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¿Retroceso o defensa constitucional?

El debate sobre la derogación del femicidio

En un contexto marcado por fuertes tensiones políticas y sociales, la declaración del jurista constitucionalista Andrés Gil Domínguez sobre la pretensión del gobierno nacional de derogar la figura de femicidio resuena como un llamado a defender los avances en derechos humanos logrados en la Argentina en las últimas décadas.

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   La postura de Andrés Gil Domínguez no solo destaca la importancia del principio de igualdad ante la ley en su dimensión total, sino que también denuncia lo que considera un ataque directo al orden constitucional y a sectores históricamente vulnerabilizados.

Pasado de exclusión y presente en disputa

   Gil Domínguez comienza su análisis recordando el origen muy limitado del principio de igualdad ante la ley en el constitucionalismo del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. Durante ese período, la igualdad proclamada era en realidad un "falso universalismo", restringido a los hombres, blancos y propietarios. Las mujeres no tenían derecho al voto, las personas con discapacidad eran internadas de por vida y los niños eran considerados meros objetos bajo control de la patria potestad.

   Fue recién después de la II Guerra Mundial que el derecho a la no discriminación evolucionó para abordar las inequidades estructurales, explica Gil Domínguez. Las constituciones y tratados internacionales comenzaron a reconocer categorías prohibidas de discriminación y la necesidad de acciones afirmativas para equilibrar las oportunidades de los grupos históricamente marginados.

Avance de los derechos en la Argentina

   La reforma constitucional de 1994 marcó un hito en el derecho argentino, incorporando de manera explícita el principio de no discriminación. Los artículos 37 y 75 (incisos 19, 22 y 23) consagraron un marco normativo que protege los derechos humanos, promueve la igualdad de género y establece mecanismos de acción positiva. Estas disposiciones fortalecieron a la Argentina como un referente en la defensa de la diversidad y la pluralidad.

   Sin embargo, según Gil Domínguez, las iniciativas actuales del gobierno de Javier Milei y su círculo cercano representan una amenaza a este progreso. La derogación de la figura de femicidio, argumenta, no solo ignora la protección especial necesaria para las mujeres víctimas de violencia de género, sino que también desmantela un orden simbólico que permite a las distintas subjetividades desarrollarse en igualdad ante la ley.

Género como categoría jurídica e ideología como arma de descalificación

   Uno de los puntos más contundentes de la declaración se refiere al concepto de género como una categoría central del derecho a la no discriminación. Para Gil Domínguez, hablar de "ideología de género" para deslegitimar estas luchas es una forma de discriminación directa. Este tipo de discursos, dice, no solo atentan contra los avances jurídicos, sino que refuerzan prejuicios y desigualdades estructurales.

Llamado a defender la Constitución

   En su declaración, Gil Domínguez no oculta su indignación frente a lo que califica como "ignorancia jurídica" de las actuales autoridades nacionales. Critica con dureza a lo que llama "la legión de acólitos digitales neofascistas" que apoyan estas medidas y subraya que los derechos conquistados no serán entregados sin resistencia.

   Su mensaje es claro: "Les ganamos en 1994, los vencimos con la sanción de varias leyes... los vamos a volver a derrotar defendiendo la Constitución con todas las herramientas que disponemos".

Derechos humanos en la encrucijada

   La discusión sobre la derogación de la figura de femicidio va más allá de un simple cambio normativo. Representa una disputa entre dos visiones de sociedad: una que busca retroceder hacia un modelo de igualdad formal, sin considerar las desigualdades estructurales, y otra que defiende la igualdad sustantiva como base de la democracia.

   La historia reciente de la Argentina ha demostrado que los avances en derechos humanos no son definitivos y requieren una defensa constante.

   Frente a los intentos de retroceso, la ciudadanía y los actores institucionales tienen el desafío de mantener vivo el espíritu de la Constitución y de las conquistas logradas. Tal como lo advierte Gil Domínguez, "los silencios colaboracionistas no serán olvidados". La historia, efectivamente, siempre pega la vuelta.

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