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Experiencia y pericia

La experiencia, es decir, la práctica prolongada que brinda la posibilidad de acumular conocimientos para realizar bien una tarea es una condición indispensable en casi todas las actividades. Para hacer referencia a esa ventaja, nuestro idioma ofrece otro término alternativo -pericia- que está asociado a la habilidad de una persona para llevar adelante un trabajo con éxito. 

Se puede afirmar que, en este asunto, en la antigua Roma el tema estaba claro. Allí aprendieron que no se podía dejar las cosas más importantes en manos de aprendices. Fue por eso que quienes aspiraban a desempeñar las más altas responsabilidades políticas debían completar la denominada "carrera de honores" (cursus honorum). Es lo que hoy se conoce comúnmente como carrera política y que al parecer cayó en desgracia por el desprestigio, justificado o no, del trabajo político en un país que vive de crisis en crisis. Pero confundir un oficio, una profesión o el desempeño de una actividad con los individuos que la ejercen es un error. No sería sensato responsabilizar a la medicina en general por la mala praxis de un cirujano.

Dialogar con dirigentes de la oposición, con los gobernadores de las provincias y con los representantes de los distintos poderes del Estado exige, ante todo, predisposición y voluntad de llegar a acuerdos. Tareas extremadamente complejas como bajar la inflación e implementar un duro ajuste para estabilizar la economía requieren de mucho diálogo y una amplia base de consensos. Actores de peso en el escenario global, insospechados de ser opositores a la gestión del actual gobierno nacional, como el Fondo Monetario Internacional y el Tesoro de los Estados Unidos coincidieron en hacer esa misma observación al Ejecutivo nacional y en pedir que se proteja a los sectores más vulnerables de la población. Tal vez sospechan que la falta de experiencia y pericia de la actual administración nacional en el terreno de las negociaciones políticas (a la luz de los continuos ataques del Ejecutivo nacional al Congreso) haga fracasar el declamado intento por hacer que, esta vez, el país se ponga en marcha.

En buen romance, lo que la representante del FMI, Gita Gopinath, y la secretaria del Tesoro de Estados Unidos, Janet Yellen, recordaron cada una por su lado al gobierno nacional es que el tremendo plan de ajuste ultraortodoxo que lleva adelante no puede funcionar sin sustentabilidad política y acuerdos de gobernabilidad, dos cuestiones que cualquier veterano de la política que completó el "cursus honorum" sabe perfectamente. El problema es que transitar esa carrera demanda décadas y el joven presidente de la Nación, Javier Milei, llegó a la Casa Rosada después de apenas dos años como diputado de la Nación por la Ciudad de Buenos Aires.

Los historiadores explican que el cursus honorum que idearon los romanos no fue un capricho de unos pocos iluminados, sino que fue el resultado de un largo proceso de búsqueda de una mejor organización de la sociedad. Estaba diseñado para que los funcionarios públicos adquirieran experiencia en forma gradual en las distintas responsabilidades de gobierno. Por ejemplo, formar parte del Senado era uno de los mayores honores a los que un romano podía aspirar y el cargo de cónsul era el más importante de la carrera ordinaria, lo que hoy sería equivalente a un jefe de Estado.

Los docentes de las carreras de Ciencias Políticas, con frecuencia, citan como ejemplo del político con experiencia y pericia el caso del senador republicano Thaddeus Stevens, un hombre extremadamente hábil para las negociaciones con sus pares, que en 1863 desempeñó un rol clave en el proceso que llevó a la abolición de la esclavitud en Estados Unidos y en los debates que tuvieron lugar en la Cámara de Representantes de ese país para aprobar la 13ra Enmienda. Aseguran que Stevens (una figura que en la narrativa oficial de la Argentina actual sería un claro exponente de "casta política") fue el principal artífice en las negociaciones para que el presidente Abraham Lincoln lograra avanzar con su Proclama de Emancipación que, en un hecho histórico, cambió el estatus legal de más de 3,5 millones de esclavos afroamericanos. Ejemplos similares, de figuras que apostaron al diálogo antes que a la confrontación, sobran en la historia de las democracias modernas. Es que en la toma de decisiones políticas en coyunturas muy complejas y difíciles no hay mucho margen y es el principio de realidad el que, al fin y al cabo, siempre termina sumando una buena dosis de racionalidad al ejercicio del poder.

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