco años, las personas con el sistema inmunológico debilitado y los casos de desnutrición severa.
La clave para prevenir el sarampión sigue siendo la vacunación. La vacuna triple viral, que protege no solo contra el sarampión, sino también contra la rubéola y las paperas, es una herramienta sencilla, gratuita y accesible para todos los niños, desde los 12 meses hasta los 5 años, tal como lo establece el Calendario Nacional de Vacunación. Para los mayores de 5 años, adolescentes y adultos, se recomienda contar con dos dosis de la vacuna Doble o Triple Viral, lo que asegura la protección a lo largo de la vida.
El reciente descenso en las coberturas de vacunación ha incrementado el riesgo de importación de casos y la posible aparición de brotes en nuestro país. Por otra parte, el regreso a las aulas y la reactivación de actividades sociales y deportivas refuerzan la necesidad de fortalecer la inmunización. Estos espacios, donde niños, adolescentes y adultos se reúnen y comparten cercanía, favorecen la transmisión del virus. El contacto estrecho y el desplazamiento masivo de personas constituyen un escenario ideal para que el sarampión encuentre un terreno fértil para su propagación. Por ello, se deben sumar esfuerzos para garantizar que todos los niños, adolescentes y adultos tengan sus vacunas al día.
Los más vulnerables dependen de que los demás estén protegidos, porque no todos tienen la misma capacidad para resistir la enfermedad. Por eso, la inmunización no debe verse como un simple trámite, sino como un compromiso con la salud de nuestra comunidad. La vacunación contra el sarampión es la herramienta más poderosa que está disponible para seguir protegiendo al conjunto de la población.
La historia enseña que la vacunación masiva es la clave para evitar enfermedades prevenibles. En ese sentido, es necesario recordar que, según la Organización Panamericana de la Salud (OPS) antes de que comenzara la vacunación masiva en 1980, el sarampión mataba a 2,6 millones de personas al año en todo el mundo, 12.000 de ellas en las Américas. Entre 1970 y 1979, los países de América Latina reportaban unos 220.000 casos de sarampión cada año. En 35 años, hubo una reducción de casos del 95%, de 4,5 millones de casos en 1980 a aproximadamente 244.700 casos en 2015.
Las vacunas son un escudo protector que permite a la sociedad avanzar sin temor a enfermedades que antes golpeaban a generaciones enteras. Desde el sarampión hasta la polio, las vacunas han reducido drásticamente la incidencia de enfermedades infecciosas que antes cobraban muchas vidas, especialmente entre los más vulnerables.
La inmunidad de grupo es un pilar fundamental para contener la propagación de enfermedades. La reciente experiencia de la pandemia de COVID-19 demostró la importancia de la vacunación masiva. Es importante garantizar el acceso a las vacunas y que los grupos vulnerables reciban protección. Se debe fomentar una cultura de salud pública en la que el bien común sea una prioridad.










