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Innovación, una pieza clave para el desarrollo

La última edición del Índice Mundial de Innovación, elaborado para reflejar las últimas tendencias en materia de innovación en todo el mundo, revela que Argentina ocupa el puesto 73, destacando en las áreas de educación y acceso a tecnologías, aunque enfrenta desafíos en políticas para lograr un crecimiento sostenido de la productividad laboral.

Este ranking es publicado todos los años por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, el organismo especializado del Sistema de Naciones Unidas, creado en 1967. El objetivo de este trabajo es dar a conocer la clasificación de las economías más innovadoras en todo el mundo a partir de una selección de 132 países. Según este índice, los cinco países con mejor desempeño en materia de innovación son Suiza (67,6 puntos sobre 100), Suecia (64,2 puntos), Estados Unidos (63,5 puntos), Reino Unido (62,4 puntos), Singapur (62,1 puntos).

En América Latina, en tanto, Brasil es el mejor posicionado (49° puesto a nivel mundial, nuevo líder regional), seguido por Chile (52° puesto) y México (58° lugar). El índice, que tiene en cuenta 80 indicadores en áreas como instituciones, capital humano, infraestructura, sofisticación de mercados y empresarial, y producción de conocimiento y tecnología, posiciona dentro de los primeros 20 lugares a Finlandia, Países Bajos, Alemania, Dinamarca, Corea del Sur, Francia, China, Japón, Israel, Canadá, Estonia, Hong Kong, Austria, Noruega e Islandia, en ese orden.

Para la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) cuando se habla de innovación se hace referencia a "la introducción de un producto (bien o servicio) o de un proceso, nuevo o significativamente mejorado, o la introducción de un método de comercialización o de organización nuevo aplicado a las prácticas comerciales, a la organización del trabajo o a las relaciones externas".

A partir de esa definición, existe consenso entre los especialistas a la hora de reconocer a la innovación como un factor clave para el desarrollo económico y social de los países. Esto es así por varias razones. En primer lugar, impulsa el crecimiento económico, es decir, genera valor agregado y riqueza para las empresas y países. Además, permite diferenciarse de la competencia y generar ventajas competitivas.

Está comprobado que los países que invierten más en investigación y desarrollo (I+D) per cápita tienden a tener un mayor crecimiento del PIB per cápita. Al mismo tiempo, la innovación permite a las empresas ser más competitivas en los mercados globales. En ese sentido, sirve como ejemplo los casos de países como Suiza, Taiwán, Singapur e Israel, que han logrado un gran desarrollo económico en las últimas décadas, elevando de ese modo el nivel de vida de la población.

Sobre este último tema, se observó que estas naciones lograron generar empleos mejor remunerados y oportunidades de desarrollo fomentando los emprendimientos y la creación de pequeñas y medianas empresas, lo que se tradujo en un ecosistema dinámico que impulsó el desarrollo. Un caso muy particular es el de Japón que, pese a no tener recursos naturales, alcanzó un gran desarrollo basado en la innovación.

Su caso demostró que tener una mayor vocación tecnológica e inversión en I+D per cápita siempre se traduce en un mayor grado de soberanía nacional. Acaso sea necesario recordar que nuestro país tiene la suficiente capacidad y potencialidad para basar su economía en productos y servicios de alto valor agregado.

Por otro lado, hay que decir también que las economías regionales que posean un número importante de empresas de base tecnológica tendrán mayores posibilidades de alcanzar un mayor grado de desarrollo, ya que en el mundo actual estas empresas son las que tienen capacidad para generar procesos de inclusión social a partir de la creación de nuevos puestos de trabajo que demandan recursos humanos con mejor formación.

El nordeste argentino tiene, en este sentido, un enorme desafío por delante en el marco de la denominada economía del conocimiento, que tiene entre sus pilares a la innovación productiva. Es que la investigación, la tecnología y la innovación productiva son elementos insustituibles en el proceso de desarrollo de un país, y todas las regiones tienen amplias posibilidades de mejorar sus indicadores económicos y sociales si se preparan para aprovechar de la mejor manera la capacidad innovadora de sus ciudadanos.

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