"Hay que prepararse siempre para cuando surja una oportunidad"
Se llama Bilma Braidot y está a cargo de la confitería del aeropuerto internacional. Su servicio de catering le permitió ganarse la confianza de figuras de relevancia internacional.

La emprendedora de 81 años Bilma Braidot remarca a NORTE el valor de formarse y estudiar para desarrollar cualquier actividad. Nacida en una comunidad rural, es la cuarta de nueve hermanos, aprendió el oficio gastronómico en una escuela técnica donde rápidamente destacó; primero como docente y después al abrir un servicio de catering.
De esos primeros pasos recuerda que daba clases en Reconquista para alumnas de origen modesto, tanto que pedía donaciones de elemento de pastelería para que ellas no dejen de estudiar.
Primeros pasos
Bilma estaba casada y ya tenía a sus cuatro hijos cuando la esposa del intendente solía convocarla a cocinar algo especial para sus invitados y al ver lo logrado de su trabajo, le sugirió dedicarse a organizar eventos. "Le dije que para enseñar me animaba, pero para poner un servicio de fiestas no tenía ni la menor idea", sincera Bilma.
Poco después llegó el desafío del casamiento del hijo del intendente. Acudió con más dudas que certezas. "Era la primera vez que iba a cocinar para tanta gente; eran 150 personas y terminamos preparando comida para 300", cuenta. Poco después llegó el pedido para un segundo evento para un diputado de Reconquista. "Y desde ahí no paré", sincera.
De Reconquista a Resistencia
Bilma se mudó al Chaco en 1996. "Ya hecha", dice considerando que comenzó a trabajar en el rubro a partir de 1986 y diez años después ya tenía un local propio funcionando en Reconquista; ese emprendimiento hoy lo continúa su hijo.
Cuenta que un conocido que trabajaba en YPF y era de Reconquista, la recomendó ante autoridades del aeropuerto en un momento en otras personas dejaron de administrar el restorán.
A partir de acceder a la concesión de la confitería bar del aeropuerto internacional de Resistencia, además de atender a pasajeros también organizaba fiestas memorables.
Por ejemplo era habitual que las empresas organizaran su despedida de año, otros particulares contrataban sus servicios para celebraciones y bailes.

Una cultura distinta
Con altibajos, de cada etapa de la vida Bilma toma un aprendizaje y aconseja: "Falta incentivar que la gente pueda hacer más desde el lugar donde esté y que se prepare antes de que llegue una oportunidad para crecer".
De la niñez recuerda el trabajo de su padre y madre. "En el campo no teníamos nada y nos habían prestado un lugar, un rancho de barro con un piso de tierra. Se criaban ovejas, chanchos, chivos y no faltaba la comida porque mi mamá también tenía una huerta. Nunca voy a olvidar el sabor de esos tomates y de esas zanahorias", dice e invita "a la gente que tiene un terrenito" a generar su propia huerta.
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