La importancia vital de las economías regionales
Según el último informe de la Confederación Intercooperativa Agropecuaria (Coninagro), la organización que agrupa al sector cooperativo agrario, la situación de 12 de las 19 economías regionales del país muestra señales claras de deterioro. Este panorama pone de relieve los desafíos estructurales que aquejan a sectores clave en nuestra región como el de las producciones de algodón, la miel y la mandioca, cada uno con sus propias complejidades y dificultades.
Según el documento, titulado "Semáforo de Economías Regionales" y realizado por especialistas del área de Economía de Coninagro con cifras que surgen del análisis realizado durante el mes de mayo de 2024, la docena de sectores más afectados, entre los que se encuentran también la producción de peras y manzanas, papas, leche y yerba, sufren problemas de exceso de producción, baja demanda, costos elevados e incertidumbre. Solo dos economías, el arroz y las hortalizas, no muestran signos de alarma y representan "excepciones a la situación general".
En el caso del algodón, un cultivo de relevancia histórica y económica para nuestra región, el informe observa que, a pesar de haber registrado mejoras en la producción respecto a campañas anteriores, persisten problemas significativos en cuanto a la calidad, lo cual afecta su posicionamiento en el mercado. Los precios, en tanto, se mantienen notablemente por debajo de la inflación, dificultando la rentabilidad para los productores. Aunque las exportaciones han mostrado cierta reacción, no han sido suficientes para avizorar un escenario más optimista.
Por otro lado, la miel, enfrenta un panorama desalentador. Precios deprimidos, altos costos de producción y volúmenes de exportación insuficientes marcan una señal de alarma. A pesar de esfuerzos recientes por parte de la mesa apícola nacional, la situación no presenta mejoras sustanciales. En ese sentido, el informe subraya la necesidad de adoptar sin demoras medidas estructurales para revitalizar este sector clave.
En cuanto a la mandioca, por ejemplo, se advierte que la sobreoferta tanto a nivel nacional como internacional ha llevado a una caída significativa en los precios, empujando su indicador de desempeño económico. La competencia con países vecinos como Brasil y Paraguay complica aún más la ecuación para los productores argentinos, quienes se ven obligados a competir en un mercado global cada vez más exigente y volátil. Estos casos reflejan un patrón preocupante que se extiende a través de diversas economías regionales del país. La crisis se alimenta de múltiples factores: desde problemas estructurales como costos elevados y baja demanda, hasta desafíos externos como la competencia internacional y las fluctuaciones en los precios globales. La falta de políticas específicas y sostenidas para cada sector agrava la situación, dejando a los productores en un estado de vulnerabilidad crónica.
Es importante destacar que, a pesar de este panorama sombrío, existen excepciones. Sectores como el arroz y las hortalizas han logrado mantenerse en tonos más positivos, gracias a factores como precios estables, demanda resiliente y, en algunos casos, flexibilidad para adaptarse a cambios en el mercado. Es necesario adoptar medidas que promuevan la competitividad, la innovación y la diversificación productiva. Esto incluye desde incentivos fiscales y créditos accesibles para mejorar la infraestructura y la logística, hasta programas de apoyo específicos para cada sector que fortalezcan la capacidad de respuesta ante desafíos internos y externos.
No se debe olvidar que las economías regionales son fundamentales para el desarrollo económico del país. Se trata de sectores productivos, arraigados geográficamente, que aportan de manera significativa a las exportaciones y la creación de empleo a nivel local. Además, estos sectores están asociados a una estructura de pymes y cadenas de valor, lo que les confiere una importancia clave en la diversificación de la producción. Como se ha señalado ya en varias oportunidades, las economías regionales enfrentan desafíos como el aumento de costos internos y problemas de competitividad, que requieren políticas de apoyo y fortalecimiento. Por eso, es necesario invertir en infraestructura, financiamiento y tecnología para estos sectores, ya que son verdaderos motores que pueden potenciar el crecimiento económico del país.
Las economías regionales enfrentan una encrucijada que demanda acción inmediata y coordinada. La superación de esta coyuntura requerirá un esfuerzo conjunto entre el sector público y privado, así como una visión estratégica a largo plazo que asegure la sostenibilidad y el desarrollo equitativo de todas las regiones productivas del país.
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