¿Un año para olvidar o para recordar?
Creo que este año, a nivel nacional y en la Argentina, lo vamos a recordar todos, porque, sin dudas, fue un año de cambios.

No importa qué gusto tengan los cambios para cada uno de nosotros. Lo cierto es que existieron, para el solaz, como sinónimo de placer de algunos, de desconcierto o bronca para otros, pero no es un año de indiferencia para nadie, porque a todos nos alteró la vida y nos llenó de preguntas.
Creo que, desde la política, no hay que olvidar lo que pasó, para tener presente qué puede pasar. Radicales, peronistas y el mismo PRO, nunca cambiaron el sesgo social de la política de gobierno argentino, y se introdujo uno que utilizó a los que genuinamente querían cambiar, que eran una minoría importante, con los que quedaron afuera y querían voltear del poder a sus opositores tradicionales.
AÑO DE QUIEBRE
Este es un año de quiebre del sistema imperante por décadas. El cambio de personalidad de un estado protector y contenedor sin importar a costa de qué. Anticipo que a algunos le caerá mal esta reflexión, pero considero que es necesario ser sincero con las descripciones.
Desde lo personal, no comparto contenidos de las políticas económicas del gobierno y, por supuesto, estoy en las antípodas en materia de formas, mensajes y estrategia de comunicación.
Como peronista, me siento responsable de que hayamos llegado a este punto, por falta de criterio y sensatez en nuestras medidas. Creo que olvidamos el ejercicio de una función de la política, cual es, la docencia social. Solo responder sin límites a la demanda de una parte de la sociedad, a veces con medidas carentes de inteligencia, lleva a caer en la demagogia, que por definición es la práctica política consistente en ganarse con halagos el favor popular, o desde la visión electoral, es la degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder. La sola sospecha de emparentar la dirigencia con la corrupción tiene inmediata sanción social donde en forma injusta pagan inocentes y pecadores.
EL PERONISMO
El peronismo es un movimiento de poder. Se siente incómodo y vacío sin él. Cuando lo pierde, por decisión popular, no por el uso de la fuerza, es por algo, y no lo recupera nuevamente con la misma conducción que lo llevó a perderlo. La renovación de la conducción lleva tiempo y requiere de su dirigencia una humildad difícil de conseguir por dos causas comunes: el ego de los circunstanciales líderes renuentes a aceptar sus propios errores y el verticalismo insano que a veces profesamos obviando análisis. Como si fuera poco, somos políticamente antropofágicos, somos mas duros con los propios que con los ajenos.
No hay que legislar por presión de circunstancias, y la reforma constitucional de 1994 instauró dos modificaciones institucionales que no contribuyeron, a mi juicio, a las necesidades de nuestro país, y me hago cargo ya que las voté. Son la eliminación del colegio electoral, que daba peso político al país periférico, y el balotaje, que permite juntar a las minorías con los resentidos en una nación dividida por la grieta.
La única verdad es la realidad y por la causa y forma que fuera, el soberano se expresó y eso no se discute.
Por mis ocho décadas de vida, transito en la política una etapa en la que mi mayor aporte puede ser la sinceridad de expresión, tratar de golpear para que se reaccione, ser defensor de los ideales que profeso y fiscal de la mala praxis que tuerce rumbos que no se pueden abandonar.
LEYES
No es momento de tirar nuestra dirigencia por la ventana, pero si es tiempo de que nuestra dirigencia haga un mea culpa. Nada ocurre por casualidad. Las leyes de la política empatizan con las de la física: si algo se movió para un lado, es porque alguna fuerza lo empujó para allí. Consecuencia, no hay lugar para distraídos ni obsecuentes.
La Argentina no está preparada para la política que hoy el gobierno impulsa, porque la misma apunta a un país chiquito y al crecimiento de la marginalidad en la periferia.
Creo que hay ciudadanos y dirigentes que por la ideología que profesan y las bases del partido a que pertenecen, están mal ubicados en los conjuntos electorales donde desarrollan su militancia.
El rompecabezas está mal armado, los que creemos en un país federal e inclusivo, y tenemos concepto de nación debemos dejar de lado las estrategias que solo persiguen resultados electorales efímeros para tratar de cumplir con la esencia de la militancia política que es servir. Servir con mayúscula a la sociedad a la que nos debemos.
(*) El autor fue diputado nacional, ministro provincial de Economía e intendente de Resistencia.










