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Consensos precarios

"La existencia de consensos precarios es la regla y no la excepción en el sistema de gobernabilidad en Argentina. Los gobiernos asumen y consumen rápidamente el capital político inicial. Iniciando luego etapas de auténtica agonía política, donde todo se hace más difícil y cuesta arriba". Así lo señala el reciente informe de la consultora Zuban Córdoba que, en base a sondeos realizados hace pocos días en todo el país, revela que un 58% está en desacuerdo con la idea de que el ajuste que impulsa el gobierno nacional lo paguen las provincias.

El informe explica que, en los últimos años, tanto durante el gobierno de Alberto Fernández como con el de Mauricio Macri, se observaron "procesos de aceptación social sobre las gestiones en general o sobre medidas en particular que suelen ser efímeros y acotados en el tiempo". Sin embargo, advierte el trabajo de la consultora, "los gobiernos actúan siempre como si esos consensos fuesen eternos o permanentes y abusan de ellos hasta desgastarlos, generando procesos agravados de colapsos de la confianza o credibilidad pública, que terminan luego afectando seriamente el resto de sus mandatos". En ese sentido, cita como ejemplo el caso la gestión de Alberto Fernández que pasó, en pocos meses, de una imagen positiva en torno al 80% a una caída de la que nunca se logró recuperar.

El análisis remarca que es probable que el camino de confrontación con los distritos provinciales elegido por el presidente Milei sea "uno de los errores políticos más costosos" para el gobierno nacional. "La inmensa mayoría de los gobernadores en Argentina cuentan con grandes márgenes de imagen positiva en sus territorios. La legitimidad que tienen los gobiernos provinciales suele superar en creces a la legitimidad de las gestiones nacionales. Pensar que es buena idea confrontar con esas figuras, poniéndolas en la misma categoría de ‘casta’ que sirvió para confrontar con figuras nacionales mucho más desgastadas, es una maniobra peligrosa que puede poner al gobierno en una situación de debilidad inédita y les da a los gobernadores un halo de guerreros en defensa de sus provincias", agrega el documento.

Según el sondeo en el que se basa el análisis, solo un 34% de las personas que respondieron la encuesta está de acuerdo con la idea de aprobar sin más trámite el contenido de la ley ómnibus enviada por el gobierno de Milei al Congreso. Por otra parte, advierte el informe, si se suma el 17,5% de quienes afirman que diputados y senadores deberían ponerle límites a Milei con el 46,7% de quienes piden rechazar la ley, se tiene como resultado que más de un 64% de personas se oponen a la aprobación de esa norma.

Si las encuestas son, de alguna manera, el termómetro de la opinión pública, el mencionado trabajo muestra que el clima está cambiando: el 54,4% de los consultados cree que el rumbo que tomó el país es incorrecto, mientras que un 42,3% considera que va por el camino elegido es el mejor. Ante la consulta por la aprobación o desaprobación de la gestión nacional, se observa que un 52,8% desaprueba totalmente la gestión del gobierno libertario, un 32,6% apruebe totalmente, un 9,5% aprueba algo y un 1,1% desaprueba algo.

Mientras tanto, el gobierno nacional asegura estar preparado para dar un salto más y avanzar con mayores recortes para llegar al objetivo de déficit cero. Sin embargo, la experiencia enseña que en el mundo de la política no todo es lineal. Así lo demuestra la marcha atrás que significó la eliminación del capítulo fiscal de la ley ómnibus. Si existe voluntad de generar transformaciones de fondo para la Argentina, entonces se debe tener presente que la gobernabilidad, como observa el informe de Zuban Córdoba, se apoya en acuerdos precarios. Habrá que tener una mayor predisposición al diálogo que es una condición necesaria para poner en marcha los procesos de cambio que el país requiere. Se debe trabajar en el fortalecimiento de los vínculos de confianza y dejar a un lado la retórica de la confrontación para dar paso al debate de ideas. No se trata de negar la existencia del conflicto como algo inherente a la vida en sociedad, sino de reconocer que la difícil situación que atraviesa buena parte de la población obliga a apostar más al diálogo y a la construcción de los acuerdos básicos que la mayoría reclama.

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