La lucha contra el acoso escolar
Soledad, tristeza y miedo son los tres elementos que nutren al acoso escolar. Así lo advierten desde la organización Bullying sin Fronteras a la hora de definir una práctica que afecta a millones de niños y adolescentes en todo el mundo. Según la Unesco, el problema está presente en todos los países, donde un número importante de niños, niñas y adolescentes se enfrentan a la violencia en la escuela y al acoso, incluido el ciberacoso, lo que repercute en su salud, bienestar y educación.
En el año 2013, por iniciativa de la organización no gubernamental Bullyng sin Fronteras, el 2 de mayo fue establecido como el Día Mundial contra el Bullying con el objetivo de generar conciencia en las comunidades sobre este grave problema y trabajar en la aplicación de medidas que permitan reducir los riesgos y evitar la violencia en las aulas. En la actualidad, en la mayoría de los ámbitos escolares existen protocolos de actuación para dar respuesta a los casos que se presenten. Se estima que en nuestro país siete de cada diez niños y adolescentes padecen este tipo de situaciones que se presenta como un hostigamiento y que se manifiesta a través de burlas, apodos, ridiculización y crueldad. En algunos casos, incluso, puede llegar a graves agresiones.
En los últimos años, con el incremento del número de usuarios menores en Internet y las redes sociales, este tipo de ataques se han trasladado al mundo virtual. Bajo la forma de violencia digital, denominada también ciberbullying, se esconden prácticas de acoso, exclusión y manipulación, tanto en plataformas digitales como en redes sociales. El objetivo es siempre el mismo: denigrar y humillar a la víctima. Es el acoso escolar a través de correos electrónicos, mensajería instantánea, redes sociales, mensajes de texto o imágenes digitales enviadas a través de teléfonos móviles. Ocurre con frecuencia que los adultos no prestan suficiente atención o subestiman el pedido de ayuda de las víctimas cuando denuncian actitudes de acoso en el aula por parte de sus compañeros. En estos casos, lo que se debe hacer es promover espacios de diálogo para escuchar a los adolescentes que presentan síntomas de ansiedad, malestar físico o baja autoestima, ya que estos pueden ser señales de algunas de las situaciones de acoso y de violencia escolar. Especialistas en la temática observan que se trata de un fenómeno que está presente en muchas aulas y por esa razón la tarea de prevención debe involucrar al conjunto de la comunidad educativa, incluyendo a padres, maestros y estudiantes. Es fundamental que en el ámbito escolar se promueva el respeto a las normas de convivencia y, al mismo tiempo, se fortalezcan los vínculos entre la escuela y la familia. Se debe tener siempre presente que el ámbito escolar debe ser un espacio de inclusión. Un documento publicado por Unicef señala que a medida que las dinámicas sociales han ido cambiando a lo largo del tiempo y debido al auge y uso de las tecnologías de la información y de la comunicación, como Internet o los teléfonos móviles, los niños y los adolescentes están cada vez más expuestos a nuevas formas de acoso escolar. La familia y la escuela son los agentes socializadores más importantes que tiene una comunidad. De ahí la necesidad de que todos los adultos que participen en la formación de los niños y adolescentes eduquen en el respeto hacia las otras personas, como una forma de mejorar las relaciones tanto dentro de la escuela como fuera de ella. Es importante reflexionar sobre el lugar que ocupa cada uno y la función que cumple la institución educativa y también el rol del entorno familiar en la prevención del problema.
Cuando se está frente a una sospecha de una situación de acoso escolar se debe intervenir y evaluar cada caso en particular y, si es necesario, adoptar medidas para detener las conductas de hostigamiento. No se debe dejar pasar el tiempo o continuar con las actividades como si nada hubiera pasado, ya que eso puede resultar muy perjudicial para las víctimas. Para hacer más efectiva la lucha contra este problema, la comunidad educativa debe estar atenta a cualquier señal de acoso escolar y contar con un protocolo de actuación, además de establecer pautas de disciplina.










