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Chagas, una enfermedad silenciosa

El mal de Chagas es una enfermedad que tiende a aumentar cuando se deterioran las condiciones de vida de la población y, sobre todo, cuando se resiente el acceso a los servicios de salud de los sectores más vulnerables. En este sentido, la situación económica y social por la que atraviesa nuestro país, con un alto porcentaje de la población viviendo por debajo de la línea de pobreza, debe ser un llamado de atención y a redoblar los esfuerzos en el sistema público de salud para garantizar el acceso a los servicios sanitarios a los más vulnerables.

Se debe garantizar el acceso al diagnóstico y al tratamiento de la población en situación de riesgo y también el control vectorial. Todas las medidas de prevención que se adopten, como asegurar el acceso a una vivienda digna a la población de más bajos recursos, fortalecer la red sanitaria para la atención primaria en las zonas más vulnerables y garantizar fumigaciones periódicas con los controles epidemiológicos adecuados, servirán para combatir este flagelo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha calificado al mal de Chagas como una enfermedad "silenciosa y silenciada" en América Latina. No solo es un padecimiento que avanza lentamente, sin mostrar síntomas evidentes hasta que es tarde, sino que afecta a las comunidades más vulnerables, donde la falta de recursos y la precariedad de los sistemas de salud dificultan su diagnóstico y tratamiento. En un contexto de pobreza generalizada, el mal de Chagas se convierte en un espectro olvidado, relegado a un segundo plano mientras otras prioridades acaparan la atención pública.

Este parásito, el Trypanosoma cruzi, se transmite principalmente por la picadura de una vinchuca infectada, y su impacto es devastador: se calcula que entre 6 y 7 millones de personas están afectadas en América Latina, muchas de ellas sin saberlo. Sin embargo, el verdadero peligro no está solo en el parásito, sino en los factores sociales que favorecen su expansión. La pobreza, las malas condiciones de vivienda y la falta de acceso a servicios sanitarios son elementos clave en la propagación de la enfermedad, haciendo de las comunidades más vulnerables su blanco preferido.

Si bien la enfermedad es tratable cuando se detecta en sus primeras etapas, los pacientes con diagnóstico tardío enfrentan complicaciones irreversibles, especialmente a nivel cardíaco, como la miocardiopatía o insuficiencia cardíaca. De no recibir un tratamiento adecuado a tiempo, el daño al músculo cardíaco es progresivo, lo que podría derivar en muertes prematuras. Uno de los aspectos que más preocupan de esta enfermedad es que sigue estando ligada, en gran medida, a la pobreza y a la marginación.  La legislación nacional ha dado pasos importantes, como la reglamentación de la Ley 26.281 de Prevención y Control del Mal de Chagas, que tiene como objetivo erradicar esta enfermedad. La ley, sancionada en 2007 pero reglamentada recién en 2023, establece la prioridad del diagnóstico y tratamiento, especialmente en mujeres embarazadas y bebés nacidos de madres afectadas. Es un avance positivo, pero la implementación efectiva de estas políticas requiere de recursos adecuados, personal capacitado y, sobre todo, un compromiso decidido para que esta política pública de salud llegue a quienes lo necesitan. Por otro lado, es esencial que se continúen fortaleciendo las campañas de concientización y prevención, especialmente entre las mujeres en edad fértil, quienes representan el grupo de mayor riesgo debido a la transmisión vertical, de madre a hijo, durante el embarazo. A su vez, es fundamental garantizar la realización de fumigaciones periódicas en los hogares de personas que tienen mayor riesgo de entrar en contacto con las vinchucas infectadas.

Distintas investigaciones demostraron que existe una combinación de factores (biológicos, ambientales y sociales) que aumentan las posibilidades de una persona de contraer la enfermedad. El Trypanozoma cruzi es un parásito que presenta una complejidad mayor comparada con otros organismos similares, lo que hace que sea más difícil encontrar una inmunoterapia efectiva para el paciente en el corto plazo. De todas maneras, es una enfermedad que, como se dijo, tiene altas probabilidades de curación si es detectada en forma prematura y el paciente recibe un tratamiento adecuado en sus etapas iniciales.

Es necesario sumar esfuerzos para reducir los factores de riesgo y garantizar el acceso universal a un diagnóstico temprano y un tratamiento efectivo.

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