El peligro de conducir alcoholizado
El fin de semana pasado, la Policía Caminera del Chaco realizó operativos y corredores viales en toda la provincia, y detectó 35 casos de conductores que dieron positivo en la prueba de alcoholemia. En la ciudad de Resistencia, el Municipio también llevó a cabo controles y detectó doce conductores alcoholizados. Estos números muestran que el consumo de alcohol en quienes tienen la responsabilidad de conducir un vehículo sigue siendo un serio problema.
Conducir bajo los efectos del alcohol es una práctica extremadamente peligrosa. El alcohol afecta profundamente las capacidades cognitivas y motoras del conductor, alterando el sistema nervioso central. Este fenómeno impide que las personas al volante puedan tomar decisiones acertadas, reaccionar a tiempo o incluso mantener la atención sobre lo que sucede a su alrededor. Los reflejos se vuelven más lentos, la visión se deteriora y el juicio se ve alterado. En estos casos, lo que para una persona sobria podría ser una maniobra de conducción perfectamente normal, para alguien alcoholizado puede convertirse en un riesgo potencial de muerte.
El consumo de alcohol, por pequeña que sea la cantidad ingerida, reduce de manera significativa la capacidad de reacción. De acuerdo con estudios realizados por agencias de seguridad vial, no importa si el conductor ha bebido una copa de vino o varias cervezas. Los efectos sedantes del alcohol en el sistema nervioso central son los mismos. Incluso con niveles bajos de alcohol en sangre, el cerebro experimenta una disminución de la agudeza mental. Esto se traduce en un aumento de los errores de juicio y una falsa sensación de seguridad. Muchos conductores bajo el efecto del alcohol tienden a sobreestimar sus habilidades y, por ende, aumentan la velocidad, no respetan las señales de tránsito y toman decisiones que ponen en riesgo su vida y la de terceros.
En la Argentina, la siniestralidad vial es la principal causa de muerte en menores de 35 años. Y uno de cada cuatro siniestros viales tiene como factor directo el consumo de alcohol. Los accidentes viales, como se dijo, no solo afectan al conductor alcoholizado, sino que ponen en peligro a los peatones, ciclistas y demás usuarios de la vía pública. Cuando alguien decide subirse a un vehículo tras haber consumido bebidas alcohólicas, no solo arriesga su vida, sino también la de los demás.
El alcohol altera varios aspectos fundamentales para una conducción segura. Uno de los primeros efectos es sobre la visión: la capacidad de percibir los detalles del entorno se ve reducida. La visión periférica empeora, la adaptación a los cambios de luz se vuelve más lenta y, en algunos casos, los colores, como el rojo, se perciben con dificultad. Esto tiene consecuencias directas en situaciones cotidianas del tránsito, como el reconocimiento de las luces del semáforo, las luces de freno de otros vehículos o incluso la visibilidad de un peatón cruzando la calle.
El aumento del tiempo de reacción es otro factor que convierte al alcohol en un enemigo mortal al volante. Ante una situación inesperada, como un peatón que cruza por un lugar no habilitado o un vehículo que frena abruptamente, una persona bajo los efectos del alcohol reaccionará mucho más tarde que un conductor sobrio. Esta lentitud para reaccionar es el factor que diferencia un accidente grave de un incidente sin consecuencias. La diferencia entre la vida y la muerte puede reducirse a segundos, y esos segundos se pierden cuando el alcohol entra en juego.
Además, el alcohol crea una falsa sensación de control y confianza. Bajo sus efectos, los conductores suelen sentirse más seguros de lo que realmente están. Esto puede llevarlos a tomar riesgos innecesarios, como realizar maniobras imprudentes, circular a alta velocidad o desobedecer las señales de tránsito. El resultado, generalmente, es un accidente que podría haberse evitado con un simple cambio de comportamiento.
Es necesario seguir fortaleciendo las campañas de concientización sobre los peligros de conducir bajo los efectos del alcohol. Los controles deben ser constantes y las sanciones, severas. Según la Organización Panamericana de la Salud, el riesgo de sufrir un accidente mortal es 17 veces mayor para un conductor bajo los efectos del alcohol que para uno sobrio.
Es importante recordar que cada vez que una persona se pone al frente de un vehículo, toma una decisión que puede cambiar el curso de su propia vida y la de los demás.










