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El drama de la pobreza

Según los datos de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC, la pobreza en todo el país alcanzó al 52,9% de la población en el primer semestre de este año. Esto quiere decir que 24,9 millones de argentinos sobreviven como pueden. Es el índice más alto que arroja este tipo de mediciones en las dos últimas décadas. En el Gran Resistencia la situación es más dramática: el 76,2% de la población marca un lamentable récord que confirma una seria incapacidad para superar un fracaso que viene desde hace mucho y que hoy no admite visiones reduccionistas.

Las cifras que publicó esta semana el Indec son el resultado de una medición que, en este caso, sólo abarca la gestión de la actual administración nacional. Lo que no significa que las gestiones anteriores no tengan nada que ver con el problema, aunque si se compara la incidencia de la pobreza por nivel de ingresos en los distintos mandatos presidenciales se observa que, según los datos oficiales, durante la administración de Néstor Kirchner descendió de 59% a 37%; en el mandato de su esposa, Cristina Fernández, se redujo de 37% a 28%; en el de Mauricio Macri pasó de 28% a 35% y en el de Alberto Fernández trepó de 35% a 41%. En todo caso, lo que preocupa del actual escenario es que en sólo seis meses la cifra pasó del 41% al 53%, es decir, hoy hay seis millones de argentinos pobres más que en diciembre de 2023. Se trata, nada más ni nada menos que un incremento de 11,2% respecto a la última medición del año pasado y una suba de 12,8 si se observa la comparación interanual. Por otra parte, según el Indec, también aumentó la cantidad de argentinos que viven en la indigencia: el 18,1% de la población del país está en esa situación. Dicho de otro modo, cerca de 8 millones de personas no tienen recursos para cubrir sus necesidades alimentarias más básicas. Por donde se mire, los números son desalentadores: hoy dos de cada tres niños menores de 14 años son pobres, mientras que en el grupo de mayores de 65 años la pobreza afectó, en el primer semestre de este año, al 29,7%.

Algunos de los problemas que surgen a la hora de abordar el grave problema de la pobreza son las visiones reduccionistas. Por eso se impone la necesidad de un debate serio sobre los orígenes de este drama, aunque como observa el economista español especializado en desarrollo, Alfonso Dubois Migoya "ahondar en las raíces de la pobreza supone plantear cuestiones difíciles y conflictivas, lo que explica las reticencias y los rechazos que acompañan el proceso del conocimiento de la pobreza".

Por otro lado, cada vez que se dan a conocer estos índices, muchas veces se pasa por alto la cuestión relacionada con la transmisión intergeneracional de la pobreza, como se denomina al fenómeno en el cual la precariedad que viven millones de familias se hereda de una generación a otra. Esto significa que los niños y las niñas nacidos en hogares de familias pobres están expuestos a enfrentar un mayor riesgo de experimentar desventajas de todo tipo en su vida adulta. Y cuando más de la mitad de la población se encuentra en esa situación, el problema alcanza tal dimensión que termina afectando a toda la sociedad.

El economista chileno, Manfred Max-Neef, autor del libro "Economía descalza", cuenta que en una oportunidad tuvo un encuentro con un padre de familia que vivía en condiciones precarias que transformó su perspectiva sobre la pobreza y la economía. En este encuentro, Max-Neef comprendió que es muy poco probable que quienes elaboran los postulados de la teoría económica convencional puedan imaginar lo que es vivir la dura realidad de la pobreza. El economista chileno recuerda que, al verse cara a cara con un hombre sin trabajo, mal alimentado y con una familia numerosa, comprendió inmediatamente la inutilidad en ese contexto del lenguaje económico refinado que había aprendido en las mejores universidades del mundo.

Los distintos sectores de la sociedad han demostrado tener serias dificultades para ponerse de acuerdo en cuáles son las mejores políticas para reducir la pobreza. Tal vez el único consenso al que se ha llegado es el que plantea la necesidad de erradicar este flagelo. No más que eso. Cada gestión llega con su propio diagnóstico de las causas y actúa en consecuencia. Los resultados están a la vista.

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