Desperdicio de alimentos
Se estima que aproximadamente un tercio de los alimentos producidos en todo el mundo se desperdician en el camino que va desde el productor hasta el consumidor. En nuestro país el problema también está presente: alrededor de 16 millones toneladas de alimentos se pierden cada año. Eso representa el 12,5% de la producción agroalimentaria argentina.
Los datos de la pérdida de alimentos en la Argentina surgen de un estudio realizado por la Dirección de Agroalimentos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, en Argentina. Las cifras globales, en tanto, corresponden a la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que considera que los esfuerzos para reducir el desperdicio de alimentos pueden contribuir a mejorar la seguridad alimentaria.
En nuestro país, la suba generalizada de precios de los productos de la canasta básica y la fuerte devaluación de la moneda golpearon con dureza los bolsillos y la capacidad de compra de una amplia franja de clase media y, por supuesto, de los grupos más vulnerables de la población. Según el último informe del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina, la población en situación de indigencia pasó del 9,6% en el tercer trimestre de 2023 al 14,2% en diciembre de 2023 y al 15% en enero de 2024. Y el nivel de pobreza subió del 44,7% observado en el tercer trimestre de 2023 al 49,5% en diciembre y al 57,4% en enero. El documento de la UCA, titulado "Estimación de los efectos del impacto Inflacionario posdevaluación", estima que en todo el país hay casi 27 millones de personas pobres, de los cuales 7 millones son indigentes.
Entre las múltiples iniciativas que desde la sociedad civil se impulsan para erradicar el hambre y la malnutrición en todo el país existe la Red de Bancos de Alimentos en Argentina. Creada en 2003, la red se propone "favorecer alianzas estratégicas que contribuyan a la construcción de una Argentina bien nutrida y sin hambre". En todo el año pasado recuperó y entregó más de 15 millones de kilos de alimentos. Los voluntarios que trabajan para la red se encargan de rescatar alimentos aptos para el consumo humano, los almacenan, clasifican y distribuyen, de manera trazable y segura, entre entidades de ayuda comunitaria en todo el territorio nacional. El objetivo de la red es dar un valor social a aquellos alimentos que perdieron su valor comercial, evitando su desperdicio y posterior contaminación al ambiente y haciendo que lleguen a las personas que más lo necesitan. La difícil coyuntura que atraviesa la mayor parte de la población del país obliga a sumar esfuerzos y colaborar con quienes trabajan para evitar el desperdicio de alimentos para lograr que en lugar de ser descartados lleguen a los hogares más vulnerables y a las personas que más lo necesitan. Por otra parte, hay que tener en cuenta que un alimento que se desperdicia significa que también se pierden los recursos que se utilizaron para su producción, como el agua, la tierra, la energía, la mano de obra y el capital que se invirtieron para obtener ese producto.
En todo el país funcionan 18 Bancos de Alimentos que cuentan con la ayuda y el compromiso de grupos de empresas, transportistas y productores agropecuarios que aportan cada uno lo suyo para colaborar con la nutrición de los sectores más vulnerables de la población. La tarea de los Bancos de Alimentos consiste, como se dijo, en rescatar productos excedentes de la industria alimenticia, las cadenas de supermercados o productores frutihortícolas. Lo hacen a partir de pedidos de donaciones de productos aptos para el consumo que por distintos motivos fueron sacados de circulación o perdieron valor comercial. Una vez que reciben los alimentos donados, los clasifican con ayuda de voluntarios, los almacenan en depósitos y, por último, lo distribuyen entre organizaciones sociales. Los donantes son grandes, pequeñas y medianas empresas de la industria alimenticia, supermercados y productores de frutas y verduras que donan alimentos por varios motivos: por tener excedentes de producción, o porque se trata de productos que tienen una vida útil muy corta, o bien tienen un embalaje o etiquetado defectuoso.
La comunidad debe apoyar a quienes trabajan para lograr un mejor aprovechamiento de los alimentos con el fin de combatir la malnutrición y el hambre en estos momentos difíciles que atraviesa el país.










