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El drama que vive el Sur de Brasil

Fenómenos climáticos extremos como las lluvias intensas, el derretimiento de glaciares, las prolongadas sequías y el aumento de las temperaturas que se registran en distintas regiones del mundo no son parte del ciclo natural de la Tierra, sino el resultado de la actividad humana sobre los ecosistemas. Así lo afirman los científicos que, a instancias de la ONU, elaboraron un informe sobre el clima global.

Se trata de un trabajo que, si bien fue publicado el año pasado, vuelve a estar en el centro del debate debido a las dramáticas inundaciones que afectaron el Sur de Brasil y que, según datos de Defensa Civil del vecino país, dejó hasta ahora un saldo de más de 100 personas fallecidas. La agencia de noticias EFE informó que el Estado más afectado es Río Grande do Sul, fronterizo con Uruguay y Argentina. En esa región, las fuertes lluvias anegaron varias ciudades, entre ellas Porto Alegre, cuyo principal aeropuerto quedó con la pista principal bajo el agua. El presidente brasileño, Luiz Inácio "Lula" da Silva dijo que la tragedia climática es "un aviso para el mundo" y "una factura que le está pasando el planeta" a la humanidad. Por su parte, el gobernador de Río Grande do Sul, Eduardo Leite, aseguró que Brasil vive una de las peores tragedias climáticas de su historia. Expertos meteorológicos explican que la intensidad de las lluvias se debe a la combinación de factores, como un sistema de baja presión, un corredor de humedad desde la Amazonía y una ola de calor en otras regiones del país. Estos eventos extremos y su interconexión son señales del impacto del cambio climático que, según los especialistas, hacen que los fenómenos climáticos extremos sean más frecuentes. Por otra parte, aseguran que la modificación de la geografía amazónica para actividades como la agricultura y la ganadería es uno de los factores que contribuyen a estos desequilibrios climáticos.

Algunos estudiosos del clima recuerdan que en septiembre del año pasado una fuerte tormenta azotó a la ciudad costera de Darna, al Noreste de Libia, provocando inundaciones que dejaron un saldo de más de 5000 muertos. En esa oportunidad, cerca de 50 mm de agua caída en menos de 24 horas en una región que no superaba, en promedio, los 2 mm de lluvia durante el mes de septiembre, generó preocupación en los expertos. Un mes antes, en agosto y a miles de kilómetros de Libia, un temporal de precipitaciones y viento afectó a varias ciudades y localidades de Chile, entre ellas las regiones de Valparaíso y Biobío. El fenómeno se extendió desde el 18 al 23 de agosto del año pasado, provocando la crecida y desborde de ríos e inundaciones, que mostró un comportamiento y una intensidad poco frecuentes para esa región. Cabe recordar que América Latina se proyecta como una de las regiones del mundo donde los efectos del cambio climático serán más intensos, de manera que, para hacer frente a esa situación habrá que adoptar medidas para reducir los riesgos.

En un párrafo aparte merece destacarse el trabajo que viene realizando la Unidad de Emergencias y Alertas Tempranas de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae) que brinda imágenes de sus satélites Saocom sobre la zona afectada por las inundaciones en Brasil a la Carta Internacional El Espacio y Grandes Emergencias, que es un sistema unificado de datos espaciales a través de usuarios autorizados, para ayudar a mitigar los efectos generados por las catástrofes naturales o antropogénicas, en cualquier punto del planeta. La Carta Internacional proporciona imágenes satelitales elaboradas a los países que lo soliciten, para ayudar a las autoridades de gestión de desastres en la fase de respuesta y mitigación de una emergencia con importantes daños a la población y los bienes.

Según el Banco Mundial, el cambio climático afecta al ciclo del agua en las distintas regiones de nuestro país, con importantes consecuencias económicas. En un documento advierte que las inundaciones impactan en la infraestructura y en los activos, afectando a la población vulnerable y causando pérdidas importantes en el bienestar. Según el organismo internacional, las mayores pérdidas promedio de activos anuales a causa de las inundaciones se concentran en las regiones Noreste y Pampeana. Este nuevo escenario plantea un gran desafío a las gestiones locales que deberán ayudar a la población más vulnerable a adaptarse a los impactos del cambio climático.

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