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Longevidad humana

En las últimas tres décadas, las tasas de mortalidad han disminuido y la esperanza de vida ha aumentado en forma significativa en todo el mundo. Más allá de las coyunturas políticas, económicas y sociales que atraviesa cada país, actualmente la población mundial vive, en promedio, más años que en el siglo pasado.

Según el último informe de la ONU sobre la población mundial, después de una breve disminución durante la pandemia de COVID-19, la esperanza de vida al nacer en todo el mundo se incrementó de nuevo, llegando a los 73,3 años en este 2024. Sobre este asunto, los expertos recuerdan que durante la pandemia la esperanza de vida había bajado a 70,9 años, aunque aclaran que la clave de la longevidad está en mantener una serie de hábitos saludables, como la buena alimentación y el ejercicio diario, dos buenas costumbres que hacen que el estándar de vida de cada ser humano aumente.

Los especialistas en población del organismo internacional estiman que es muy probable que a fines de la década de 2050 más de la mitad de las muertes mundiales ocurran a los 80 años o más. Según los registros históricos de la ONU, entre los años 2.000 a 2005, la esperanza de vida fue de 65 años para los hombres y 69 para las mujeres, mientras que entre 2010 y 2015, subió a 69 para los hombres y 73 para las mujeres. Pero lo más sorprendente es que ese límite se ha vuelto a mover y mientras algunos científicos opinan que la longevidad máxima del ser humano tocó un techo de 115 años, otros investigadores pusieron en duda esa afirmación y aseguran que, al menos por ahora, no hay nada que indique -a partir de pruebas científicas- que existe un tope para la máxima edad que podrían alcanzar los seres humanos. La controversia ha desatado un debate entre estudiosos de la demografía, biólogos, genetistas y políticos, e incluso hay científicos que afirman que la vida humana podría, incluso, superar a las anteriores predicciones.

Entre éstos últimos se encuentra el danés Maarten Rozing, del Centro de Envejecimiento Saludable de la Universidad de Copenhague, quien observó que los conocimientos sobre la biología del envejecimiento que se tienen en la actualidad se aleja firmemente de la idea de que el final de la vida esté genéticamente programado, en este caso a los 115 años.  Según Rozing, la biología del envejecimiento indica que no hay un final de vida genéticamente programado, lo que sugiere que la longevidad humana es más flexible de lo que se pensaba anteriormente. El experto pone en duda la interpretación de los estudios que afirman que la longevidad máxima ha alcanzado un tope, argumentando que estos trabajos han cometido errores estadísticos al inferir que hay un límite inamovible. En cambio, él y otros investigadores creen que hay una fuerte posibilidad de que la longevidad máxima continúe aumentando, apoyándose en el hecho de que la esperanza de vida ha aumentado significativamente en el último siglo.

Por su parte, el científico Jim Vaupel, especialista en envejecimiento del Instituto Max Planck de Investigación Demográfica de Alemania coincidió con su colega danés y sostuvo que "las evidencias no apuntan a ningún límite inminente". "En este momento, el balance de las pruebas indica que, si hay un límite, está por encima de los 120 años, quizá muy por arriba. Quizás el límite no exista", planteó. Desde esta perspectiva, algunos científicos especulan que en el año 2300 la persona viva de más edad podría llegar a los 150 años.

Pero más allá de todas estas especulaciones, lo cierto es que en estos días la mayoría de los países muestran una tendencia al envejecimiento de la población, un fenómeno que se combina con bajas tasas de natalidad. Esto hace que la proporción de jubilados sobre el total de trabajadores en actividad aumente todos los años, lo que pone contra las cuerdas incluso a los mejores sistemas de previsión. No es casual que, en la actualidad, en muchos países el debate sobre cómo financiar sistemas de jubilaciones y pensiones en un contexto de creciente proporción de jubilados frente a trabajadores activos, comience a ocupar un lugar cada vez más importante de la agenda pública.

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